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4/1/12

Cargar con todo

Para mí no es ninguna sorpresa. Desde que tengo memoria me he atormentado a mí mismo con una inverosímil e irracional nostalgia que no me deja descansar ni disfrutar de lo que tengo o de lo que tuve. Todo el tiempo es pensar en lo que dejé, en el tiempo que ha pasado, en los recuerdos que se esfuman como si fueran nubes en el cielo, arrastradas por la carretera interminable. Como si mi ser no terminara de luchar por todos los rincones que me faltan por conocer contra todos los lugares en los que he sido feliz. Quién lo diría, andar el mundo es más difícil de lo que te cuentan.

Me la paso haciendo planes que no sé si se concretarán, que la mayoría de las veces solo quedan en eso, porque ni una memoria, ni una añoranza de lo que pudo haber sido, ni para eso hay espacio en mi cabeza, solo para lo que ya fue, lo que se perdió en el vacío, el tiempo, los lugares, las personas que fuimos, los momentos con los seres queridos, la terrible certeza de que todos, alguna vez, habremos de abandonar este mundo, y entonces sí, ahí estará el reproche, el por qué no pasé más tiempo con fulano, por qué permití que la distancia nos separara, que el tiempo se nos escurriera por la borda.

Soy una de esas personas que lo único que desea es cargar con todo y con todos por el resto de su vida, pero que sabe que no lo logrará, así que se lamenta. Digo una de esas personas porque estoy seguro que hay más como yo sueltos por el mundo, queriéndolo todo al mismo tiempo. Irse, estudiar lejos, tener un trabajo decente, y al mismo tiempo quedarse, cuidar de los que uno quiere, o simplemente hacerles compañía, echarles una mano, prestarles un hombro, dedicarles una palabra o una lágrima. Conocer cosas nuevas y que las viejas no se terminen. Lo cierto es que si un sacrificio no importa, es porque no es un sacrificio.

No sé si algún día se me quitará esto, sospecho que no. Siempre seguiré añorando los días cálidos, impasibles en mi casa, cuando miraba por la ventana y se tejían esas historias en mi cabeza, las tardes dibujando mientras alguien me observaba y me decía Que bien dibujas, las calles con los amigos de la infancia, corriendo en bicicleta o jugando videojuegos, el calor de mi mamá abrazándome por la noche, cuando estaba enfermo, su mirada igual de tristona y nostálgica que la mía, la infancia de mis hermanos que duró tan poco y que todavía no concibo que se haya terminado. Y siempre se librará en mí esta lucha, porque quiero asegurar lo que viene, sin soltar lo que tuve, aunque sepa que ocupan el mismo lugar o que no puedo conservar ambas cosas.

Si hay un destino para mí, es ese. Cargar con todo. O al menos intentarlo, y sufrir porque no puedo.

11/4/05

comedor mudo

es la hora de comer en calle palomas #229, que es donde paso mis días y mis noches desde hace cuatro meses sin mayores variaciones. el platillo de hoy, tostadas, por supuesto de frijoles y queso porque mientras yo esté aquí, nadie de mi familia come carne, y no es que yo los haya sometido, ellos así lo prefieren por propia voluntad. mis hermanos están de buen humor, jugueteando como dos chiquillos. mi madre los anima, desde que llegué no ha mostrado su lado más cruel y despiadado, con la intención oculta de que al final, decida quedarme. pero no. nadie come en silencio. entre anécdotas y comentarios pueriles, cada quien termina su ración diaria de comida a las tres de la tarde. el silencio de los estómagos satisfechos es el ideal para anunciar, de una vez por todas, que las clases comienzan el 2 de mayo, y por tanto, debo irme una semana antes, porque aparte de buscar dónde quedarme, visitaré a lady blue en mexicali. dicho todo de corrido, la familia tardará un poco en captar la esencia de la noticia: me voy, los dejo por tercera vez, aunque ninguno de nosotros queramos, en el fondo sabíamos que este día llegaría, desde que volví aquella noche del miércoles 12 de enero cargado de equipaje, cuando mi padre, decepcionado, me recibió con un abrazo frío y distante, y mi madre con una enorme sonrisa de satisfacción, y mis hermanos con una euforia que conservan hasta hoy.

