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7/1/14

Volver, volver (vol. 2)


Jueves
Sentado, cerca de la puerta 6, muriendo de frío a pesar de mi gorro, suéter y chamarra, pensaba en los ruidos que hacía mi estómago, y en lo que haría más tarde, esa misma noche, pero a dos mil 800 kilómetros de distancia. Pasaríamos por E, mucho gusto verte de nuevo, bajaríamos al centro desde las 6 de la tarde, dejaríamos el coche en el estacionamiento de al lado, y entraríamos por fin, al Za***, como había estado esperando gran parte del año. La novedad era un enorme tubo de ventilación que ponía el ambiente más helado que antes, en los tiempos de gloria, pero son nimiedades. Lo que en verdad me molestó fue el grupo de jovencitos pseudo-hardcore que ponían música horrible en la rockola, pero bueno, qué se le va a hacer, acá existe la democracia y quien pueda pagar, elige la música. Un empleado de la aerolínea se acercó y nos preguntó, a mí y al resto de personas que esperábamos sentadas, que si viajaríamos con ellos, porque ya podíamos pasar a documentar. Eran las 2 de la mañana. Llegó la hora, pensé.

Viernes
Bueno, vámonos o qué, dijo el primo de M, minutos después de que el compa de nuestro nuevo amigo, Carlos Alberto, dejó su lugar para él. Aún no tenía muchas ganas de irme, pero nuestro guía insistía, nos llevaría de tour por la Sexta, y el entusiasmo, por alguna razón, se apoderó de mí. Salimos del Za*** al frío del exterior, y caminamos hacia la Revo. El primo de M hacía señales curiosas, del tipo bochornosas, con las manos, para indicarnos el camino a seguir y animarnos a que, a pesar de la mano roja encendida, podíamos cruzar la calle. Carlos Alberto iba tirando los billetes por la banqueta, como si nos sobraran, pero no se daba cuenta el pobre. Después de caminar varias cuadras llegamos a la primera parada, el Mo*******. No cabía un alma. Con dificultad llegamos hasta la parte de atrás, donde dos o tres djs hacían sus mezclas entre luces verdes, humo y la película de Sin City proyectándose en la pared. Todo indicaba, a estas alturas, que podría ser una buena noche.

Sábado
Miraba fijamente el cuadro brillante de la tv, esperando algo, y pensando en que el pinche Güero me había estafado. A lo largo de la noche había tenido sensaciones extrañas, sí, pero nada de lo que esperaba. En ocasiones el marco del mueble sobre el que estaba la tele parecía brillar demasiado, más que la misma pantalla, pero nada más. Sientes algo, le pregunté a A, No, y tú, No. Estúpido Güero, pensaba. Ya sólo quedábamos nosotros dos despiertos, más de cuatro horas después, manteniendo todavía la esperanza de que en cualquier momento empezaría lo bueno... Pero no. Nos hubiéramos quedado en el Za***, pensé. Tal vez la dosis no fue suficiente, volví a pensar. Y después caí dormido.

Domingo
Cuando al fin Roberto se cansó de hablar de fantasmas, sueños y soldados del señor, pude observar a mi alrededor con calma, pensando que yo no veía malas vibras ni energías negativas en estas personas. Todas, o la mayoría, estábamos ahí para pasar una buena noche, con, esta vez sí, buena música, alcohol y demás estupefacientes, a elección de cada quién. La manzana estaba vacía, pero todavía teníamos la bala llena. El sujeto que nos la había pedido hace rato, de nariz respingada y ojos claros, más de cincuenta años, se dejaba seducir por un cholo, en la mesa de al lado, quien después de susurrarle algo al oído, fue a conseguirle un toque. Cuántas historias se cruzan acá abajo, pensé. Por eso me gusta este lugar.

