Mostrando las entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas

25/1/09

Gracias



1. Mandar todo al carajo, comenzar de cero, echar todo por la borda, borrón y cuenta nueva, son muchas las frases para una sola cosa, tan sencilla, tan simple, con tantas consecuencias, causante de tantos temores, de inquietudes, qué vamos a hacer, qué va a pasar, tendré que dejar la escuela, trabajar aquí y allá, vender nuestras cosas, cambiarnos a un multifamiliar, y todo lo que hemos hecho, lo que hemos logrado durante dos largos años, qué, pues se derrumba, se nos escapa, inevitablemente, despiadadamente, de entre las manos, qué vamos a hacerle, nada, esperar, que la suerte nos sonría, si es que nos sonríe, ser como el río que fluye, como el viento que corre alrededor de este mundo. Todo esto me llenaba de miedo, por la incertidumbre, porque recordé, recordé el hambre, la soledad, la fatiga ocasionada por estudiar tiempo completo y trabajar tiempo completo, y además, dónde iba a conseguir trabajo, pensé, pensé, le pido a mis maestros, le digo a M, que a fin de cuentas cuando le pedí se hizo el sordo, me la debe, o en algún call center, al cabo experiencia ya tengo, y no necesito más, fingiré que vendí mucho, que ni uno se me iba vivo, que me pasaron directo a Expertos Puerto Rico después de la capacitación, omitiendo la parte en que me degradan a un grupo que no tiene pies ni cabeza, que no es el mejor pero tampoco el peor, sólo diré, cuando me pregunten, Y vendías, diré, pues, Sí. Y escucharte entonces, decirme No es necesario, no te preocupes, me llenó de dicha, de tranquilidad, mi corazón dio un suspiro, porque bajo estas condiciones, en este momento de nuestras vidas, es lo mejor que se te ha ocurrido, esperar, sacrificarte por los que amas, y no sabes cuán agradecido estoy contigo, y nunca te lo voy a dejar de agradecer, porque me estás dando una oportunidad que nadie más me habría dado, porque sin ti, no veo el modo de llegar al final de la carrera, porque me has demostrado que no eres esa persona egoísta y arrebatada que a veces das la impresión de ser... No sé si es madurez o qué, lo cierto es que, aunque tal vez no es la decisión más acorde a nuestra ideología, sí lo es a nuestro contexto coyuntural, a la situación que estamos viviendo ahora mismo.
Una vez más, gracias.
Una vez más, te amo.

11/11/08

Pensando...


[Araña muerta en mi casa]

1. No debí hacerlo. Sé que es una muestra de confianza la que nos tenemos al compartir nuestras contraseñas, pero a veces la curiosidad puede demasiado. Lo sé, yo soy el que tiene antecedentes negativos, tú eres inocente de todo, libre de toda culpa, yo soy el que debería de preocuparse, pero ya no, desde aquella vez no he vuelto a relacionarme con nadie a espaldas tuyas, ni escrito mails comprometedores, ni me han escrito nada que tú no hayas visto o te hayas enterado. Sólo quería saber si le habías escrito algo a tus jefas, de lo que estábamos hablando ayer, pensé, Quiero ver qué les dijo, y entré, y no había nada, así que utilicé todos mis conocimientos internáuticos para buscar a profundidad, revisé los enviados, los borrados, de todas tus cuentas. Los que él te escribió ya no estaban, eso me choca de ti, ni siquiera puedo celarte por tus mensajes, aunque bueno, eso ahora se llama violencia tecnológica o algo así, haces bien en borrar todo, pero los que tú le enviaste, no puedo evitarlo, pienso y pienso, Bueno, está en Chile, que importa lo que diga, a la distancia estamos seguros, ellos y yo, más seguro yo, pero no puedo, no puedo, le doy vueltas y más vueltas, Por qué dijo eso, y para rematar lo que le escribes a tu amigo C, que a veces te cansas, que te da miedo, y pienso y repienso, Tal vez no debería amarte tanto, no es que no te lo merezcas, pero será una medida para protegerme por si un día cumples tus amenazas, por si un día de veras te hartas de mí y me dejas solo en este mundo triste y despiadado, qué va a ser de mí, amándote así no puedo hacer nada, no me quedará más remedio, pienso, Qué voy a hacer sin ti, qué haré, y no amarte tanto es la solución, una barrera, un escudo, como un seguro contra daños, y me doy cuenta que no puedo, nunca podré, porque el amor se me desborda por los poros sin que yo pueda hacer nada, es imposible no amarte con todas mis fuerzas, con todos mis tiempos, con todos mis modos. Y entonces, siento más miedo. ¿Acaso la solución es ser poliamor? De qué otra forma dejar atrás los celos idiotas, sino dejándote ir, dejar de sentir que me perteneces, que tu cuerpo, que tu mente, que tu alma me pertenecen tal y como los míos son tuyos, pero entonces, para qué el amor, para qué los planes, para qué.

