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21/3/08

Flashback [vol. 3]



-Pues, vamos a fumar, ¿no?
-Arre.

No perdimos el tiempo. En cuanto llegamos del museo nómada del zócalo, A. y yo nos salimos a la terraza [o como se llame] y fumamos la mitad de un porro empezado. Le di muy duro, cuando andaba arriba estaba muy preocupado, y repetía, No debí dejar que se me subiera tanto, mientras A. me decía que me relajara o me iba a malviajar. Al final logré cambiarme, nos bañamos y, ya más despejados, nos fuimos al Vicio en metro.

[...]

Después de caminar por lo que yo creí que era el barrio chino, nos sentamos en una banca al lado de un señor con lentes oscuros. Habíamos caminado mucho ese día. Me preocupaba llegar a la casa, y encontrarlo enojado. Me dijo que podíamos caminar por la calle donde estábamos y fumar. Pero yo creí que estábamos muy cerca del centro, así que le propuse ir a Chapultepec. Nos dejaron en el paradero y tuvimos que rodear para llegar al museo Rufino Tamayo. En el camino fumamos, y nos sentamos a trippear frente al museo. Hablamos de los niveles, de la verdad absoluta y de las relativas. Y no podía creer que ahora pensara así.

La verdad, lo vi como un retroceso. Pero él piensa que no. Tendrá sus razones, pero un día se dará cuenta que antes estuvo en lo correcto y ahora es cuando está equivocado.

[...]

Pasamos la noche en vela. Las bancas de la Terminal Poniente son sumamente incómodas y lastiman al sentarse. Además estábamos muy cerca de la puerta, y conforme avanzaba la madrugada, el frío arreciaba. Los tipos de las pulidoras no ayudaban en lo más mínimo a dormir, aunque fuese un rato. No recuerdo haberme quedado dormido en ningún momento. Compramos un café pero cuando salimos, como iba temblando, tiré buena parte. Ya de regreso se me quitó el sueño, sólo faltaban unos minutos para que dieran las 4:30 a.m.

Llegada la hora, nos detuvimos en los taxis de afuera. El fulano que vendía los boletos de los taxis de la central anunció que no habría metro hasta las 7. Así fue. Creo que, mientras estábamos sentados, tratando de dormir, pensé en decirle cuando se fuera que no podía creer que se iba creyendo en el relativismo, poniendo en duda la veracidad de la razón humana. Hubiera funcionado si nos hubiéramos fumado otro gallo. Pero hacía mucho frío afuera y me daba una hueva tremenda salir a fumar. Y antes de que subiera al taxi, sólo alcancé a decirle que me había dado un gusto tremendo que viniera, y que esperaba que no fuera la última vez. Luego el taxi se fue, y yo me quedé con su chamarra, cubriéndome el frío, dos horas y media más.

11/3/08

Virginio Urbina y el junkie del callejón



Salí del ciber al que solía ir por las noches, para no variar, deprimido y ofuscado por la soledad. Ante las expectativas de llegar a "casa" y no tener a nadie que me recibiera para preguntarme Cómo te fue o Qué hiciste, aminoré el paso y caminé mientras fumaba un cigarrillo. En la primera esquina, dos tipos me alcanzaron y me pidieron lumbre. Yo saqué el encendedor de mi mochila y se los di, sin dejar de caminar. Es extraño, que siempre he sido en exceso confiado con los desconocidos, y nunca me ha pasado nada malo. Coincidencias, o será el sereno. Ellos pudieron haberme asaltado (aunque se hubiesen llevado unos pocos centavos, pero la madriza quién me la iba a quitar), o al menos pedirme dinero, y a cambio de eso, uno de ellos, el más alto, me preguntó, ¿Fumas weed? Contesté que sí.

Eran un par de cholos típicos de la frontera, rapados, con sudaderas enormes, blancas con letras rojas, y pantalones amplios arrastrándoles sobre los tennis hinchados por el relleno de calcetines. Caminaban dando saltos, sin preocuparse por los coches que pasaban por la calle, sin voltear hacia atrás, a ver si no venía nadie. Por la acera de enfrente pasaron dos o tres personas, sin reparar en nosotros. El más alto me devolvió el encendedor y me pasó el toque. No lo pensé dos veces, y le di tres fumadas prolongadas y profundas. Sostuve el humo en los pulmones mientras cruzábamos la calle y después lo solté. Tosí un poco, estaba bastante buena. Fue curioso cómo me lo había pasado a mí antes de fumar él mismo. Cuando lo hizo, comenzó a toser con gran escándalo, inundando la calle. El otro, más bajo de estatura, se impacientó y le decía, Güey, cállate, mientras miraba hacia atrás. Supongo que se acordó que estábamos fumando a mitad de la calle, a las diez de la noche.

