Mostrando las entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

16/4/11

La espera


[Imagen: MadelineTosh]

Es que en el fondo creo que tienes razón. Que todo esto que está pasando, no puede volvernos a pasar, y que la única forma de lograrlo es dejarnos ir. Pero, ah, el dolor. El dolor y los recuerdos, que tanto pesan, que tanto nos atan. El dolor a equivocarnos, a equivocarme, no puedo hablar por ti, porque a ciencia cierta no sé lo que pasa por tu mente, por tu corazón. Por el mío, pasa el dolor, una opresión tremenda en el pecho, una espina clavada irremediablemente, para siempre jamás, porque sé que no importa si seguimos juntos, no se va a quitar, porque sé que no podré negar esta parte de mí (por muchas razones: porque no creo en la moral, porque cuestiono lo que aprendí, y lo más importante, porque creo que es parte de mi esencia, como dices), y que eso te lastimará, tarde o temprano, y que no estás dispuesto, ni yo, y entonces, así visto, es lo mejor. Fríamente, calculadoramente, es lo mejor. Pero me puedo equivocar.

La peor parte es que si me equivoco, una marcha atrás será difícil, y no será justo para nadie. Pero, ¿qué va a ser de mí, después de todos estos años juntos? ¿Qué voy a hacer sin ti? No es tu problema, lo sé, pero he dependido tanto tiempo de ti, de tu aprobación, de la seguridad que me haces sentir. Tengo miedo, porque aunque sé que estoy dispuesto, porque si me dieras a elegir, me quedaría contigo sin pensarlo, pero no quiero seguir siendo deshonesto, no quiero ocultarte nada, y si lo consigo, invariablemente, te voy a lastimar, y tampoco eso quiero.

Así que, del modo en que lo vea, estoy jodido. Jodido si me quedo, jodido si me voy. Jodido si me quedo porque la única forma que tengo de quedarme es siendo sincero y pidiéndote ayuda, porque ya no quiero engañarte; pero al hacerlo, te haré daño, al decirte lo que siento, y no es justo; porque si no lo hago así, si me dejas solo con mi dolor, no estaré bien, y tú te mereces a alguien que pueda sentirse a gusto. Y si me voy, tal vez seré libre para experimentar esta parte de mí, tal vez me de cuenta que en realidad sí era una curiosidad absurda y un error garrafal, y aunque ya no habrá marcha atrás, al menos ya no lo volveré a repetir; pero no te tendré, que es lo que más quiero en este mundo. Tenerte y hacerte daño, o dejarte ir y no hacerte mal. Estoy jodido.

Mientras tanto, estamos juntos, porque han sido años y no podemos estar de otra forma; hay una fuerza centrífuga que va a tardar en detenerse, si es que nos separamos. Pero al final pasará, y me tendré que ir, o tú te irás, y en eso no hay marcha atrás, y saberlo y tener que esperar es insoportable. Porque mientras esté aquí, la esperanza sigue, y el miedo, y la angustia de saber que muy probablemente sea una esperanza vacía, que nada cambiará y que al final no habrá remedio.

Paradójicamente, creo que esto, estar así, es mejor todavía, a simplemente estar sin ti. Si es o no sano, es algo que no me he puesto a pensar todavía.



Si me das a elegir
entre tú y mis ideas
aunque yo sin ellas
soy un hombre perdido

Si me das a elegir
entre tú y la gloria
pa' que lleven la historia de mí
por los siglos

Si me das a elegir
entre tú y ese cielo
donde libre es el vuelo
pa' llegar al olvido

Si me das a elegir...
Me quedo contigo...

Si me das a elegir
entre tú y la pereza
con esa grandeza
que lleva consigo

Si me das a elegir
me quedo contigo

Porque me he enamorado
y te quiero y te quiero
sólo deseo estar a tu lado
soñar con tus ojos, besarte los labios...

14/4/08

Who am I?




Creo que ya he tenido un poco de tiempo para analizar lo que está pasando con nosotros. Y entre más lo pienso, menos lo entiendo.

No me explico cómo pude comportarme así. Como pude llegar a hacer tales disparates, semejantes tonterías, sin pensar, sin prever, cuando lo hice, me pareció... qué sé yo, emocionante, excitante, y deseaba en el alma que no tuviera mayores consecuencias. Pero no lo razoné, no me dije Daniel, ¿acaso no ves lo que estás haciendo? ¿Quién era ese Daniel que estaba haciendo tantas tonterías, sin detenerse a pensar? La verdad es que no lo entiendo. Y entre más pienso en ello, entre más busco una razón, una explicación para dársela a F, más me confundo.

Pudo ser curiosidad. Pero la curiosidad deja de serlo cuando llega al extremo al que llegué. Pudo ser hastío, frustración por la rutina, cansancio. Y de la misma manera, nada de eso lo justifica. ¿Entonces? Entonces sólo me queda decir que soy un total pendejo. No hay otra razón. Soy un idiota, un imbécil, y no merezco su perdón. No sé con qué cara se lo he pedido, tal vez porque es lo único que me queda, el único remedio, para que no se vaya, para que cumpla lo que me dijo... Para que estemos juntos, hasta ver las arrugas y las canas, y los años y todo... La verdad es que no deseo otra cosa de la vida. Que pena que tenga que hacer tantas pendejadas para darme cuenta de eso. ¿Qué clase de persona soy? No lo merezco... Nunca lo he merecido, y nada de lo que haga me hará merecerlo.

Pero si decide quedarse... Será otra historia. Será otro día. Ya no será fe, en el sentido de que lo daré por hecho. Ya no daré por hecho que cuando yo llegue, él va a estar. Que cuando lo necesite, estará. Porque eso me hizo cometer estos errores fatales. Ahora seré coherente con lo que digo y lo que hago, y haré un esfuerzo, todos los días, día tras día, para mantenerlo junto a mí sin tener que atarlo a mí...