2. La casa de la primera pareja, para ser sinceros, no me gustó nada. La calle es horrible, los vagos de la esquina como maniquíes de aparador no saben hacer más que mirarte amenazantes a los ojos, el edificio te recibe con un altar para la virgen, es decir, en ese lugar no hay libertad de culto. A pesar de que ellos poseen un nivel económico mayor al nuestro, no les envidio nada, comparados con ellos, me siento pleno. Pero luego, al compararnos con la segunda pareja, dios que casa, que calle, que mesa, que cocina. La televisión de miles de pulgadas no la envidio en lo más mínimo, pero lo demás, su estilo de vida, poder ir al gimnasio, recibir a los amigos en casa, pasear, vender tu casa y comprarte otra, regresar a España y volver a México, eso sí lo envidio. Me digo, No comas ansias, algún día, aún eres joven, tres años más y serás licenciado, siete y serás doctor, entonces podrás hacer lo que te venga en gana. Y luego me respondo, Más te vale.

3. Todo es producto del estrés. Pensar demasiado me estresa sobremanera, no estoy hecho para el estrés, debo irme a vivir a una campiña olvidado por la mano del hombre a cosechar mis propias papas y dejar atrás el dinero, los coches, las cuentas pendientes, el teléfono, la escuela, la gente idiota, la luz que dejan encendida, carajo, tan difícil es, presionar el interruptor, cientos de años para inventar algo así y la gente no puedo usarlo, eso si es joder al prójimo. Pero se deriva de no poder ser el mejor. De no sacar 10 con Ana Paula, de sacar 82 en la optativa, de la acumulación de las lecturas de Xóchitl, de las trabas para la exposición de Hamel, todo eso, que carajo, yo sólo quiero ser el mejor, no es mucho pedir, además, no quiero competir con nadie, es pura satisfacción personal, nada más, no se lo voy a echar en cara a nadie, pero me servirá para un par de becas, para abrirme paso en el difícil mundo profesional, o qué, ¿a poco para que uno cumpla sus sueños en este país es indispensable hacer el ridículo en la televisión? Carajo.

-----------------------
"I want to be the kind of dreams you'll never share"

13/10/08

Consecuencias


[Una playa en Mazatlán, Sinaloa]

1. La repetición consistente de las mismas actividades durante un prolongado periodo de tiempo conlleva, en la mayoría de los casos, un hastío generalizado por la monotonía de la rutina que provoca estados de angustia, depresión, irritabilidad y demás consecuencias nefastas. Hace un año que entré a la escuela y el fin todavía no se acerca, a pesar de que sé mucho más sobre antropología que lo que sabía antes de entrar. F ya está harto de su trabajo y ha dictaminado seguir ahí hasta enero. Y sin embargo, nosotros estamos mucho mejor que nunca. El miedo al cambio permanece, es indiscutible, pero la emoción de hacer algo nuevo no se compara con nada. Ayer fuimos a repartir volantes de KPD. Y mientras... a la espera.

2. Mis ambiciones profesionales van mutando poco a poco. Todo el año pasado me interesaban los niveles de verdad y realidad aplicables al mundo humano, los matices y juicios que establecemos, cómo se producen las diferencias y la intolerancia entre los grupos. Aún no me queda claro, pero empiezo a intuir que es por la educación. Los niveles de educación crean marcadas diferencias entre grupos que no siempre se resuelven de manera armoniosa. Pero ahora, con mi renovado entusiasmo por la edición y la expresión audiovisual, pretende incursionar en el intrincado mundillo de la antropología visual, y como primer trabajo entregaré una pequeña investigación comparativa entre parejas heterosexuales y homosexuales, y las relaciones de roles y dominación que se dan a su interior. Había pensado, pues, hacer mi tesis sobre los fenómenos socioreligiosos de los iztapalapenses, pero si mi investigación resulta interesante, tal vez regresa al terreno de la política y las relaciones de género y poder... ¡Diantres! Pero en esta dimensión, como en muchas otras de mi vida, simplemente me dejaré llevar y a ver qué sucede.