Me lo pasaron otras dos veces antes de llegar a casa. Íbamos platicando, no recuerdo sobre qué. Me dijo que si un día se me ofrecía algo, lo buscara. Siempre ando por aquí, me dijo, o pregunta por el Icker. Llegamos frente a la puerta mi casa y nos despedimos. Le di una última fumada y luego media vuelta. De pronto me acordé, Cómo te llamas, le grité. Walter, me dijo, y se fueron.

[...]

Era una noche como otras tantas en el callejón. Habíamos estado tranquilos, fumando de mi mota, supongo, y burlándonos del Cepillín o de otro de los borrachos que solían unírsenos, cuando llegó Walter (Cartón, le decían), y me saludó con efusividad. Estuvo un rato ahí, de pie, sin hablarle a nadie, tronándose los dedos y tallándose el rostro. Luego se puso de pie y empezó a caminar hacia el fondo del callejón, en dirección a mi casa. Me hizo señas de que lo siguiera. Nadie notó que nos fuimos.

Son buena onda, me dijo, pero ahorita no ando de humor, quiero unas pastas. Me confesó que le sorprendía que me trataran así, porque casi nunca le conseguían a la gente sin antes bajarle algo, y el Rulo, hasta ahorita, no te ha bajado, eso es lo que dan, pero cuídate. Mejor dime a mí, me decía, que él conseguía pero puros de a cien. Le dije, Pues es lo que casi siempre compro, Ah, pues ahí'stá, dijo, y de pronto se detuvo para enseñarme una plantita de mariguana que crecía en la grieta de una pared. Esos güeyes la plantaron, me dijo, riéndose, Se pasan de vergas.

Hablamos sobre las ventajas y desventajas de vivir solo. De las pastas. Le dije que nunca había probado. Pues ya es hora, me dijo, Compramos dos y te tomas la mitad, si no te gusta, yo me chingo la otra mitad, cuál es el pedo. Mi corazón se aceleró. Nunca había probado nada excepto mota. Una vez me habían ofrecido coca pero no quise. Y ahora, estaba frente a la posibilidad de probar pastas. Me emocioné, aunque sentí algo de miedo.

Llegamos a la casa donde vivía el fulano que vendía. Era la misma casa a la que ya habíamos ido antes, a tratar de comprar mota, y no había habido. Walter tocó el cancel con una llave. La luz de la ventana estaba prendida, pero nadie salió. Esperamos un rato. Nadie salió. Puta, no está, dijo, y empezó a caminar. Vamos al parque, ¿no?, me dijo, y yo accedí. Traes weed, me preguntó, y yo le dije que sí, que acababa de comprar. Uy, pues con eso la hacemos, expresó, triunfante, mientras nos dirigíamos con Pichardo, el de los hot dogs, a fumar en una pipa y a hacer desmadre toda la noche...

Y esa fue la última vez que lo vi, antes de irme de Tijuana.

[FIN]

3/3/06

#2: "El Tiempo" (Viernes)









(de la serie "Carnaval")

No es la primera vez que le tiemblan de ese modo las manos, como si el patético frío del puerto fuera insoportable, las articulaciones parecen fuera de control, agitándose con espasmos terribles, presagios de otros temblores que no van a tardar en manifestarse, en la nuca, en el párpado izquierdo, en las rodillas, así que Valentín se levanta de la incómoda banca del malecón, aparta la vista del deprimente atardecer y se une a la larga y amorfa hilera de personas que se dirigen al paseo Olas Altas, donde se conglomeran para festejar los excesos de la carne con absurdas excusas espirituales, tanto marítimas como eólicas, al menos la de Valentín, cree él, es mucho más válida.

Ha decidido caminar, por lo que cuando al fin llega a las rejas que delimitan el área carnavalesca, las estrellas ya han hecho acto de presencia en el despejado cielo, y el viento helado se ha intensificado. La caminata disminuyó las contracciones de su mano, pero no lo suficiente como para mostrar firmeza al entregar el billete a la taquillera y recibir de vuelta el insípido boleto, la muchacha, joven y entusiasta, no puede evitar una sonrisa y un consejo ya inútil a estas alturas, Debió traer un suéter o algo, Valentín también sonríe, Sí, verdad, y se aleja de ella, pensando que no tiene ni idea de lo que dice, el frío este no espanta a nadie, la ansiedad es la que me está matando, pero pronto acabará, cada paso que doy me acerca más al alivio, a la recompensa bien merecida. Delante de él, hay una fila de hombres perfumados, las ropas reflejan el lujo y la limpieza inmaculada, las marcas exhibidas de zapatos, relojes, cadenas y anillos demuestran el alcance de su economía, la mirada de los policías, sumisa y esperanzada, deja en claro la influencia que ejercen aquellos personajes, que pasan sin que nadie les ponga una mano encima, al contrario de Valentín, que fue sometido a una acalorada inspección por parte de un oficial que tocó más de lo necesario, para el gusto de nuestro protagonista.

