12/6/06

En memoria de Alexis Benhumea



Yo no lo conocí. Pero su muerte me ha impactado de una manera brutal. Tenía la misma edad que yo. Los mismos ideales. Luchaba por un sueño similar al mío: un mundo más justo, más libre, más tolerante. Y murió, asesinado por el gobierno. No puedo contener mi rabia, ni mi indignación. No puedo dejar de pensar en su inconclusa vida, en su prematura muerte, en que jamás verá cómo seguiremos luchando por ese mundo que soñó, y que muchos soñamos, por el que tantos luchamos. Pero su muerte no será en vano. La lucha continúa... No descansaremos... Hasta morir si es preciso.

[. . .]
¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores.
Dejemos al menos cantos.
Nezahualcóyotl
(1402-1472)

[. . .]

7 de Junio del 2006.

A la familia de Ollin Alexis Benhumea Hernández:

Compañera, compañero:

A media mañana nos avisaron. Supimos entonces que, después de enfrentarse a la empecinada trinchera que la fortaleza de Alexis le opuso por más de un mes, el asesinato iniciado la madrugada del 4 de mayo se había consumado.

El gobierno mexicano asesinó a un joven. Ollin Alexis, su nombre; de apellidos Benhumea Hernández. Más de 30 días tardó en matarle la vida. Por obra de la muerte con la que el gobierno mata, moría de madrugada este joven compañero.

Cuando el sistema cobra su cuenta cruel en la vida de un joven como Ollin Alexis, la muerte aparece como una absurda interrupción, como un sinsentido encajado en mitad del camino, cortándolo irremediablemente.

Dos décadas de vida inconclusa, arrancadas por una granada… de un arma… de un policía… de un gobierno… de un sistema.

Apenas unas horas antes, entre quienes allá arriba se atropellan para hacerse del botín de nuestra Patria, uno había prometido el mortal destino de Alexis a todos los jóvenes de México,… y mejores sueldos y coartadas para los asesinos.

Otro olvidó refrendar el aplauso entusiasta que otorgó cuando todavía en las calles de Atenco corría la sangre fresca, y Alexis agonizaba sin poder recibir la atención médica que le hubiera salvado la vida.

Uno más ratificó el silencio cómplice.

Y allá arriba apenas balbucean algunas torpezas y dicen que debaten ideas.

- “Después de todo - piensan allá en lo alto - “¿a quien le importa un joven de abajo y a la izquierda?” -.

Y respondemos:

A nosotras, a nosotros.

A nosotros, a nosotras nos importa.

Nos importa su muerte y nos importa su vida.

Y, con cuidado, doliendo, de su muerte tomamos nota en la larga cuenta de los pendientes que habremos de cobrar algún día. De su vida y de su posición política sumamos a la decisión que hemos asumido.

El gobierno mexicano mató a Ollin Alexis. Empezó a matarlo la madrugada del 4 de mayo del 2006 y terminó de asesinarlo el 7 de junio del mismo año.

Lo asesinó porque le tenía miedo. Porque su presencia solidaria en San Salvador Atenco, el 4 de mayo del 2006, ponía en riesgo la legalidad, las instituciones, las inversiones extranjeras, el “Estado de Derecho”, las buenas costumbres, la tranquilidad, la paz y la estabilidad. Ollin Alexis Benhumea Hernández, estudiante de la UNAM, era una amenaza y por eso lo eliminaron. Su juventud era un peligro. Ahora los mercados de valores y el flujo de inversiones y las campañas electorales y el gobierno de Fox y el del Estado de México y el de Texcoco y el PAN y el PRI y el PRD pueden estar tranquilos porque Ollin Alexis está muerto. Quienes lo asesinaron reciben condecoraciones, premios, felicitaciones.

“¡Orden! ¡Mano dura!”, ladraron los dueños de todo, y los perros de caza obedecieron.

A esto le temían y esto matan: 20 años de fresca existencia, un universitario estudiando dos carreras profesionales simultáneas (economía y matemáticas), un artista con 10 años de estudio de danza, una pasión por la historia y por el compromiso con los de abajo, un otro joven de la Otra.

Ahí está la imagen de Ollin Alexis en tierras zapatistas: de pie, erguido, joven, detrás del Comandante Gustavo (¿en una de las reuniones preparatorias de la Otra?), cuidando, mirando, aprendiendo, con nosotros.