mi madre dirá: "y cuándo te irás", yo: "la semana entrante", ella: "por qué tan pronto", yo: "porque debo buscar dónde quedarme", ella: "no te quedarás con tu tío pepe", yo: "no, ni loco vuelvo con ellos", ella: "entonces no te vas", yo: "cómo que no me voy", ella: "no te vas, ni modo que te quedes solo", yo: "mi papá se irá en unos meses, no estaré solo", ella: "y qué tal que no se va", yo: "se irá, ya está decidido", ella: "yo también me iré", yo: "no es necesario, los niños no quieren, ma', no puedes obligarlos a irse", ella: "y entonces con quién vas a quedarte", yo: "pues rentaré un departamento", ella: "tendrás que ponerte a trabajar", yo: "ya sé", ella: "tendrás que cortarte el pelo", yo: "ya sé", ella: "tendrás que lavarte tu ropa, hacerte tu comida, llevar tus propias cuentas", yo: "ya sé, ya sé, ya sé, madre, no soy idiota", ella: "por qué no te quedas a estudiar aquí", yo: "porque ya comencé allá, y no quiero dejarlo a medias", ella: "no te vayas, hijo, quédate con nosotros", yo: "perdón, ma', tengo que irme".

se nos romperá el corazón a los dos. mis hermanos, mudos, presenciarán la escena y no tocarán el tema en los días subsecuentes. mi mamá había hecho planes ya para celebrar mi cumpleaños el mes siguiente, y yo se los habré echado a la basura así como así. pensarán que soy un egoísta... pero no estoy dispuesto a lidiar otra vez con el dilema eterno de "qué es lo mejor", mis balanzas están rotas, no puedo cuantificar ningún elemento. por primera vez en mucho tiempo, estoy haciendo lo que intuyo que es la mejor opción. no voy a llorar. seré solo un espectador más, un lector de un cuento ajeno que no sé a quién se le ocurrió, ni para qué fin, ni en qué terminará.

pero antes, antes de que todo esto pase, antes de que mi madre se encierre a llorar en el baño para que el eco de sus sollozos pueda llegar hasta mis oídos gracias a la resonancia especial de la casa, antes de que mi hermano comience a tratarme como un desconocido, y que mi hermana comience a mirarme como si mereciera mi compasión, antes de decir una sola palabra, me levantó de la mesa y me voy a mi cuarto. no me siento capaz de arruinarles su buen humor a todos juntos, de un solo golpe. trataré de aplazar el día de mi partida una semana más, para tener tiempo de despedirme de todos, otra vez. mientras, los dejaré que vivan felices en su ignorancia de que, llegado el plazo, me iré, a pesar de todo.

5/4/05

diálogo con richard #2

miré con tristeza cómo caían las últimas cenizas del cigarro. qué pronto se acabó.