Lunes
Miraba fijamente el techo del cuarto del hotel, las sombras que proyectaban su acabado irregular, rasposo, con pintura blanca, parecían bailar por momentos, pero nada significativo. Lo más raro fue el momento en que los personajes de la telenovela empezaron a moverse en algo parecido al fast-motion, aunque tal vez hubiera sido mi imaginación. No quería fumar, no quería perderme de nada, prefería esperar, a esa hora todavía tenía esperanzas. Esta vez sí pasará algo, me repetía mientras veía el reloj acercándose a la hora límite. Pero nada pasó, otra vez. Entonces no fue cosa del Güero, pensé, retirándole toda culpa y sintiéndome aliviado por no tener que reclamarle nada a mi regreso, sólo lo mencionaré como anécdota curiosa, Te acuerdas eso que me conseguiste, pues no sirvió. Tal vez es algo de mí. Como sea. Me cobijé bien, me di la vuelta y me quedé dormido.

Martes
Ahora sí me empezaba a sentir agripado. Faltaban quince minutos para las doce, y no podía evitar sentir un poco de nostalgia. Será igual que el año pasado, pensé, pero esta vez, con menos gente en casa de M, no hubo tantos abrazos ni tantas demostraciones de cariño de las cuales yo, por ser un extraño aquí, era obviamente excluido. Pensé en F, lo extrañé y quise abrazarlo. Pero me había propuesto disfrutar, nada más disfrutar, no pensar, no extrañar, no estar triste, no todavía. Me paré del sillón y me serví otro tequila, el último de la botella. Lo siento, papá de M.

Miércoles
La música no estaba mal, la cerveza barata y la compañía no podía ser mejor. Me dio gusto ver a C, y por un momento olvidé que hubiéramos podido estar en el Za*** si no hubieran cerrado hoy. Me fallaste por vez primera, le dije al bar en mi mente. Me dirigí al baño, con la bala y el encendedor en la mano. La verdad ya estaba cansado de salir a la calle a fumar, y decidí arriesgarme. ¿Qué podría pasar? Antes de entrar, miré que no viniera nadie detrás de mí. Las otras cuatro o cinco personas no se veían con intenciones de venir al baño así que fumé, cerca de la ventana, rápido y con algo de miedo. Volví a la mesa pensando que, a grandes rasgos, había sido una buena semana. Pudo haber sido mejor, pero eso no le quitaba los momentos chidos. Quedaba la incógnita de si habrá una tercera vez, pero esas son preocupaciones de las que me encargaré a su debido momento.

2/1/14

No es el año nuevo



No es el año nuevo que comienza, de ningún modo. Quién podría creer que una convención social para sincronizar nuestros días y noches puede tener algún significado espiritual o metafísico, o de la índole que sea. Dicen algunas personas que es un día más, como cualquier otro, uno de enero, la falsa sensación de que se puede comenzar todo de nuevo. Pero de energías está hecho este mundo y tal vez, sólo tal vez, si es lo que toda la gente busca y espera, una nueva oportunidad, una pizarra en blanco, un empezar de cero, sólo tal vez, el ambiente esté lleno de esa esperanza, de ese deseo, contagiando voluntades, empañando razones, haciendo brotar deseos.

Quiero un año de experiencias. Quiero un año de gozos, de alegrías, de recuerdos, de disfrute. Quiero extender los brazos y recibir lo que el universo me lance, sin preocupaciones, quiero ir con la corriente, dejarme llevar, aprender, enseñar, compartir, amar.

No, definitivamente no es el año nuevo. Es el viaje. Encontrar amigos entrañables, ir a lugares donde siempre te la pasaste bien, añadir un par de recuerdos más a la colección, un par de planes, un par de esperanzas... No todo salió como lo habíamos planeado, pero para mí fue un buen viaje. Ya se acabó. No sé cuándo se repetirá. No sé si se repetirá. Puede que sí, puede que no. El caso es que hay lugares donde siempre acabamos regresando, y hay personas con quienes se disfruta el tiempo, sin importar el lugar.

Crisis de inicio de año, pero no es tan grave. Me siento bien, a gusto, motivado, deseando empezar cosas nuevas, nuevos caminos, nuevas rutas.

O será la gripa. En estos tiempos ya no se sabe.