Desconocido para muchos, Ollin Alexis adquiere ahora nombre y rostro por la brutalidad de quien no sabe gobernar como no sea intimidando, reprimiendo, violando, encarcelando, asesinando.

Esto, la muerte matada para los jóvenes, es lo que ofrece este gobierno.

Y ahora aprendemos a conjugar su nombre en la muerte, cuando queríamos y queremos en la vida nombrarlo.

Una otra joven, condiscípula de Alexis y de tod@s quienes estamos en la gran escuela de la Otra, le escribió hace unos días con la esperanza de que se recuperara y volviera a la lucha en un mundo donde la vida es injusta. “De nosotros va que deje de ser así”, escribió ella en la carta.

Es cierto que Alexis ya no podrá leer esas líneas, pero también es cierto que es de muchas y muchos el compromiso que reflejan esas líneas:

Que Alexis no repose solo en la noche, que no solo lo encuentre la oscuridad de la tierra.

Que la voz colectiva que, con él, estamos construyendo para atravesar el silencio, plante el relámpago que, como árbol de luz, hiera de muerte a las tinieblas.

Sí, de nosotr@s va… que el viento de abajo se levante, crezca, avance.

Compañera, compañero:

¿Qué podemos decirles a ustedes, quienes lo conocieron de toda su vida, a quienes duele su muerte como a nadie más?

¿Que nos hará falta? Lo hará, pero nunca como a ustedes.

Alexis ya no estará con ustedes pero estaremos nosotros, nosotras, la Otra que somos.

Según nuestro modo, que Alexis no esté solo es también, y sobre todo, que ustedes no estén solos.

Por eso les pido que acepten el abrazo que, en colectivo, los zapatistas les damos, que reciban el saludo de nuestro silencio como lo que es, es decir, dolor y rabia compartidos.

Con esa indignación levantemos juntos la mirada hacia los que arriba nos matan con la matada muerte, con el desprecio y con el olvido. De pie desafiémoslos y digamos:

“¿Qué puedes tú, maldito, contra el aire?
¿Qué puedes tú, maldito, contra todo
lo que florece y surge y calla y mira,
y me espera y te juzga?

(Pablo Neruda. Canto General).

Con la vida, con la dignidad, con la memoria, levantémonos, desafiémoslos. No tendrán ni paz ni tranquilidad.

Vale. Salud y rabia que pare mañanas.

Desde la otra Ciudad de México.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Junio del 2006.

10/6/06

Demasiadas ilusiones



Lo sabía. Sabía que me estaba precipitando. Yo creí que podría mantener mis sentimientos en un tanque, para que no se desbordaran y sacaran todo de control. Yo creí que aún no me había lanzado al abismo. Pensé que lo tenía todo en mis manos. Pero al parecer, el amor me ha declarado la guerra, por las acusaciones tan fuertes que hice sobre él, y está dispuesto a no darme paz ni tregua.

No debí reconocer lo que sentía. Ese fue mi gran error. Debí continuar ocultándome en las sombras, debí permanecer como espectador. Pero no. Un impulso, de esos que no puedo reprimir nunca, me hizo hablar con la verdad y decirle. Decirle que yo podía hacerla feliz. Decirle que yo estaba dispuesto a eliminar mis miedos, mis barreras, mis angustias, si ella decidía correr el riesgo.
Sé que no era el momento indicado. "Quizá estoy cometiendo un grave error", le dije.
Y ahora cómo, cómo podré seguir entablando esas conversaciones, si desde hace días las veía como un siguiente paso. Cómo podré seguir hablándole del amor, de la fragilidad de la vida, de mis sueños y de mis planes, si ella me ha arrebatado con crueldad involuntaria la breve esperanza que le robé.
Cómo se regresa la lluvia para las nubes, una vez que ha empezado a llover. Cómo se regresa el suicida al borde del abismo, si está ya en plena caída libre. Cómo se devuelve el agua al tanque, cuando ya causó tantos estragos el desbordamiento...
Pero, no sé si esto sea más crueldad o qué cosa, no me ha arrebatado toda la esperanza. Me ha vuelto a decir "que mañana pase lo que tenga que pasar". Mi enorme inseguridad me hace creer que me engaña, que ella sabe bien qué pasará mañana: nada. Por otro lado, algo me dice que no hay que desalentarse. Que hay que confiar. ¿Puedo quedarme esperando toda la vida? Cuando se tiene conciencia de la muerte, la vida parece demasiado corta como para esperar, porque se vive del presente.
¿Me permitiré amarla, en silencio y sin que ella deba corresponder? ¿O me desharé, si puedo, del sentimiento que se expande dentro de mí como un virus arrasador? Son dos caminos muy claros: o tumbo todas mis barreras y dejo que el amor entre, o añado una nueva a las ya existentes (hablo de las barreras), y le vuelvo a cerrar el paso a ese cruel, despiadado, y espeluznante sentimiento.