La firmeza de sus pasos y se mirada hacían notar que Valentín ya sabía a dónde dirigirse. En una acera dispuesta para comerciantes ambulantes, dos modestos jóvenes de apariencia hippie vendían sus artículos exóticos a los maravillados turistas. Uno de ellos, de larga cabellera ondulada, con una bolsa de tela estampada con una hoja de cannabis, reconoció a Valentín, y lo saludó presentándolo a su compañero, Mira, este es Valentín, del que te conté ayer, le dijo, aprovechando que sólo había mirones curiosos y no potenciales compradores, Ah, mucho gusto, Gilberto, contestó, Vienes por esa madre, Sí, Vente. Valentín se despidió del otro sujeto y siguió de cerca a Gilberto, quien lo condujo fuera del límite de festividad hacia las retorcidas calles del Centro Histórico. Llegaron por fin a un local cerrado y entraron gracias a la llave de su guía, Así que tienes un año sin quemar hierba, hermano, Sí, Y querías festejar, Me lo merezco, A huevo que lo mereces, cáele. Se adentraron en los pasillos oscuros del local hasta llegar a un patio interior repleto de gente, con música de reggae y una fogata en el centro. Gilberto se acercó a la grabadora y bajó el volumen, pidiendo el silencio y la atención de los presentes.

-Hermanos, les presento a Valentín, un compa mío que hoy cumple un año sin meterse mota y, para festejar, quiere ponerse bien grifote. ¡Échenle una manita!

Todos aplaudieron, silbaron y extendieron hacia Valentín los churros que algunos llevaban en la mano al tiempo que coreaban "¡Salud!". Gilberto se despidió anunciando que los esperaran a eso de las 4 de la mañana, y presentó a Valentín, quien ya no podía reprimir las ganas con la nariz expuesta a aquel humo que tanto le gustaba, a un grupo de jovencitos tan hippies como él mismo, que de inmediato le hicieron llegar la mariguana.

Antes de que se llevara el cigarro a la boca, alguien lo sorprendió con una palmada en la espalda. Al girarse, un rostro sonriente de ojos rojos lo miraba como si no estuviera mirándolo, Qué hubo Tintín, dónde te metiste tanto tiempo. Valentín reconoció al Poni, lo saludó, Pues ya ves, y fumó. Sus pulmones infestados de humo brincotearon de alegría una vez más. Sácame de la duda, dijo el Poni, mientras Valentín retenía el aire, ¿Dijo el Beto que llevabas un año sin fumar? Valentín suelta una sonora carcajada, escupiendo el humo de forma brusca y empezando a toser. Cuando se calma, responde que Sí, eso dijo, y entonces el Poni recibe el churro y también se carcajea, Pero si fuimos la semana pasada a la fiesta de la Tania y andábamos tan locos como siempre, desde entonces no te veía. Los dos estallan en risas, Valentín toma aire, de vuelta el cigarro a la mano, y, con aire cínico, dice, Pues sí, pero con estas historias embaucas a los pinches hippies y te dan mota gratis, además, sí estoy celebrando que la dejé, pero por una semana. Chale, pinche Tintín, cómo comparas un año con una semana. Valentín llo mira a los ojos mientras fuma. El silencio dura hasta que suelta el humo y le vuelve a pasar el cigarro. Entonces eleva la mirada hacia las estrellas para dar más intensidad a lo que va a decir:

-Mi estimado: un año, un mes, una semana. El tiempo no existe cuando no fumas mota.

Con la mano curada al fin de los temblores, toma el churro que alguien más le pasa, y fuma sonriente y sin culpas.


(FIN)

1/2/06

Sobre la mota

Sobre la mota

Sé que si logro liberar una mano, una sola, podré desatarme por completo y salir de esta maldita oscuridad que me está volviendo loco. Pero estoy sudando, demasiado, a mis ojos resbalan las gotas saladas que no puedo limpiarme porque no tengo los brazos libres para hacerlo, y arde hasta la madre. Por momentos siento que me asfixio, me retuerzo en la cama esperando vencer la tensión de la madera y recuperar mi libertad después de hacerla pedazos. Mi voluntad ahora me importa una mierda, he sido vencido, no puedo, lo único que me resta por hacer es desatar mi mano derecha, pues al ser yo diestro es ahí donde reside mi habilidad, y luego servirme de ella para soltar la izquierda, luego los pies, ambos, y será todo.

Pero mierda, jamás imaginé que a Jacinta le salieran tan bien los nudos. De haberlo sabido, mejor le habría dicho a Elvira, o a Inés, o a Marcelo. Marcelo es un poco idiota, ese me habría escuchado gritar hacer una hora que ya, por favor, que ya había tenido suficiente, que no iba a lograrlo, que me iba a morir por su culpa, y de inmediato habría corrido hacia acá a desatarme con la pipa en una mano y la mariguana en la otra, me habría dicho No te preocupes, compa, sé que es difícil, lo hiciste muy bien, va a ser cuestión de tiempo, ya verás, conseguirás dejarla, y luego nos habríamos puesto bien grifotes y asunto resuelto. Pero Jacinta... Pinche Jacinta, es muy lista, sabe que la mota no causa dependencia física, por lo que no puedo morirme de abstinencia, por eso no resultaron mis gritos implorando piedad, nada más un churro, es más, sólo un tanque y ya. A parte ella no se mete nada, ni toma la desgraciada... ¿Para qué le pedí a ella que me cuidara, carajo, para qué...?