15/6/09

L'enthousiasme



1. La campana sonaba, y los niños, incluido yo, salíamos a todo correr de aquella insufrible prisión llamada escuela primaria. Por esos días me iba sin esperar a nada, ni a nadie. Sólo tenía que recorrer un par de cuadras, sacar la llave y abrir la puerta de la casa de mis abuelos. A esa hora, nadie había llegado aún. Así que dejaba mi mochila en alguna recámara, y con el corazón a punto de salírseme del pecho, abría los cajones del clóset de mi tía la menor, y sacaba el libro que, por alguna razón, leía en secreto. Tal vez porque era algo demasiado íntimo para compartir. El primer libro que leí.

2. Aprender a tocar guitarra fue una experiencia sin igual. Pero, el día que me percaté que ni mi dedicación ni mi talento natural me permitirían llegar demasiado lejos como músico de tiempo completo, decidí utilizar mi capacidad intelectual para ayudar a los músicos a sonar bien, y estudiar ingeniería en sonido. Esa carrera, si existía, no estaba en la Universidad de Guadalajara, pero aún así, quería irme. Cuanto antes. En parte porque sería más fácil que me admitieran en esa escuela terminándola allá -esa fue la versión oficial-, y en parte porque me fastidiaba que me estuvieran jodiendo con cortarme el pelo. Así que un buen día, lo decidí: me iría a Guadalajara.

3. El amigo de mi padre me esperó en el centro. Tomamos un taxi, de esos dorados que iban a Otay, e hicimos el recorrido en silencio. Hablamos de su trabajo, de mi escuela, y de otras vanalidades. Evidentemente, aquel hombre sólo estaba ahí por la legendaria amistad que, en otros tiempos, muy lejanos, había mantenido con mi papá. Pero no me importaba molestar. Nos bajamos una esquina antes, él quizá no se dio cuenta, estaría un poco desorientado. Caminamos por la avenida de los ingenieros, casi hasta el final de la calle, donde vivía su amigo, el Coronel. Pero el Coronel sólo rentaba cuartos para mujeres. "Pero aquí enfrente rentan", dijo. Así que fuimos. Un señor anciano nos abrió la reja verde. Nos mostró la habitación. Pequeña, con una ventana que daba a una pared, cama y buró, agua caliente y espejo en el baño. Estaba decidido. Ese sería mi nuevo hogar.

4. Después del gimnasio, Mónica y yo desayunamos en el comedor de la escuela y fuimos con Escalante. Eran casi las once. Escalante sacó de un rincón un pesado maletín negro, lo abrió y me mostró su contenido: una sony dvcam con micrófono, audífonos, gran angular, tripié, cargadores y tres baterías de 6 horas. Me brillaron los ojos. Pensar en sentirla de nuevo, en jugar con las imágenes. Capturar la imagen es todo un reto, pero el trabajo de edición... Eso es lo que en realidad me entusiasma. Eso, y comenzar mi formación como antropólogo visual.

17/2/09

Morir solos



1. Vi al Chayo en el centro. Nos habíamos quedado de ver gracias a mi papá. Nos montamos a un taxi de esos, dorados, de los que van a otay y a la uabc. Me sentía libre por primera vez, pero no era libre. Me sentía pleno, emocionado, con la seguridad de que, ahora sí, las cosas serían como yo lo había imaginado. No iba a ser como en Guadalajara, ya estaba decidido. Me quedaría aquí, haría todo lo posible por terminar la carrera en tiempo y forma y regresaría a mi pueblo siendo un destacado publicista. Tenía toda la vida por delante y la aventura me emocionaba. Me sentía fuerte, seguro, imparable. Chayo me invitó a comer comida china, en ese restaurante que estaba aislado de todo, solo en la acera, a unos cien metros del siguiente local. Una mesera muy amable nos atendió sonriendo y preguntándonos, con su mal español, si estábamos bien, si no necesitábamos nada más. Como hacía por aquellos días, me enamoré de ella.

Caminamos por la calle, arquitectos, creo que se llamaba, casi hasta la avenida que corría paralela a universidad. Eran unos edificios amarillos. El señor, un viejo ya muy viejo, me mostró los dos únicos cuartos desocupados: uno en el edificio principal, amplio, con una ventana enorme, baño grande, semiamueblado. Había dos camas, había que compartirlo con alguien más que ya vivía ahí. De ninguna manera, pensé. Así que bajamos a ver el otro, en el edificio lateral. Había cinco en total de ese lado. Teníamos una sala común, una cocina equipada, y cada quien su recámara. La mía era la más chica: un solo cuarto con una cama individual, una ventana que daba al muro, y un baño bastante grande. Todo para mí solo. Me pareció fabuloso, apenas verlo. Dije que sí, pagué 150 dólares y el señor, no recuerdo su nombre, me entregó las llaves. Era mío ahora.