3. No sé si este año he sido yo mismo o he mantenido una máscara con mis compañeros de escuela. Según yo, me he portado como quiero con ellos, sin importarme las relaciones de fraternidad que pudiesen surgir de la convivencia. ¿Por qué? Porque esta vez la escuela no es una obligación ni un deber que debo cumplir de la mejor manera posible. Antes de la UAM, en toda mi vida académica, había intentado establecer esos lazos de fraternidad para hacer la estadía más llevadera. Ahora, no me interesa. Realmente estoy preocupado por la obtención y comprensión de conocimientos, por el aprendizaje y las experiencias que tengan qué ver con lo que estoy estudiando. Sin embargo, esto me ha traído consecuencias, mayormente negativas, las cuales francamente no las esperaba: una exclusión del ámbito social que se identifica como "grupo" de antropólogos uameros, tal vez no explícita, pero que se refleja sobre todo en las actitudes que mis colegas tienen para conmigo. Seguramente se da desde hace un tiempo, pero no lo había notado hasta hoy. El siguiente paso es establecer la razón de esta presunta exclusión: mi actitud hacia ellos, o mi alejamiento en las distintas actividades lúdicas que organizan para fortalecer los lazos de fraternidad. Es más: ni siquiera tengo ahijado. Lo cual, extrañamente, no me provoca gran cosa...

4. La prioridad establecida entre mis distintas actividades y tareas me ha alejado sistemáticamente de la inspiración y la disponibilidad para seguir escribiendo cuentos. Muchas veces los veo en mi cabeza, imagino situaciones, conflictos, choques, pero no me siento con las ganas suficientes de crear historias. Ahorita lo que más me preocupa es el video de relaciones de dominación, cómo lo voy a estructurar, qué voy a incluir, cómo voy a grabar, escribir el guión, documentarme sobre el tema (en lo cual voy muy atrasado), ese tipo de cosas; luego, las demás materias, las lecturas, las exposiciones, incluso los trabajos finales; después mi actividad laboral, seguir repartiendo volantes, estar atento a todas las oportunidades de grabar/editar videos, echar a andar de una vez por todas el proyecto; las encuestas en El Vicio, mis clases de alemán, la fiesta en diciembre, las cuentas por pagar, la higiene personal, la salud, el aspecto físico, las características del lenguaje, la inmensa creatividad del ser humano... Miles, millones de preocupaciones en mi cabeza que, francamente, han ido desplazando, aunque sea por un tiempo, la necesidad imperiosa de la creación literaria.

--------------
"Bésame... bésame mucho... como si fuera esta noche la última vez..."

22/7/08

A veces




A veces, cuando te enojas o te enfadas por cualquier cosa, siento una angustia terrible, pero no sé si por que temo que te vayas o por que la desesperación me hará pensar irme. Creo que es más lo primero. Es verdad que siento desesperación, por no saber qué hacer ante tus cambios de humor repentinos, ante tus ataques de enfado, ante tus disgustos inexplicables para mí, pero nunca me alejaría de ti por mi propia voluntad.

Hay quienes no estamos hechos para ser libres. Y la verdad es que yo dependo tanto de ti...

5/5/08

Cuando quieras quitarme la vida



Ya ha pasado la tormenta, según parece, pero los daños están hechos, y quedarán, para siempre, marcados en el muelle, para que nunca se olviden, para que, en el futuro, cuando el mar esté en calma y los pescadores se confíen, haya uno que les diga, Recuerdan la cabaña que estaba allá, era de fulano, y ahora ya no está, se la llevó la tormenta, y lo que aprendieron, si es que algo aprendieron, no se pierde en los laberintos oscuros del tiempo y de la memoria, para atarles una cuerdita, seguir avanzando, cada vez es más difícil, de tantas cuerditas que llevamos atadas, no podemos movernos, continuar, por eso hay que deshacerse de las que no importan, y sólo esas, las que tiran las cabañas, esas sí hay que llevarlas siempre con nosotros.

Aquí quedaron los daños. Aquí no, en esta casa llena de sol, caliente, todavía extraña, es un paisaje distinto, los ruidos son diferentes, ya no está la maderería, o lo que fuese aquello, hombres trabajando hasta medianoche, ahora hay un puesto de tacos en la esquina, suadero, al pastor de pollo y longaniza, en la esquina un parque con un quiosco frente a una iglesia, la campana, sin falta, suena cada hora, once de la noche, doce de la noche, una de la mañana, dos de la mañana, después no sé porque duermo, tranquilo, con el eco del remordimiento, todavía, zumbándome los oídos, recordándome, Mira la suerte que has tenido, todavía poder dormir abrazado a un cuerpo que te ama, pero supongo que, como a las seis y siete de la mañana sigue sonando, igual lo hará a las tres, cuatro y cinco. Los olores también han cambiado, las paredes, los gatos y camiones pintados en la recámara, la cenefa despegándose en la sala, todavía vacía, excepto por el librero, ya atestado de libros errantes, la cocina, con una mesa faltante, pero por lo demás, cualquiera que vea esto diría, Que linda casa, y yo respondería, Pues no gracias a mí.