Ya está. De súbito siento que la muñeca se ha liberado del nudo que la aprisionaba y mis ojos se abren de vuelta a la vida. Ahora sólo es cuestión de minutos para salir de este agujero y volar... Puta, de solo pensarlo... Antes de continuar con mi labor, alcanzo un cigarro de la mesita de noche, busco el encendedor y lo prendo... Ayudará a que no me muera de ansias mientras termino de desatarme. La mano izquierda resulta un tanto más difícil, pero luego de un rato lo logro. Ya puedo sentarme... Estoy cada vez más cerca. Ilumino con el tenue fuego el reloj y miro la hora. Han pasado cinco horas... Imposible, ¿nada más? Debe estar mal. Me parece que llevo aquí unas doce, al menos. En fin, otro cigarro mientras libero los pies... No es cuestión de fuerza, uno tiene que respirar, tranquilizarse, por más que este nudo culero tarde en ceder, no debo perder la calma... Si me desespero nada saldrá bien. Hay que analizar la forma, hacia dónde va la cuerda... Puta, qué disparate. Ah, pero el nene cree que puede dejar la mota sin ayuda... He perdido la cuenta de las veces que he dicho Ya no voy a fumar. He olvidado si existía la tranquilidad, la calma, el sosiego, antes de la mota. No recuerdo ya los verdaderos colores del mundo, ni en qué me entretenía antes de descubrir la canabis, ni cómo creía que era la felicidad -porque intuyo que tal vez fui feliz, aunque fuese un instante-, ni qué era no necesitar de un churro para pasarla bien. Ya no reconozco al tipo ese del espejo. Y la incertidumbre que trataba de espantar quemando weed ha adquirido nueva fuerza, y el futuro se ha extinguido, y el presente es un cristal de ilusiones que jamás se concretan, y el pasado está vacío...

Ya he desatado mis pies, pero no me muevo de aquí. Ni he prendido la luz. Puedo limpiarme el sudor de la cara y encender un cigarro más, mientras me pregunto si estoy haciendo lo correcto, si de verdad estoy aprovechando mis días y mis noches... Lo primero que me respondo, Si estuvieras haciendo lo correcto no tendrías dudas. Pero mierda, la vida es corta, sólo se es joven una vez, si esta vez tampoco pude la próxima seguro podré, no hay mejor forma para gozar de la vida que hacer lo que a uno se le antoja hacer, al fin y al cabo, ya mañana será lo que será, ni siquiera sé si estaré vivo, no tiene caso preocuparse, sólo tenemos el presente...

A quién engaño. Sólo a mí mismo.

Me levanto, prendo un último cigarro, salgo del cuarto. Tras la puerta está Jacinta, se sorprende al verme, creería que me había quedado dormido, se me pone enfrente, la empujo. Ahí, en ese cajón, está la pipa y la bolsa con mariguana, y me voy sobre ellas. Jacinta, se ha caído al suelo la pobre, me observa decepcionada.

-Te prometo que la próxima vez sí la dejo. Te lo prometo.

(FIN)

8/10/05

movimiento

movimiento

todo se mueve. nada puede permanecer inmutable por siempre y para siempre. las cosas, los objetos, cumplen ciclos de esplendor y decadencia, al igual que los seres vivos: nacer, crecer, reproducirse y morir. me lo enseñaron en la escuela con unos pollos de ejemplo. yo no soy la excepción: yo también tengo ciclos. y me transformo.

de noche por la ciudad, y el desorden de ruidos, el domingo pasado, porque la selección ganó. en medio de ese caos de coches y de personas, de claxons y gritos, era posible encontrar cierta armonía extraña, cierto orden inmiscuido como un intruso. después, en la explanada del cecut, un grupo de percusiones africanas (o algo por el estilo) ordenaba ritmos en los tambores y armaban melodías, en las cuales también era posible encontrar un lado caótico: en cierto punto los golpes no eran más que golpes sin orden. el día se transforma en noche, la luz en oscuridad, los coches en sombras con ojos luminosos que te acosen desde sus caminos veloces. y nada, que me he atorado en el presente. incapaz de sentirme triste, deprimido, o eufórico, optimista. me quedé en el presente y el mañana no me importa, el ayer aún menos. sólo sé que hoy estoy aquí y mañana quién sabe... y eso me ha traído problemas, con el modo de vivir que llevaba antes de atorarme en el presente, pero no quiere decir que sean problemas con este modo de vida. no me logro percibir viviendo mañana, no es porque yo lo quiera... bueno, tal vez, cuando lo intenté, me pareció tan sencillo que ya no puedo dejar de hacerlo. el futuro no me entusiasma como antes, ya sólo pienso en lo que puedo hacer hoy, y los días se me escurren entre los dedos, y el tiempo pasa devorándome insaciable. y yo, necesito trabajo, dinero, tiempo, esperanzas, retos, metas... pero ya no soy capaz de mirar a futuro. para mí, sólo cuenta el día de hoy... todo se mueve, y yo me muevo con todo. por eso es como si hubiera quedado estancado.