2. Era un verdadero tormento tener que pasar por un teléfono público. Sacaba mi cartera y veía la tarjeta telefónica ahí, vibrando. Pero no me detenía. No me alcanzaba el valor, la entereza ni la firmeza para llamarles. Vivir solo es siempre más difícil que vivir lejos. Pero cuando las dos se combinan, es una tortura. Nunca mi familia se había significado tanto para mí. Los extrañaba en silencio. No quería llamarlos porque sabía que a la más mínima provocación lloraría, y entonces pensarían que soy débil, y que quería regresar. Prefería hacerme el fuerte. No pensar.

Había un Chez cerca de la casa, así que una noche solitaria, cuando aún no tenía tele, decidí ir. En el camino pensaba, platicaré con alguien, haré un nuevo amigo, tal vez sea una chica. Me senté en una mesa, mirando la puerta de entrada. Había dos mesas más: una pareja, y un grupo de jóvenes ya no tan jóvenes, riendo y gritando. Pedí una caguama, tecate, y puse dos canciones en la rockola. Si nadie me habla antes que pasen mis canciones, me voy, pensé. Así pasó. Me limité a beber y esperar. Nada pasaba. Nadie más llegó y la cerveza sabía mala, nunca me ha gustado la tecate. Pagué y salí del lugar, ofuscado.

Días más tarde, pasó. Caminaba hacía la casa después de un largo día de escuela y edición, mal comer, mal dormir, sin dinero, deprimido, con la certeza de que llegaría a casa y nadie me estaría esperando. Los vi a unos cuantos metros delante de mí, intentando prender, sin éxito, su cigarro. Me abordaron, Oye, tienes lumbre. Dije que sí. Tomaron mi encendedor y prendieron su cigarro, satisfechos. El más alto me dijo su nombre y el nombre de su acompañante. Yo dije el mío. Walter me preguntó, Fumas weed, y yo, emocionado, dije que sí.

Así empezó todo.

11/3/08

Virginio Urbina y el junkie del callejón



Salí del ciber al que solía ir por las noches, para no variar, deprimido y ofuscado por la soledad. Ante las expectativas de llegar a "casa" y no tener a nadie que me recibiera para preguntarme Cómo te fue o Qué hiciste, aminoré el paso y caminé mientras fumaba un cigarrillo. En la primera esquina, dos tipos me alcanzaron y me pidieron lumbre. Yo saqué el encendedor de mi mochila y se los di, sin dejar de caminar. Es extraño, que siempre he sido en exceso confiado con los desconocidos, y nunca me ha pasado nada malo. Coincidencias, o será el sereno. Ellos pudieron haberme asaltado (aunque se hubiesen llevado unos pocos centavos, pero la madriza quién me la iba a quitar), o al menos pedirme dinero, y a cambio de eso, uno de ellos, el más alto, me preguntó, ¿Fumas weed? Contesté que sí.

Eran un par de cholos típicos de la frontera, rapados, con sudaderas enormes, blancas con letras rojas, y pantalones amplios arrastrándoles sobre los tennis hinchados por el relleno de calcetines. Caminaban dando saltos, sin preocuparse por los coches que pasaban por la calle, sin voltear hacia atrás, a ver si no venía nadie. Por la acera de enfrente pasaron dos o tres personas, sin reparar en nosotros. El más alto me devolvió el encendedor y me pasó el toque. No lo pensé dos veces, y le di tres fumadas prolongadas y profundas. Sostuve el humo en los pulmones mientras cruzábamos la calle y después lo solté. Tosí un poco, estaba bastante buena. Fue curioso cómo me lo había pasado a mí antes de fumar él mismo. Cuando lo hizo, comenzó a toser con gran escándalo, inundando la calle. El otro, más bajo de estatura, se impacientó y le decía, Güey, cállate, mientras miraba hacia atrás. Supongo que se acordó que estábamos fumando a mitad de la calle, a las diez de la noche.