Eso y el trabajo. Después de un mes y medio, casi dos, contestando llamadas, ofreciendo productos que cambian la vida, superando rechazo tras rechazo, frustración tras frustración, no tolero no ser bueno en algo, no puedo ver mis métricas, todavía peores a las de O, y continuar trabajando tan tranquilo. Y no me importa. Trabajar en algo más, o en algo menos, sirviendo cafés, haciendo frappé, "esmutis", limonadas, por una miseria... De una frustración a la otra, por qué no puedo vivir de editar, de escribir, por ejemplo, si me pagaran por hacerlo, que feliz sería, la vida otra cosa, no tener que saltar de un trabajo al otro, ni soportar jefes déspotas, ni compañeros pedantes, que creen que lo saben todo pero no pueden armar una maldita máquina de capuccino frío, para qué la desarman entonces, y el otro, flojo como el solo, barrer, cuánto trabajo, cabrón, barrer y tallar, jalar y secar, eso es lo justo, dos y dos, cuándo alguien escuchó decir, y aceptó, que uno haga una cosa y el otro tres es justo, cuando ambos tienen el mismo puesto y se reparten tareas que son equivalentes, como en KFC, que tiempos aquellos, cerrar trasempaque, por ejemplo, uno hace el wash, el otro lava las freidoras, una cosa es una chinga, la otra es un riesgo, y eso es lo justo, malo cuando uno se iba a las nueve y tenía que dejar a E sola, porque la StoreTrainer no me quería ver más allí, cambiaba el filtro, lavaba las cuatro máquinas y una se quedaba sola, para lo que se ofrezca, de noche no hay ya tanta gente, uno que otro perdido, borracho, comprar una papas chicas para poder entrar al baño, pase así, no me haga ensuciar la máquina otra vez oiga.

El caso es que tengo 22 años, casi, y no puedo dedicarme toda la vida a esta clase de trabajos, por muy dignos que sean, lo que yo quiero es otra cosa, algo más retador, algo que me haga esforzarme en serio, que no sea solo trabajo físico. En la finca está bien, no es pesado, ayer lo fue, pero eso es por "la situación", dijo M, por el Foro será, qué sé yo, es pesado, sí, pero no tanto, fue mi segundo día, funcioné bien, supongo, me falta experiencia, práctica, después haré todo sin pensarlo, justo como en KFC, presionar botones, echar hielos, servir, entregar, es todo, quién sigue.

A algunos nos tocó chingarle. Otra cosa sería, si mi padre fuese rico, por ejemplo. Para empezar, no estaría viviendo aquí. Me habría ido ya a Francia o a Sudamérica a estudiar. No tendría que trabajar. Esta PC sería una MacPro y yo estaría, ahora misma, escribiendo reflexiones sobre la vida tirado en el pasto del campus, fumando mariguana y filosofando sobre las virtudes espirituales de la materia o algún tema por el estilo, y en cambio, estoy aquí, muriendo de calor, en el día más libre que tendré en el año, sin ganas de hacer tarea, queriendo descansar, sólo descansar, pero el remordimiento no me lo permite. Sé que tengo tarea que hacer, y en cambio, estoy aquí, escribiendo tonterías que a nadie le interesan, sólo para desahogarme.

Desahogado estoy. Y ahora, a seguirle chingando, no hay de otra... Pero antes, terminaré el Ensayo sobre la ceguera de una vez, para ver si en la biblioteca de la UAM tienen Marianela de Pérez Galdós, que tengo ganas de leerlo de nuevo. Quizá por la historia de los ciegos. O quizá no.