cada noche hay gente nueva. cada día, nuevas fotos. en cada sueño hay cosas raras... y en cada bocanada, un túnel de estrellas.

16/7/05

un cigarro...

Arriba, la luna sonreía. La oscuridad obligaba a la noche a ceñirse de una capa falsa de luz amarilla, que emanaba generosa de los faroles públicos. Héctor echó un vistazo desde la puerta, ya se le había hecho costumbre, aún ahora que sabía que a las 12.20 de la medianoche nadie transitaba por las calles de la colonia en pleno martes laboral. Cerró la puerta, y antes de llegar a la banqueta, y auxiliado por un encendedor de juguete, ya había encendido el cigarro. Una vez afuera, a salvo de los vecinos metiches, Héctor ya no se preocupaba por voltear a los lados y asegurarse que la soledad de las calles permaneciera. Ahora sabía que los autos no cuentan, lo que los conductores deben hacer es esquivar al peatón, no detenerse a preguntarle si necesita ayuda, o qué anda haciendo en la calle a estas horas de la noche. Anduvo con paso distraído, ya no necesitaba fijarse cómo se llamaba esta calle o cuántas cuadras faltan para llegar al parque, y miraba los faroles mientras escupía el humo. Conforme avanzaba entre las retorcidas calles del cerro, podía percibir cómo la oscuridad que lo cernía se hacía más densa y los faroles más brillantes.
Llegó al mirador y se sentó en una esquina. Primero cerró los ojos, y admiró los sonidos de la noche, el silencio que se tragaba los ruidos humanos y vomitaba los de una ciudad enorme y anónima: ambulancias, patrullas, música estridente saliendo de algún rincón en algún lugar de allá abajo, disparos, gritos, más ambulancias. Luego entreabrió los ojos y siguió las luces en movimiento de los coches, todos yendo en una misma dirección, hacia un lado o hacia el otro. Poco a poco dejó que las demás luces fueran penetrando a través de sus pestañas, que cada segundo se abrían más, y transformó aquel mar de puntos luminosos es un espacio inmenso repleto de estrellas, y se sintió envuelto en la armonía y singularidad del universo. Tras esto, al regresar a la ciudad, comenzó a buscar y a descubrir figuras ocultas entre los edificioes, seguro eran satélites personalizados esperando afuera del restaurante (?), o un antro nuevo obra de un arquitecto un tanto loco. Después pasó a su entretenimiento favorito: buscar voces humanas. Dirigía tan bien y con tanta facilidad el oído que alcanzaba a escuchar a un papá regañando a su hija por llegar tan tarde, o a una mujer diciéndole a su amante que se fuera pronto porque el marido no tardaba en llegar. Estuvo así un rato, abriendo y cerrando los ojos, hasta que el cigarro se terminó. Aspiró hasta el final, y tiró la colilla inservible. Tambaleándose, volvía a casa, listo para bailar.
(FIN)

12/7/05

cansancio crónico

hace varios días que no como bien. el estrés está llegando a un punto culminante, y todo por dejar pasar demasiado tiempo. hace años que debía comenzar un guión de radio para un trabajo de la escuela, y es hora que no lo empiezo y el profesor ya lo está pidiendo. la caja tv nos da más trabajo que nunca, tener los días programados me da una sensación de presión bastante rara. los días transcurren lentos e insoportables. las mañanas son nefastas, las noches calurosas, el baño apesta, no hay leche y el choco krispis (no creí que esto fuera a pasar jamás) me está empezando a hartar. las próximas salidas prometen bastante, pero no sé... no creo poder disfrutarlas como debería.
para un misántropo recién declarado, es muy difícil tener contacto con la gente. el domingo por la tarde, en la celebración del 116vo. aniversario de tijuana, había un escándalo en el parque, y decidí salir a ver qué había. un escenario colocado con una pantalla de tela detrás, y una manta que decía "aquí se celebrará el 116 aniversario de tijuana a partir de las 6p.m.", y eran las 7.30 y no había nada más que música. di una vuelta por el parque: sólo niños y papás pasando una tarde ociosa de domingo. me iba, cuando escuché una melodía muy familiar, un "atento, permanezca a la escucha"... y luego, "so many nights..." me senté y escuché las dos o tres canciones de manu chao que pusieron. luego siguieron con reggae, y me quedé otro rato. pero empezó a llegar la gente... y me sacaba de quicio ver a tantas personas reunidas en un solo lugar. no lo soportaba... así que volví a la casa, y lo demás... es secreto.
así que mis días actuales transcurren con mucha demora, tardan demasiado y ya quiero que todo esto pase. todavía sigo dejándome caer, cada día un poco más, un poco más, pero como que el vértigo ya me está atrofiando el estómago. tal vez, si extendiera mis alas, y sólo planeara con el aire que pasa por debajo de mí... para ver adónde me lleva el viento. el descenso frenético no es una buena idea después de todo. no puedes tener un pie en el mundo real y otro en el mundo interno. pero tal vez, pasar de un mundo al otro sea la solución... ocuparse de los dos al mismo tiempo... aunque me provoque más estrés, seguro será menor al que ya estoy sintiendo. sin cuentos nuevos, ni nada interesante qué contar... cambio y fuera.