No quiero llorar, porque puede penar que lo voy a chantajear. Pero ante una situación como esta... es difícil no llorar. Más después de haberme vuelto tan llorón.

Él tomará la decisión. Yo, hasta ahora, no me he ganado el derecho ni de voz, ni de voto, ni de nada. Puedo tenerlo todo, y ofrecerlo todo, y decirle que me pida lo que quiera... Pero al final, él será quien decida. Y a mí no me quedará más que aceptarlo. Así que voy a esperar, el tiempo que sea, y a soportar, el dolor que aguante. No hay otro camino. Yo mismo los eliminé todos...

La culpa fue mía.

---------

["So just say how to make it right
And i swear I'll do my best to comply"]

2/5/07

Las cinco desgracias de Irma (parte final)



5. El hijo.

Siente que todos los ojos de toda la gente van posándose en ella a medida que avanza por las calles retorcidas del barrio, cada vez más vacías conforme va subiendo la loma, lo cual es un verdadero alivio para ella. Y es que el rumor se extendió más rápido que el fuego. La madre vendía a los hijos, y a todos los escuincles que había ido recolectando a lo largo de su amarga vida. Se los llevaba a la ciudad y los rentaba, para fotos, videos o uso personal. Hasta eso que le pagaban muy bien, pero sabía moderarse, tenía contactos que le ayudaban a administrarse, a pagar a quien tenía que pagar y a firmar con el nombre que debía firmar, pero un día no pagó a quien tenía que pagar y no firmó con el nombre que debía firmar, y por eso la agarraron, no por otra cosa. Mala suerte, quizá.
Acá arriba, en el silencio y la soledad del cerro, alcanzaba a escuchar un llanto ahogado que se le escapaba de la mochila colgada en la espalda. Miró hacia atrás. Nadie la seguía. Entonces nadie había escuchado. Se interna entre los árboles, fuera de los caminos de terracería que con seguridad conducían a algún sitio, y busca el lugar idóneo para, de una vez por todas, acabar con su maldición, con su cadena, y ser libre por siempre jamás. Encontró una diminuta cueva, detrás de la parte poblada del cerro, cubierta de ramas y hojas secas. No había basura, por lo que no debían ir personas muy seguido para allá. Se arrodilló, se quitó la mochila y la abrió con cuidado. El llanto se escapó con toda su fuerza y resonó en el hueco de piedra frente a ella, pero a Irma no le importó: ahí nadie lo escuchaba, y no iba a durar mucho.
Buscó una piedra. Una piedra grande, filosa, y de ser posible, no tan sucia. Pero luego se arrepintió, si se manchaba de sangre sería difícil huir sin levantar sospechas. Además, sentía que la sangre de bebé jamás se le iba a lavar de las manos. Buscó una raíz o un bejuco flexible con el cual poder estrangular el cuello, interrumpiendo la respiración y por consiguiente, el incesante llanto que ya la comenzaba a irritar. Encontró uno perfecto, que parecía resistente. Envolvió el cuello de su hijo con la enredadera, y apretó. Pronto el llanto se fue opacando, los párpados apretados del niño y la boca abierta se tornaban de un color azuloso insoportable. Irma dejó de apretar cuando ningún sonido salía de la boca, pero no reparo en que los bracitos continuaban debatiéndose, así que cuando soltó el bejuco, el llanto volvió, precedido de una tosesita que, bajo otras circunstancias, a cualquiera le habría parecido cómica.
No puedo, se dijo, irritada, frustrada y agobiada por su cobardía. No era que odiara a su hijo, sino que no lo quería, no quería verlo feliz ni tampoco verlo sufrir en un mundo ingrato, no quería saber que andaba por ahí, quién sabe dónde, quién sabe con quién, haciéndo quién sabe qué; no quería que la conciencia le dijera por las noches, Qué habrá sido de él, porque sabía que un día se iba a levantar, así, de madrugada, y lo iba a ir a buscar, a encontrarlo, no porque lo quisiera, sino para enterarse que, en efecto, estaba sufriendo, por no tener papás, por no tener dinero, por no tener casa, o por lo que fuera, iba a sufrir, y ella, sólo ella, iba a ser la única culpable. En cambio, muerto, no había de qué preocuparse. Los muertos se mueren y se olvidan, y no hay que ir a ver cómo están, porque de su tumba no se salen y en ella nadie los molesta. Pero ahora que le había visto el rostro, ahora que le había escuchado el llanto, no se atrevía a acabar con él. Ya no.
Por eso se resignó. Haría de cuenta que ahí nadie lo encontraría, que se moriría de hambre y que la misma naturaleza se encargaría de finalizar lo que ella había comenzado, sin quererlo, sin desearlo, sin planearlo. Era inocente. Se levantó, con el llanto del hijo retumbándole en la cabeza. Dio un paso hacia atrás, luego otro, luego se dio la vuelta y caminó como quien camina a su libertad.
Y fue libre. Aunque algunas noches, sola en la cama o acompañada, le parecía que el viento traía hasta su ventana el llanto de su hijo, desde aquel lejano sitio, desde aquel lejano tiempo.

(FIN)

-------------------
[Primera parte]

[Segunda parte]

16/2/05

mi pariente poeta...

¿Que si me duele?
Un poco; te confieso
que me heriste a traición;
mas por fortuna,
tras el rapto de ira
vino una dulce resignación...

En la herida que me hiciste
pon el dedo.
¿Que si me duele?
Sí, me duele un poco,
mas no mata el dolor...
No tengas miedo.

Luis G. Urbina