--------------------

"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos", José Saramago

15/7/07

No se olvida



Dos marchas, un mitin en plaza pública, una reunión con ejidatarios, una asamblea nacional, un par de volanteos, y muchas sesiones ordinarias y extraordinarias del comité. De eso se conforma mi historial como revolucionario. He hecho tan poco.
Mis días consisten, o al menos los últimos, en levantarme de la cama, vestirme, sentarme a escribir, cambiarme, desayunar/comer, tomar el metro, leer la biografía del Che, trabajar diez horas rodeado de gente que pertenece a un grupo social que una vez admiré, por su lucha y su actividad política, pero ahora, al contactarlos, al conocerlos, me he dado cuenta que la mayoría son vacíos, secos del cerebro, faltos de ideas propias, preocupados por banalidades, sin saber ni apreciar, ni practicar, dicho sea de paso, lo que sus dirigentes una vez lograron, y haciendo todo lo contrario a lo que intentaron predicar, discriminando, haciendo a un lado, ignorando a otros grupos minoritarios. Prosiguiendo con mi rutina: termino de trabajar como a las 10 y media u once, me dirijo otra vez al metro, otra vez leo la vida del Che, llego a mi casa, como/ceno, leo El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Cervantes -unas tres o cuatro páginas por sesión-, o si no toco la guitarra para no perder la práctica, no me da tiempo de hacer las dos, y me acuesto en la cama, dispuesto a empaparme de amor para dormir tranquilo. Los días de descanso salimos, vamos a algún museo, a la cineteca, visitamos a alguien, compramos la despensa, ese es el único que varía. Si no aprovecho, al menos vivo 15 ó 16 horas al día. Todavía duermo bien.
Pero siento la angustia ahogándome. Siento la necesidad imperiosa de utilizar mi tiempo en lo que antes lo usaba, en lo que antes agotaba mis energías, físicas, intelectuales y monetarias. Todos los días recuerdo que este país, esta sociedad está condenada a cambiar para no perecer. Cada día veo la injusticia, le desigualdad, la ignorancia, la pobreza extrema, y la rabia me invade. No estoy al día con lo que pasa en el mundo, mis actualizaciones se limitan a las primeras planas que leo en los puestos de periódicos, y la mayoría consisten en "¡Mató a la nuera!" o "¡Partido en dos!", pero sé que las cosas no pueden andar bien, porque no se ve en las calles. Porque la política sigue siendo, como siempre, un ranking de popularidad, porque, por más bonita y moderna que se vea la ciudad, no significa que haya un avance o un progreso. Acá, en los lados feos, todo está igual, los desempleados siguen sin empleo, los desnutridos siguen sin comer, los analfabetos siguen sin ir a la escuela. Eso es lo que más me preocupa, la educación. Estoy convencido que un proceso revolucionario no puede llevarse a cabo sin la participación popular, y ésta no puede accionarse sino en personas con un nivel de educación medio. Con gente que sepa un poquito de economía, de política, de sociología. Y me gustaría hacer eso, en mis ratos libres -que son de por sí pocos-, participar en campañas voluntarias de educación, y hacer algo por mi país.
No me siento patriota. No siento que este sea un país que yo deba defender con la vida, pero sí lo haría por las personas. Ellas no son las culpables de su ignorancia, sino este sistema horrible, esta tríada gobierno-iglesia-medios de comunicación, esos son los que chingan la nación. Más los últimos, embobando, durmiendo conciencias, volviéndolos adictos a dramas insensibles, a juegos sin motivo, a noticias que desinforman. Sé que cuando entre a la UAM podré sumarme a algún grupito de rebeldes que encuentre por ahí, que sí los hay, y organizarme con ellos para armar un documental sobre la pobre educación de los mexicanos, o una jornada de educación, o un taller de lectura y redacción... Tantas cosas. Por eso no puedo esperar para entrar a la escuela. Por eso, y porque estoy ávido de aprender acerca del hombre y sus sociedades. Pero ya cada día falta menos, ese es mi único consuelo.

"Si mi sangre pide, mi sangre le doy/ por los habitantes de nuestra nación"