"i'm so happy: there's nobody in my place instead of me"

4/7/05

el descenso

llego a casa. me pruebo mi nueva playera de dr. jeckill, me cuelgo el morral y salgo de la casa. hace días que venció el plazo de la renta, pero yo no he pagado. no porque me haya gastado el dinero, sino porque don miguel no se aparece por ningún lado. camino, entro en el "ciber-café". el señor, en forma automatizada, me anuncia que siguen en las mismas, sin señal de internet. están así desde el sábado. voy al banco por dinero. voy a comerme una torta, gasto demasiado, ya me lo han dicho, pero no puedo economizar, no en esta situación. la comida sabe mala. ahí trabaja mi vecino, y yo no sabía (tan antisocial soy?). me termino la torta como puedo, salgo del local, y me dirijo al otro de renta de computadoras, al que no me gusta porque los teclados no tienen acentos, y tengo que vivir presionando alt-130 para la é, alt-160 para la á, etcétera. sólo escribo, sin un motivo definido... porque no he tenido inspiración para escribir un cuento decente. y porque siento que caigo... no porque quiera chocar contra el fondo, sino porque el vértigo de la caída se siente bien en el estómago, dejar de agitar las alas un rato y sólo descender...
no son las circunstancias. soy yo el que busca la ocasión. no es tan grave, no hay de qué preocuparse... sigo yendo a la escuela, sigo haciendo tareas (las que puedo), sigo hablando con mis amigos, duermo en mi cama, como a mis horas, ayudo en lo que puedo... en mi cabeza, el descenso no es lo único todavía... no es lo único, aunque pueda parecer lo contrario. pero me he vuelto más egoísta (sí: más...), buscando nada más lo que a mí me conviene. las lágrimas de la gente no me provocan nada. hace tanto que no lloro... que ya olvidé qué se siente. la última vez que estuve a punto de derramar lágrimas, me ardían tanto los ojos que no las toleré y decidí reprimirlas. mi cuerpo las rechaza...
espero que de verdad vengan los que iban a venir, enrique arballo y... "ella". esta semana resentí más su ausencia, porque creí que se terminaría, pero no... esperanzas sin fundamentos. no importa... yo iré. si la conductora de la caja tv no me lleva pronto, me iré yo solo... de raite. sería una buena aventura... salir el viernes de la escuela, echar ropa limpia en una mochila, caminar por la carretera hasta que un conductor piadoso se apiade de mí y me dé un aventón... volver? volver es lo de menos... si por mí fuera, me quedaría allá... a lo que me recuerda: necesito ropa limpia.
me he vuelto frío, calculador, insensible. me he vuelto metódico, indiferente, desconsiderado... ya me gusta dormir, cuando antes lo consideraba una pérdida de tiempo (tanto tiempo gastamos durmiendo en lugar de vivir...), ya no me importa no tener nada qué hacer, cuando antes era desesperante el ocio. ya no me preocupa tanto la escuela... después de todo, las calificaciones no definen lo que en verdad has aprendido... y si he descuidado algunas clases, ha sido por asuntos más importantes, y no porque yo así lo haya deseado... o al menos, eso quiero creer. quiero creer que sigo siendo yo. quiero creer que tengo el descenso bajo control, y que cuando me canse la sensación, volveré a batir mis alas y elevaré de nuevo el vuelo.
quiero creer que, en el fondo, sigo siendo yo... pero no es lo que eres por dentro lo que te define, sino tus actos. ahora ya no sé quién soy, y antes estaba tan seguro... bueno, tenía una idea leve. pero ahora... ahora estoy perdido, perdido en un huracán interminable que me arrastra... sé que saldré de ésta. aunque en el fondo, quiero seguir revolcándome en el viento del vacío; lo sé porque miro en cada esquina a ver si vuelvo a ver a este desconocido que me invitó a *****, y vuelvo al ***** cuando se van mis amigas sólo para... pues, para qué más. no todo en este mundo son ******.

"todo es mentira en este mundo... todo es mentira, por qué será..."