-épale, tú... ¿por qué tan solito?
-mmmh... por nada, mi apá llevó a mis hermanos al cine, y mi amá se fue a trabajar... ya ves, me dejaron solo.
-¿y eso que no quisiste ir al cine?
-ve tú a saber... desde que tengo memoria, el cine es mi lugar preferido para matar el tiempo. creo que nada más no tenía ganas.
-eso ya no me sorprende. últimamente no tienes ganas de nada, ¿o me equivoco?
-¿...por qué lo dices?
-nomás mírate, aquí inhalando químicos venenosos, en vez de pasar una velada agradable con una fracción de tu familia... y no te olvides del fin de semana pasado, evadiendo a tus pocos amigos cuando te invitaban a divertirte un rato... estás irreconocible.
-es que no tengo ganas de verle la cara a mi apá... se llevó mi cámara, y estaba a punto de comenzar a grabar.
-no te quejes, ¿por qué no grabaste nada durante todo el tiempo que la tuviste? sólo aplazabas más y más las cosas... eres un fraude.
-¿a eso viniste nada más? ¿a joderme la noche?
-no, qué va... es que no puedes ver el lado positivo de las cosas, esto lo hago para que te sacudas la pereza, ¡date cuenta! te quedan pocos días aquí... y en lugar de aprovecharlos te encierras en tu casa a aburrirte, a torturarte con tu pobre vida... ya me estás hartando, cabrón...
-pues sí, lo dices todo como si tú supieras lo fácil que es dejar todo lo que te hace sentir seguro y largarte de tu ciudad arrastrando contigo a tu angustiada familia... mejor no hables.
-puros pretextos. ese no es motivo para masacrar lo poco que queda de tu humillada autoestima. bien sabes que tengo razón.
-quería estar solo... es todo.
-sí... esas son palabras de un amargado, ¿lo sabías?
-ya, lárgate, güey... me doy a dormir.
-órale pues... a ver si puedes.

de regreso en mi cuarto, me acuesto y miro al techo. no sé qué me pasa. quisiera haber ido al cine...

31/3/05

diálogo con richard

richard: hey, tengo una queja para ti.
virginio: ¿otra? a ver...
richard: he revisado tu blog, y me doy cuenta de que últimamente has escrito demasiadas "cosas" personales, como si a la gente realmente le interesara tu aburrida vida.
virginio: bueno, qué manía la tuya de usar los adverbios terminados en "mente" que me cagan de tan sólo oírlos... ¿pero qué más te da lo que escribo yo? no me alcanza la inspiración para más.
richard: sí, bueno, te escuchas patético. ¿dónde quedó el cuento diario que escribías antes?
virginio: no lo sé... creo que estaba muy deprimido para escribir más. además, los post personales tuvieron mucho éxito.
richard: no puedes pensar en nada más que en tu mugre egocentrismo barato... ¿no me digas que piensas ser escritor de autobiografías? al primer libro expirarías.
virginio: de un tiempo para acá te has vuelto más amargado... apenas te conozco.
richard: dímelo tú, que aprendiste a basar tu felicidad en un frágil recuerdo... pa-té-ti-co. ahora resultaste poeta.
virginio: o dejas de insultarme o aquí se acaba tu película, antes de comenzar.
richard: como si me interesara ser una estrella más de tu videoteca personal...
virginio: si seguimos así acabaremos mal... ya dime, ¿qué te pasó?
richard: no, dime tú: ¿qué te pasó?
virginio: ...
richard: lo sabía. siempre tengo razón.