29/6/07

La oscuridad de repente



Ha sido difícil, pero están a punto de lograrlo. Sólo necesitan caminar unas cuadras más, y llegarán. Los tres han ido temerosos todo el camino, asidos con todas sus fuerzas a las manos de los otros, desatar la diminuta cadena humana que los guía y les da seguridad sería su perdición. La de René y Tere, porque se sentirían defraudados de sí mismos. La de Hugo, porque se perdería para siempre y no tendría salvación. Estuvieron preparándolo durante un par de meses para este momento. En un inicio el niño se negaba a aceptar que tenía que aventurarse al mundo por sí solo, sin nadie que lo guiara. Si apenas empezaba a medir los espacios de la casa, a intuir dónde estaban las puertas, las ventanas, cuántos pasos había que dar para llegar a la cocina, y lo más peligroso, la altura, longitud y cantidad de los escalones. Todavía, al abrir los ojos y no ver nada más que negrura, le daba un pavor terrible levantarse de la seguridad inóspita de su lecho. Pero René y Tere le habían dado confianza en sí mismo, en que el mundo no era tan difícil de andar, aunque no hubiese luz que guiara sus ojos, había otros métodos, otras maneras, el oído la más importante, y el bastón, una secundaria. Ellos habían sido su luz todo el camino. Hugo estaba convencido de que soltar la mano de Tere sería su perdición. En el centro de la ciudad, el sol brillaba, obligándolo a usar esas gafas oscuras enormes que le cubrían casi todo el rostro, y la gente iba de un lado para otro, apurados. Ellos tres eran los únicos que se tomaban su tiempo. Al fin y al cabo, tenían de sobra, según René. A él no le hubiera gustado que Hugo saliera de la casa tan pronto, pero con las precarias situaciones económicas de la asociación, no le quedaba otro remedio. Si querían recibir un nuevo aporte para un nuevo miembro, éste tenía que presentarse a las oficinas del gobierno y dejar en un papel sus huellas dactilares, tomarse unas fotografías, entrevistarse con fulanito, hacerse un examen médico, y un sinfín de trámites más, que les llevaría sin duda todo el día, entre el ir y venir de las oficinas, no había salida, así es la burocracia mexicana. Tere fue quien encontró a Hugo, un día, no hace mucho. Se había perdido en un callejoncito, muy cerca de las instalaciones de la asociación, y lloraba como un bebé, gritando para que alguien por favor lo encontrara. A estas alturas, Tere creía que no se había perdido, sino que lo habían dejado ahí. Por lo que le contaba Hugo durante sus arranques de confianza plena, su madre -con quien vivía- podía ver, y veía la miseria de su casa, de sus siete hijos, del padre mujeriego y vividor, podía ver el infierno en el que vivía, por eso de vez en cuando pensaba que lo había abandonado no por desinterés, sino por compasión, a las puertas de la asociación, para que ella lo encontrara y lo salvara. Era mejor pensar eso de la madre de un niño tan noble, que imaginarla como una bruja cruel y despiadada. No iban a soltarse. Al llegar a una esquina, René anunció, Faltan dos cuadras, y Hugo dibujó una sonrisa de ansiedad en el rostro. El espacio abierto le atemorizaba más que nada. En los ocho años que había pasado en su casa, sin ver, jamás había salido a la calle. Y ahora, helo aquí, aventurándose a la inmensidad de la metrópoli. Escucha un murmullo que se acerca. No es en realidad un murmullo, sino un rumor que lo pone nervioso, porque parece un rumor de las masas. Un altavoz. Pasos, aplausos, tambores, matracas. A lo lejos, distingue una frase, "El pueblo, unido...", y las manos le empiezan a sudar. Se dirigen a ellos. René se da cuenta, avanzan con rapidez, tiene que actuar pronto. Verse envuelto en una manifestación masiva es lo último que quiere. Pero los manifestantes se acercan antes de que se le ocurra nada. Comienzan a sentir el rose de los cuerpos, los gritos en los oídos, los estruendos de las bandas carnavalescas que los acompañan. Se ven rodeados, y están a contracorriente. La gente los empuja sin querer, les dice Perdón, pero no se detienen, luego hay otros que los vuelven a empujar y no hay remedio. Se quedan inmóviles, apretándose unos contra otros, nadie parece verlos, por el simple hecho de que ellos no ven a nadie. La densidad de las personas se agudiza, se vuelve más difícil permanecer juntos, Hugo está temblando, una lágrima rueda por su mejilla, está espantado, paralizado, bañado en sudor, y por eso, por las manos resbalosas, por unos adolescentes encendidos, alguien empuja con violencia y los tres van a dar al suelo, Hugo cae de rodillas, ignora cómo o dónde cayeron sus tutores, sólo sabe que al no sentir la mano de Tere, la oscuridad total, la irremediable, la que significa su segunda muerte, ha caído sobre él de repente. La mano que sostenía era su única salvación, su luz en el mundo, su esperanza de vivir. Ahora no le queda nada, sólo el suelo de piedra, caliente y sucio, y el infinito de los pasos que lo rodean, que lo aplastan. Alguien lo toma del brazo y lo levanta de un jalón. Hugo alcanza a pescar la mano que lo levantó y le pregunta, Tere, pero un hombre contesta, le dice, No, allá está, y se aleja, no puede perderse el mitin, Hugo da tres pasos hacia la nada, choca con alguien, repite, Tere, pero nadie contesta. No le queda más remedio, tampoco es que pueda soportar otro instante, así que suelta sus pulmones, sus lágrimas, su voz, y llora gritando, desamparado, pero su grito lo ahogan para siempre las consignas, los tambores, los aplausos, "...Jamás será vencido".
Siente una mano en el hombro cuando cree que ya todo está perdido, que nada tiene solución. Es una mano delicada, casi del tamaño de la suya, es una mano salvadora, una mano luminosa. Guarda silencio dos segundos, con algo de temor, pregunta por tercera vez, Tere, y una voz le contesta con otra pregunta, Hugo, y entonces no sólo es mano y hombro los que se tocan, sino todo el cuerpo, en un abrazo fuerte, apretadísimo, blindado de todo empujón, de toda consigna, de toda manifestación política o social, no saben, no les interesa, lo importante es que se encontraron, que se toman de la mano otra vez, que la luz guía ha regresado, y con ella, la esperanza, el futuro, la vida misma. Los manifestantes se dispersan, sus gritos se escuchan allá, lejos, la calma, el silencio, la seguridad, vuelve al mundo. Hugo deja de llorar, se tranquiliza al fin, René los encuentra con menor dificultad ahora que la masa se diluye, y los invita a apurarse. Ya sólo falta una cuadra, les dice. Y caminan, esperando no volver a soltarse otra vez.