29/5/05

el peor viaje

el encendedor había cegado mis ojos. no conseguía ver más que sombras. sentía unas ganas tremendas de vomitar, de ir al baño, pero el suelo se tambaleaba tanto que me iba a caer en el camino, quedándome tirado y jamás podría volver levantarme. el causante de todo se reía del otro lado de la mesa, y seguía prendiendo el encendedor a pesar de mis protestas, y reíamos, yo por miedo a morirme, él por mi "maltripeo". recargué la frente en la mesa y sudé, sudé como si estuviese en un sauna, sudé por cada poro del cuerpo hasta que, luego de una hora y media (según mi acompañante), me repuse y me sentí mejor. "a dormir al parque", me decían. una tipa se subió a la mesa y quería quitar a mi amigo de su asiento. yo quería reaccionar, hacer algo por él, pero mi cuerpo no reaccionaba, y sólo los veía. veía estrellas verdes y gente transformándose al bajar las escaleras. la música reventaba con furia contra mis oídos. todos me amenazaban. ¿dónde estaba manu chao?
el peor viaje de mi vida. los tacos sabían a trapo, y el piso serpenteaba bajo mis pies. la memoria me traiciona... el peor viaje. algo digno de recordar.

9/5/05

volar y volar

sábado de noche.
hablando con payasos, con mujeres codas, con pelones tatuados de cincuenta años... cualquier interlocutor es una buena opción.
calor, cuánto calor. inciensos, muchos, muchos inciensos, para desplazar un poco la podredumbre el olor a narcóticos y sudor. qué hago yo frecuentando estos lugares, qué hago yo aquí... no, en ese estado no me importa lo que hago, no pienso, sólo golpeo la mesa al ritmo de la música, ¿led zepellin? pregunta el tipo de al lado, yo no sé, me da igual luis miguel, o rafael, o guns and roses, el chiste es que el ruido lo inunde todo.
quiero dormir... pero cuando ya siento que no puedo, me incorporo y le doy un trago a la botella, mientras miro cómo los sujetos que bailaban alejados uno del otro cuando llegué, ahora se besan y se abrazan como amantes de toda la vida. hay cucarachas en las paredes, y mi acompañante aplasta una que se paseaba cerca de su cabeza con una servilleta. ¿qué haría yo sin este tipo que me metió en la boca del lobo? nada... sólo consigo pensar en lo buen amigo que es, aunque me diga que soy un cursi de mierda, sé que no es su estilo andar pregonando su amor por la humanidad, pero yo sí... de no ser por él, no hubiese tenido dónde quedarme cuando llegué a esta ciudad anónima, ni qué comer el domingo a mediodía (sus omelets son excelentes).
qué pasará cuando a alguno de los dos se nos cure la soledad, cuando no pueda acompañarme al cine o al zakas el sábado por la noche... esa es otra señal inequívoca de que estoy más solo que nada. ¿que si me preocupa? un poco, porque el silencio del cuarto es insoportable, y mi habilidad para hacer amistad con gente nueva no es algo de lo que puedo estar orgulloso. necesito mínimo un mes o dos para entablar una amistad "estable" con alguien nuevo, pero un mes o dos con todas sus horas, no nada más por ratos... y es difícil encontrar nueva gente, porque soy muy exigente con las personas. sería bueno conseguirme una novia. sobre todo si es tan risueña como la mesera del restaurante de comida china que está por mi casa... apenas hoy la conocí, y me sorprendió mirándola detrás del mostrador... pero qué cosas digo, es labor de los meseros ser amables con los clientes, yo no fui algo excepcional, no me sonrió porque sintió mariposas adentro, ni se puso torpe al llevarnos la cuenta por ponerse nerviosa... en fin, el amor no siempre es instantáneo, así que habrá que regresar de vez en cuando al restaurante de comida china y sonreirle más, pedirle sal, preguntarle su nombre... aaah, maldita soledad.
pd: a lo que me recuerda una canción de café tacuba (qué buen viaje, ¿no?): "parece mentira que entre tanta gente en esta ciudad no tenga a nadie con quién compartir la vista desde mi casa este sábado al mediodía..."

15/4/05

soy heroína

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You are Heroin (aka: smack, dope, brown sugar...).
You are the most dangerous drug between all
other kinds. You are bold, deep, dark,
mysterious, have your own world. You are
classified as class (A) illegal drugs.


What kind of Drugs are you? and how that reflect your personality?
brought to you by Quizilla

23/2/05

narcotizarse

Eran las once de la noche. Ya eran pocos los carros que desfilaban por la avenida, y menos las personas que caminaban. Fay miró el reloj del centro comercial, y supo que faltaba una hora para que cumpliera doce años. Se hubiera quedado a dormir en la casa de el Nieto si la madre de él no fuera tan preocupona, que necesitaba que le llamaran por teléfono sus papás para confirmar el permiso. No tenía con quién quedarse, así que tuvo que volver a su casa. Las luces estaban apagadas, pero su hermano Tito lo vio llegar desde el fondo de la calle, y se separó de su grupo de amigos para ir al encuentro del pequeño revoltoso.