No cabe duda. Necesito salir de aquí un tiempo... ya falta poco. 6 días...

"I'm a happy dreamer... I believe in love..."

7/6/06

Esa piel tuya (+nota preliminar)



(Nota preliminar):
Los poemas, yo lo sé mejor que nadie, no son lo mío. Pero hoy me siento romántico. No debería, sé que me precipito... pero no puedo evitarlo. Así es esto.

Que le inventen otro nombre a nuestra blanca luna,
que renazca el sol de entre todas las nubes nuevas,
y vayan contando las estrellas de una en una
el breve rumor de nuestro encuentro cuando llueva.

Olvidado y ciego en esta profunda penumbra
protejo con recelo el eco suave de tu voz,
que se va abriendo paso y sólo tu rostro alumbra,
y va sacándome el alma con lentitud atroz.

Tengo ganas de pintar tu sombra con mis dedos,
y elaborar un verso que me sirva de puente,
pero al despertarme yo, se despiertan mis miedos.

Tengo miedo de entrar en el mundo en el que vives,
pues el corazón se imagina que lo que siente,
cuando lo esté sintiendo esa piel tuya, lo esquives.

29/5/06

Confesión de un coprófago


Dice mi madre que toda la vida he sido un maldito grosero, y que así nunca voy a llegar lejos, que pasaré el resto de mis días con el sueldo miserable que tengo, que nunca podré mantener una familia y que, a pesar de ser “tan guapo”, moriré solo y amargado en un departamento pestilente. Sin embargo, mi intención nunca ha sido ser grosero. Yo sólo digo lo que creo. Además, ¿qué esperaba este cliente hijo de puta? ¿Que me pusiera a aprobar todo lo que decía como si me creyera sus mentiras? ¿Que podía llegar al local como si nada, a preguntarme por quién voy a votar, y a tratar de convencerme de que su candidato puede salvar al país de la ruina a la que ya está condenado? Mire, le dije, no me venga con chingaderas, la política es el arte de no decir la verdad entera, y le empecé a dar un sermón tan florido sobre los candidatos, que me sorprendí de los tantos adjetivos descalificativos que sabía. El sujeto dejó el periódico en el mostrador, muy enfadado, iracundo, diría yo, y me dijo, así nada más, “Come mierda”.

Eso me puso a pensar. Nadie nunca me lo había dicho de esa forma, tan seria, tan repleta del auténtico deseo de que yo fuese a un excusado tapado y hundiera la cara en él, aspirando como desquiciado las heces acumuladas. Lo vi alejarse, pensé en preguntarle, ¿le gustaría verme? Pero me contuve. Seré muy grosero, como dice mi madre, pero aún converso un poco, sólo un poco, de pudor. Y no es que sea gay, o bueno, no sé, pero me da igual que quien me observe sea hombre o mujer. Nunca he sido selectivo en ese aspecto.

Sé que suena raro, pero jamás fui el hombre más normal del mundo. Insisto: son más raros los que aceptan mis propuestas. ¡Se ven tan cómicos! Desnudos, en cuclillas en un rincón, pujando hasta que expulsan un par de cerotes. Una o dos veces me dejaron que los limpiara con mi lengua, me parecía un desperdicio, la verdad; los demás decían que les daba asco, pero yo sé que no, sólo tenían miedo de descubrir que, como yo, eran unos pervertidos. Yo nunca los obligué a mirar, sólo les pedía que cagaran frente a mí. Hasta ahora, ninguno ha querido hacerlo en mi boca, esa es mi única fantasía incumplida, pero algo es algo, debo conformarme. La única condición era: yo te cumplo tu fantasía, y tú la mía. Sólo no he aceptado hacerlo con un anciano, me parece repugnante. Pero me desvío…