(FIN)

11/3/06

#4: "Ahí viene la reina" (Domingo)



(De la serie "Carnaval")

Por poco y vomita cuando apareció el rostro de Rosendo en medio de la multitud, sonriente, relajado, se veía tan guapo así. Sus ojos se llenaron de lágrimas, se tambaleó y estuvo a punto de perder el equilibrio, o la voluntad de estar de pie, pero por suerte un paletero que pasaba detrás de ella la detuvo, suerte para Toñito, porque si Margarita cae, el bebé cae desde más alto y con más dolor al impactarse. Jimena y Mariano se quedaron muy quietos cuando su madre empezó a llorar, ya no iba a vomitar ni se iba a caer, pero es que se negaba a creer los chismes de su comadre, tenía que verlo con sus propios ojos, no podía ser que Rosendo la estuviera engañando, a estas alturas, con tres hijos ya, era para que hubiese madurado, por Dios, cómo podía seguir igual que cuando eran novios, igual de mujeriego, de facilote, de golfo, ya es papá, mierda, Margarita no era una mala esposa, un poco alcohólica, sí, pero ese era un hábito recién adquirido, alguna forma debía encontrar para soportar los rumores de infidelidades que la bombardeaban hasta la locura, por eso mismo, en la mañana, cuando Rosendo se bañó muy temprano, se peinó con cuidado, desayunó una barra de granola y un vaso de jugo de naranja, planchó su camisa, su pantalón, se rasuró, se cortó las uñas, se perfumó, Parece que vas al baile, Voy a la oficina, Es domingo, Rosendo, hoy descansas, Hoy no, es carnaval y hay mucho trabajo, no vendré a comer, es más, mejor no me esperes en la noche, ¿estamos? Pero Rosendo, ¿y el desfile? ¿No vas a llevar a los niños? No, no, n’ombre, Magui, voy a andar bien ocupado, y ni se te ocurra ir sola con ellas, con tanta gente hasta se te puede perder un chamaco, mejor los llevo el martes, ¿estamos?

Por eso bebió.

Y ahora, frente a ella, frente a sus hijos, podía contemplar cómo, en efecto, Rosendo la creía una estúpida, y eso era lo que más le dolía, verlo todos los días así, arreglándose con descaro, llegando tarde, diciendo que trabajaba como burro aunque siempre traía la cartera vacía, y Margarita se preguntaba si en serio creía que ella no sospechaba nada, o si nada más no le importaba. El llanto incontrolable se desbordó cuando Rosendo, luego de propinarle un apasionado beso a su joven y bella acompañante, miró hacia donde estaba Margarita, a mitad de la calle, con Toñito en los brazos, Jimena tomada de su mano y Mariano agarrado a su pantalón, y no supo dónde meter la cara, cómo quitar el brazo de la espalda de la mujer con la que estaba, si levantarse e ir hacia su esposa o aparentar que no la había visto. En eso el flujo de gente que avanzaba calle arriba aumentó, vendedores retrasados y turistas desubicados apretaban el paso porque detrás venían las patrullas abriéndole el paso a la caravana de carros alegóricos, y Margarita fue arrastrada por la corriente humana, empujada, pisoteada, en aquel momento se dio cuenta que Mariano ya no la estaba sujetando, cuando por poco se le resbala la mano de Jimena, la acerca a ella y la abraza, pero Mariano no está, Margarita no lo ve, y le grita, Mariano, primero temerosa, el nombre tiembla con la esperanza de que la voz del niño surja de entre aquel tsunami viviente, Aquí estoy, mamá, pero no, sólo escucha gritos entusiastas, aplausos, silbidos, Ahí viene la reina, los fuegos artificiales estallan sobre su cabeza y entonces su temor se convierte en una súbita desesperación, Mariano, Mariano, ¡MARIANO! Pero es como si Mariano se hubiese esfumado, como si la multitud incontenible lo hubiera consumido, y nadie se detenía, cómo, si ahí viene la reina, ya empezó el desfile, abran paso a su majestad, y Mariano no está, Margarita gira la cabeza en todas las direcciones posibles, se pone de puntas, se agacha, grita más fuerte, ¡MARIANO! Toñito ha empezado a llorar, lo han asustado los gritos, tal vez los de la gente, tal vez los de la pobre Margarita que no encuentra a su hijito y nadie se preocupa por ayudarla, ¿no ven que estoy ebria y no puedo buscarlo yo sola? Y de repente comprende que no va a encontrarlo, se arrodilla en el suelo y llora, llora por todo, por su marido infiel, por su alcoholismo incurable, por la juventud perdida, por que Toñito llora, porque Jimena también ha comenzado a llorar sin saber bien la razón, porque la gente no la ve, tal vez se volvió invisible, y llora por Mariano, porque no volverá, porque su padre tenía razón, porque está ebria, porque…