-¿Qué horas son estas de llegar, güey?

Fay no contestó. Tito lo tomó de los cabellos y lo aventó hacia adentro de la casa, pese a los reclamos, y lo encerró. Su padre yacía en el sofá, roncando de ebrio, con los botes vacíos de cerveza rodeándolo. Una luz roja pintaba las paredes, y Fay no pudo evitar a Marcela, su hermana mayor. Había huído hacía un año, la noche en que confesó su amor por el vago de Adrián, y su embarazo de tres meses. Su padrastro se enteró dónde estaban y secuestro con una torpeza ejemplar a su nieto, pero la policía lo agarró y lo encerraron un buen rato. Recordaba cómo Marcela le tapaba los oídos cada vez que sus padres se gritaban entre sí, y la forma en que mantenía el ánimo aun después de las golpizas de su padrastro, golpizas derivadas de violaciones frustradas.

Apenas durmió. En la mañana los demás miembros de la "familia" seguían dormidos: el padre, como muerto, se mantenía en la misma posición que seis horas antes; la madre, llegada en un punto cualquiera de la madrugada, se había echado semidesnuda y sin desmaquillarse sobre el colchón. Tito ni siquiera había ido a dormir a la casa. Fay se cambíó de ropa, tomó su mochila y salió rumbo a la escuela.

Jamás supo cómo Toño se enteró, pero desde que Fay llegó todos comenzaron a reírse, señalándolo. Su único amigo, el Nieto, no tuvo el valor de decirle.

-¿Y 'ora por qué se ríen estos culeros?
-Pus no sé Fay...

La campana sonó, anunciando el recreo. Fay se fue a la cancha de fútbol, lo único que él veía con buenos ojos de la escuela, y se preparó para anotar todos los goles de su equipo, como siempre. Desde el enorme árbol junto a los baños se acercaba Toño, seguido por un séquito de lambiscones cobardes. Fay estaba decidido a no pegarle más. El director le había advertido que una pelea más, y te me vas. Intentó controlarse, pese a la sangre que le hervía en la cabeza... La verdad, en esta ocasión Toño se ganó los chingazos.

-Órale Feyo, ¿cómo le fue a tu jefa anoche...?
-Cómo le fue de qué.

Hacer oídos sordos a sus provocaciones... Así le había enseñado Marcela...

-Me imagino que bien... Dice mi carnal que hasta propina le dió...

Risas. Risas auténticas de burla frente a una verdad humillante. Fay trató de hacer como que todo era mentira, pero no pudo. Ellos lo sabían... Se habían enterado.

-No te hagas pendejo. Mi carnal me dijo que se la cogió ayer, y que le pegó un mamadón que...

Fay se lanzó contra la cara de Toño y se la destruyó a puñetazos limpios. Los niños presentes rodeaban a ambos contendientes, y les lanzaban tierra y piedras para ayudas a su favorito. Una maestra los separó en el momento oportuno, cuando la hemorragia de Toño comenzaba a marearlo. El director cumplió su amenaza, y suspendió a Fay. Bonito cumpleaños.

Estaba decidido a no volver a la escuela ahora que todos se habían enterado de que su madre era puta. Tampoco quería volver a su casa, un verdadero infierno de todos contra todos. Vagando por la tarde entre las calles de su colonia, encontró al Sebas, uno de los amigos de Tito, de los más jóvenes.

-¿Qué te pasó Feyo?

Al Sebas parecieron interesarle los problemas de Fay, y conmovido por escuchar que su misma historia la volvía a vivir otra persona, lo invitó a la reunión de aquella noche.

-Va a haber de todo, Feyo: pisto, coca, mota... ¿Te gusta la mota?

En realidad, Fay tan sólo había fumado tabaco algunas veces en la escuela, y bebido un par de cervezas en distintas ocasiones. Pasó la tarde con Sebas, convenciéndose de que la mejor manera de olvidarse de que su vida era una mierda era narcotizarse. Algo lo impulsó a regresar a su casa, algo triste, pero ya en la puerta escuchó gritos y platos rompiéndose. Retrocedió, primero despacio, luego corriendo, hasta llegar a la casa donde ya empezaba la fiesta. El Sebas lo reconoció.

-¡Feyo! Que bien que viniste... Te vas a divertir... Pásale, y tómate algo.

(...)

Marcela regresaba del trabajo, y vio en el pabellón de la avenida a un vago, tirado bajo un árbol, borracho y tal vez drogado, que le llamó la atención. Su rostro se parecía un poco al de su medio hermano, al que, cuatro años antes, había abandonado, y recordó cuando le tapaba los oídos durante las peleas, y cuando lo consolaba después de sus regaños, y se preguntó que habría sido de él.

(FIN)