29/3/05

teléfono

Carolina mira el reloj de la sala. Son las diez con veintitrés. Se retuerce un poco en el sillón. Busca el control remoto y la TV, como por arte de magia, enmudece al presionar un botón. Se divierte poniendo palabras en los labios silenciosos que se mueven, formando conversaciones incongruentes. Siente los párpados pesados. El timbre del teléfono la sobresalta. Piensa que sería bueno no contestar, para variar, fingirse la dormida y no tener que soportar al tipo inoportuno que tuvo la brillante idea de llamarla tan tarde. De un salto se levanta y descuelga.
-¿Bueno?
Sólo un ruido sordo del otro lado, pero ninguna voz responde. Carolina cuelga, y antesde que consiga volver a acomodarse en el sillón, el teléfono suena otra vez.
-¿Sí? ¿Bueno?
-...Em, hola, ¿con Carolina Fierro, por favor?
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-Tal vez no te acuerdes de mí. Soy un amigo de la infancia... Nos conocimos en un curso de computación de verano, estábamos en la secundaria, me decían el Chino...
-Lo siento, tengo mala memoria...
-Me lo imaginaba. Es obvio que yo a ti sí te recuerdo bien, me parecías una muchacha muy linda.
-Gracias, qué halago. Disculpa, pero estoy esperando una llamada importante, así que tengo que colgar.
-Claro, bueno, sólo quería saludarte.
-Sï, hasta luego...
-Me preguntaba si no me darías la oportunidad de encontrarnos un día de estos y tomar un café, ¿te parece?
-Me encantaría, pero mi novio es muy celoso, no soportaría que saliera con un extraño...
-¿Qué dices? Yo no soy ningún extraño, ya nos conocíamos, sólo que no te acuerdas de mí.
-Sí, de todas formas, a él no le agradaría... Gracias de todos modos...
-Yo insisto, será sólo un café, él no tiene por qué enterarse...
-Prefiero no arriesgarme, se pondría como loco si se enterara...
-Está bien, como gustes...
-Bueno, ya voy a colgar, un gusto hablar contigo, chao...
-¿Conoces a Marta?
-¿Marta...? Sí, trabaja conmigo, ¿por?
-Bueno, es que ella es prima mía, y me dio tu teléfono...
-¿Ah, sí?
-Sí, creyó que te agradaría conocerme. Es curioso que no haya mencionado a ningún novio, ¿no crees?
-La verdad es que recién andamos, no tenemos más de una semana.
-Vamos, Caro, deja de fingir... yo sé bien que estás soltera.
-¿De qué hablas? No sabes nada... Escucha, mi novio tiene un caracter muy fuerte, y... es experto en karate...
-¡Ya estuvo! ¿no? ¡Al carajo con tu novio imaginario! ¿Qué pierdes con vernos nada más?
-Óyeme, ¿qué te pasa? No tienes derecho a hablarme así.
-Y tú no tienes derecho a tratarme como a un retrasado. Dime que sí y no tendrás problemas.
-¡Cállate, imbécil! ¡No me amenaces, patán de mierda!
-Excelente, aprovechemos que estás sola. Voy para tu casa.
-¡No, espera! ¿Qué crees que...? ¿Bueno? ¡¿Bueno?!
El tipo ya había colgado. Carolina cerró las ventanas y echó llave a las puertas. "Quizá fue sólo un bromista idiota", pensó. Volvió a prender la TV. Ya no pudo acomodarse en el sillón. "¿Cómo sabía que estoy sola?"... Apagó la TV y se encerró en el cuarto. Escuchó ruidos en la calle. Pasos en el techo de su casa. Había una llave en la puerta del patio en una maceta con una flor seca, por eso no le sorprendió escuchar cuando se abría la puerta. Las luces se encendieron. La misma voz que escuchó en el teléfono anuncia su llegada.
-¡Ya llegué...!
El teléfono sonó, y ella pegó un salto del sillón. La TV prendida. Las once de la noche. Ningún intruso en casa. El teléfono siguió sonando. Carolina dudó, pero luego se rió de ella misma. "Estoy paranoica... fue sólo un sueño".
-¿Bueno?
-Hola, ¿con Carolina Fierro?
-...Soy yo. ¿Quién habla?
-Tal vez no te acuerdes de mí... Soy un amigo de la infancia...

(FIN)

27/3/05

diálogo interno

-cómo te fue.
-bien, supongo.
-me alegro. te noto raro. ¿qué pasó?
-no comprendo.
-no comprendes qué.
-cómo ella puede ser tan feliz, y yo no.
-quizá la felicidad se les da mejor a algunas personas que a otras.
-pero no hay nada que nos haga diferentes... lizbeth y yo somos casi hermanos.
-te equivocas. acuérdate que ella venció al amor. y el amor te venció a ti.
-siento algo de envidia.
-claro. al verla tan feliz, sin preocupaciones, se acentúan las tuyas, y te da la impresión de que eres más desdichado de lo que creías... pero no te preocupes. sólo es una ilusión. eres tan desdichado como quieras serlo.
-no estás ayudándome. mejor cállate.
-bien. pero no digas que no te lo advertí.