–Señora.

Un policía de tránsito le toca el hombro con brusquedad. Margarita alza la vista, lo mira con los ojos rebosantes de lágrimas creyendo ver en él a su salvador, después de todo no es invisible, tal vez el policía, un hombre heroico, con espíritu de servicio, logre encontrar al pobrecito Mariano, aunque sea como descubrir la aguja en el pajar, pero no tiene dudas, él podrá, la ayudará…

–Hágase a un lado, por favor. Ahí viene la reina.

(FIN)

27/10/05

tulipanes

tulipanes

Se sentía perdido en medio de un inmenso desierto de luz. El resplandor blanco lo cubría todo, parecía atravesar su cuerpo y envolverlo en un manto de calma y tranquilidad infinitas. No sabía cuánto tiempo había estado así, pero tenía la impresión de haber pasado toda una eternidad. Su mente, también limpia e inundada por la luz, se había olvidado de todo, incluso de su nombre. No había más preguntas, ni más miedos, ni más problemas. La gloriosa blancura lo era todo, y Armando viajaba flotando a través de ella, maravillado, sorprendido ante aquel paraíso de inconsciencia.

Sintió un agresivo tirón y al instante fue expulsado de su inmaculado refugio, y al abrir los ojos, descubrió que estaba ciego. Sus párpados dejaron entrar una oscuridad sólida y macabra, y con ella entraron también la angustia y la desesperación. Qué pasó. Dónde estoy. Tampoco podía hablar, ni mover un sólo músculo, ni escuchar nada. Sus ojos buscaron algún residuo de la magnífica blancura en la que había estado atrapado unos segundos antes, sin éxito. Cada bocanada de aire, cada latido de su corazón eran ahora una tortura indescriptible. Poco a poco, comenzó a sentir que su cuerpo se balanceaba con suavidad. Una delgada línea blanca fue dibujándose sobre él, recortando su figura en un rectángulo negro. Murmullos distantes, que fue identificando como llantos, en las voces de conocidos. Escuchó a Elisa, su mujer, y a su madre, y a sus hermanas. Pero parecían inmersos en un dolor tan profundo que lo alejaba de ellas. Trató de hablar, de llamar a su esposa, pero de su garganta sólo brotó un gemido casi inaudible. Logró mover un poco sus manos, las cuales estaban colocadas sobre su pecho, y tocó los suaves colchones que lo rodeaban. Sus movimientos eran lentos y necesitaba hacer un enorme esfuerzo para dejar de temblar. Luego de un rato pudo oler las flores. Sin duda, eran tulipanes. Su memoria le trajo de inmediato a la cabeza una conversación, de muchos años atrás, con Elisa. No me gustan las flores, Por qué, Porque son para los muertos, Y cuando te mueras, quieres flores, Claro... pero que sean tulipanes. Algo golpeaba el techo de, ahora lo sabía, su ataúd. Tierra, puñados de tierra. Los llantos se pronunciaron. Armando temblaba aún más, trataba de gritarles que no estaba muerto, por favor, sáquenme de aquí. Pero no podía hacer nada. De entre las voces, ya bastante lejanas, pudo escuchar la de Claudia. Mamá, qué le pasó a mi papi, y Elisa contestando, Tu papi se fue al cielo, hija. Y Armando empezó a llorar.

(FIN)

------------
[Versión 2]