Decía que mis parejas cagaban y se apartaban lo más que podían de mí. Repito, nunca los obligué a mirar, y muchos decían “no quiero ver”, pero mientras yo me moría del placer atragantándome de mierda, volteaba de reojo y los descubría mirándome horrorizados. Eso, por alguna razón, me excitaba aún más. Y si vomitaban era la gloria. Alguna vez pensé en beberme el vómito, pero el olor es asqueroso, no conseguí que atravesara mi garganta. Algunos, mujeres en su mayoría, comenzaban a llorar, se vestían y se iban. ¿Qué pasaría por sus cabezas? ¿Remordimiento por prestarse a prácticas tan poco ortodoxas? ¿Deseos reprimidos que afloraban al mirarme? Qué sé yo, y no me importa. Yo me quedaba a gatas, en un orgasmo que se extendía hasta quitar con mi lengua el último pegoste de mierda embarrado en el suelo… Lo saboreaba, y me dejaba caer, satisfecho.

No, jamás me he comido mi propia caca. No sé, no me llama la atención. Sólo me gusta la de otros. Y es por eso, y no por otra cosa, que conseguí este empleo en la central de autobuses. Porque ya no soy el jovencito guapo que mi madre conserva en su deteriorada memoria. Me voy poniendo viejo, arrugado, panzón, y no puedo conseguir tantas parejas como antes, mucho menos que se presten a hacer lo que en verdad me atrae del sexo. Todo lo demás me parece tan típico y aburrido. Y eso que he probado de todo… Bien, me desvió de nuevo.

Decía que aquí en la central, el servicio de baños es pésimo, y los enfermos del estómago son bastantes. Todos los días hay, al menos, dos excusados tapados, rebosando una mierda espesa y pastosa, de una consistencia incomparable. De noche, al cerrar el local, me voy como si nada al baño, y me doy mi banquete de placer.

(FIN)

[De la serie "Perversiones"]

25/5/06

Déjame solo (republicado + nota aclaratoria)



Llévate una hoja en blanco

y dibuja tu contorno en ella.
Llévate un beso, un abrazo,
llévate mi sonrisa y mi estrella.

Abre el baúl de mi pecho,
y llévate lo que haya dentro,
llévate nuestras fotografías,
llévate todos nuestros recuerdos.

Llévate una sábana vieja,
llévate mi pluma y mis libretas,
llévate una ventana sin vidrios,
llévate la puerta que rechina,
y la lámpara de mesa, y la silla,
y el plato en el que ceno cada noche,
y el colchón en el que sueño con tu rostro.

Llévatelo todo, no dejes nada,
déjame sólo una mirada,
y todo lo demás, llévatelo.

(nota aclaratoria):
Me dijo, "jamás imaginé que algún dirías eso". Pero lo dije, y lo sostengo. No creo más en el amor. Al menos, no de momento. Después de la persona a quien le dediqué este poema, y a la amargura que me provocó su desamor, mis intentos por querer y ser querido han venido fracasando uno por uno. Por distintos motivos. En ocasiones, las imágenes que me formaba de mis objetos de amor se encontraban tan alejadas de la realidad que el desencanto era trágico. Otras veces, el miedo al fracaso me envolvía en escudos tan gruesos que ni yo mismo era capaz de atravesarlos. También sucedía que confundía unos ojos bonitos con una mirada tierna, y una voz simpática resultaba ser un alma despiadada. Digo que no creo más en el amor, pero tal vez será que, después de tanto tiempo, he olvidado cómo amar. Cómo entregarme sin poner obstáculos, cómo enfrentar mis temores y mis traumas, cómo deshacerme de los fantasmas del pasado.
Pero, eso sí, he dejado atrás aquel romanticismo exagerado de la adolescencia, cuando profesaba que el amor era la fuerza que movía al mundo. Para nuestra desgracia, la fuerza que mueve al mundo no es el amor, sino el poder, como dice un amigo, y la ambición a éste.
Tal vez sea muy temprano para afirmar que jamás de los jamases volveré a enamorarme. Mi naturaleza es romántica, lo acepte o no. Lo que sí sé es que, si paso así diez años más, cuando cumpla treinta, me empezará a dar miedo quedarme solo. Porque (maldita sea), nací humano, y como tal, le temo a la soledad. Más de lo que me gustaría.