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22/4/05

mi pisoteada (y poco relevante para mí) reputación

-ya se va mi hijo a tijuana.

mi abuela se queda en silencio. sí, todavía me besa porque soy su nieto, y me da de cenar frijoles con queso (mi cena favorita), y dos vasos de leche, y me deja sentarme en medio de la sala para ver el futbol, pero ya no es lo mismo. yo sabía que algún día no sería lo mismo, pero no tenía idea que todo cambiaría durante su estancia en tijuana, cuando compartimos el mismo techo, y tan de repente. el anuncio en sí, el miércoles por la noche, volvió todo real, echó a andar una máquina imparable a partir de este momento. hasta entonces, la intención de regresar a tijuana sólo me incumbía a mí. a partir de que se dio a conocer en mi familia, se hizo oficial, se volvió inevitable.

mi madre se enteró por boca de mi hermana, mi hermano por boca de mi madre, y aún quedan algunos tíos despistados que no se han enterado y quizá sólo sepan de mi partida cuando yo ya esté allá. "que ya llegó tu sobrino a tijuana", "¿pues cuándo se fue?". ya hicimos cuentas. ya fijamos el día. ya cambié mi cepillo de dientes, mi desodorante y compré rastrillos. ya hasta sé qué ropa me pondré durante el viaje, y visualicé cientos de veces, durante las largas horas de insomnio, cómo será mi partida y mi llegada, qué pasará conmigo, cómo sobreviviré, esta vez solo. ¿será un capricho mío, nada más? vivir solo... desde que llegué a casa de los herrera, manifesté esa inquietud mía de mudarme a un lugar donde pudiera ser independiente. por supuesto, mi tío se rió de mí, mi tía expresó su incredulidad. luego de los problemas que tuvimos, no sé con qué cara iré a visitarlos. tan sólo imaginarme qué pasará si no voy en mi cumpleaños a su casa, que dirá mi abuela,el resto de la familia. que me descarrilé, que estoy alejándome de la familia, que soy un ingrato, después de todo lo que hicieron por mí, no supe apreciar lo que dieron... ¿qué me dieron? una cuerda para amarrar las todavía débiles alas que recién me habían nacido, y que yo luchaba por estrenar.

-no quiero decirte nombres para que no haya más problemas, pero quiero que demuestres que no te vas por lo que dicen. a mí me vale madre que me digan que es un capricho tuyo, tú demuéstrame que vas a lo que vas y punto final.

hasta acá me llega el eco de la risa burlesca de mi tía paty, "permíteme que me ría, mijito, pero veo difícil que llegues lejos con esa actitud... eres un soberbio". la rabia brotaba de mí por cada poro, por cada hueco, por los ojos, y no, esta vez, no pude quedarme callado para evitar problemas... grité, provocando una avalancha terrible que todavía no termina: "pues ya verá cómo se lo demuestro". esto ya no es una simple búsqueda personal, ni una lucha... es una guerra. guerra contra los que no creen en mí. ya quiero verle las caras cuando regrese el hombre de bien que se fue como el "niño berrinchudo que parece de 13 años".

mi madre reaccionó bien. mis hermanos, igual. el menor, para variar, ya me tocó un punto débil hace un rato: "no te vayas...", me dijo, pero reprimí cualquier sentimentalismo y me fui al lado objetivo: "pues ya van a empezar las clases, qué querías..." me convencí de que es la única manera. revestir el corazón con una gruesa capa de frío metal, sólo así no saldrá lastimado. sí, ya sé, soy un egoísta... pero no me queda de otra. si los dejo tocarme, no me voy, y hay muchos incrédulos que necesitan ver para creer...

(-3 días)

28/3/05

reconciliación

andábamos enojados por aquellos días. apenas llegó él, me levanté del escritorio de mi computadora, dejando la ventana donde escribía uno de mis cuentos abierta. cuando mi padre se sentó y se enfrascó en la lectura, no le di importancia. terminaría diciéndome "escribes muy bien", o algo por el estilo. luego lo vi que se levantaba por pañuelos para limpiarse las lágrimas que se le salían. mis cuentos no eran nunca dramáticos. él no estaba leyendo ningún cuento. había encontrado, al fin, la carta, fechada el sábado 28 de frebrero de 2004.
"durante tu ausencia, desarrollé por tu persona una antipatía extrema, que raya en el odio, por tu mutismo, tu desinterés y tu indiferencia. Incluso estar cerca de ti me acelera el corazón de rabia, no aguanto tu presencia, y el hecho de que no me dirijas ni una sola palabra que denote curiosidad por mí..."
"me gustaría pedirte que te decidieras de una vez, porque tus vaivenes me están hartando y dentro de poco terminaré por aborrecerte como a nadie. si te quieres ir de nuestras vidas, lárgate y no vuelvas jamás, porque jamás te volvería a recibir en la mía. para de ser una sombra ausente, un ser mitológico, una fuente de ilusiones falsas para mis hermanos, un hombre encadenado a un error. si crees que te quitamos tu libertad, tu tiempo o tu esfuerzo, largo, que no te hemos necesitado mucho y sé que podríamos salir adelante sin ti..."
en resumen, lo anterior fue lo más hiriente que alcanzó a leer en la pantalla del ordenador. me llamó, temeroso, y me preguntó si no tenía nada qué decirle. un seco y cortante no fue toda mi respuesta. él se sentó frente a mí, alcanzó mi guitarra y comenzó a tocar una sola nota, como para distraer el remolino de sus pensamientos, mi, mi, siempre mi, tensando y soltando la primera cuerda, a ver si así lograba borrar de su memoria lo que acababa de leer. yo mantuve todo el tiempo mi expresión dura, qué quieres que te diga, qué, no ves que está muy claro. no nos veíamos a los ojos. yo, por temor que, al ver de frente sus lágrimas me las fuera a contagiar, arruinando mi máscara imperturbable de hijo herido. él, quizá porque sentía miedo de ver en mi rostro el odio que leyó en mis palabras, y ganarse una imagen que jamás conseguiría borrarse de la memoria. mi tío nos interrumpió el denso silencio en el que habíamos quedado atrapados, mi papá se limpió las lágrimas, yo me levanté y me fui.
cuando volví, su respuesta estaba lista. un resumen de la vida que había tenido que soportar fue el primer paso en nuestra reconciliación. fuimos paso a paso, sin acelerarnos. parece que hemos vuelto a tropezar, hace cuatro días que no lo veo... sólo espero que se la esté pasando bien.