Me lo pasaron otras dos veces antes de llegar a casa. Íbamos platicando, no recuerdo sobre qué. Me dijo que si un día se me ofrecía algo, lo buscara. Siempre ando por aquí, me dijo, o pregunta por el Icker. Llegamos frente a la puerta mi casa y nos despedimos. Le di una última fumada y luego media vuelta. De pronto me acordé, Cómo te llamas, le grité. Walter, me dijo, y se fueron.

[...]

Era una noche como otras tantas en el callejón. Habíamos estado tranquilos, fumando de mi mota, supongo, y burlándonos del Cepillín o de otro de los borrachos que solían unírsenos, cuando llegó Walter (Cartón, le decían), y me saludó con efusividad. Estuvo un rato ahí, de pie, sin hablarle a nadie, tronándose los dedos y tallándose el rostro. Luego se puso de pie y empezó a caminar hacia el fondo del callejón, en dirección a mi casa. Me hizo señas de que lo siguiera. Nadie notó que nos fuimos.

Son buena onda, me dijo, pero ahorita no ando de humor, quiero unas pastas. Me confesó que le sorprendía que me trataran así, porque casi nunca le conseguían a la gente sin antes bajarle algo, y el Rulo, hasta ahorita, no te ha bajado, eso es lo que dan, pero cuídate. Mejor dime a mí, me decía, que él conseguía pero puros de a cien. Le dije, Pues es lo que casi siempre compro, Ah, pues ahí'stá, dijo, y de pronto se detuvo para enseñarme una plantita de mariguana que crecía en la grieta de una pared. Esos güeyes la plantaron, me dijo, riéndose, Se pasan de vergas.

Hablamos sobre las ventajas y desventajas de vivir solo. De las pastas. Le dije que nunca había probado. Pues ya es hora, me dijo, Compramos dos y te tomas la mitad, si no te gusta, yo me chingo la otra mitad, cuál es el pedo. Mi corazón se aceleró. Nunca había probado nada excepto mota. Una vez me habían ofrecido coca pero no quise. Y ahora, estaba frente a la posibilidad de probar pastas. Me emocioné, aunque sentí algo de miedo.

Llegamos a la casa donde vivía el fulano que vendía. Era la misma casa a la que ya habíamos ido antes, a tratar de comprar mota, y no había habido. Walter tocó el cancel con una llave. La luz de la ventana estaba prendida, pero nadie salió. Esperamos un rato. Nadie salió. Puta, no está, dijo, y empezó a caminar. Vamos al parque, ¿no?, me dijo, y yo accedí. Traes weed, me preguntó, y yo le dije que sí, que acababa de comprar. Uy, pues con eso la hacemos, expresó, triunfante, mientras nos dirigíamos con Pichardo, el de los hot dogs, a fumar en una pipa y a hacer desmadre toda la noche...

Y esa fue la última vez que lo vi, antes de irme de Tijuana.

[FIN]

31/7/05

mala memoria

ya no es lo mismo recordar qué se siente el viento en la cara durante un atardecer mazatleco en la playa escondida. no es igual caminar por las calles de tijuana, porque ya no ando como desorientado, admirándome de tanta gente que hay, y el asombro que sentía al ver los aviones tan bajos en el cielo ya no es el mismo. ya cruzo las calles como si nada por las líneas amarillas, acostumbrado a que los coches se detengan por obligación, sin andar esquivándolos como en otros lugares. tampoco es lo mismo pasar el día entero en casa, sin nadie que venga a buscarme para hacer algo, si nadie necesita de mí, yo tampoco necesito de nadie, y he llegado a disfrutar el aislamiento, el encierro, mediante sabores con los que ya me familiaricé.
a veces olvido que me sigue mi sombra, y que la tierra es la que se mueve, y no el sol. a veces olvido que mis intestinos gruñen de hambre, y que por mis venas corre sin descanso la sangre, y que mis neuronas se resisten a morir. a veces olvido que mis ojos captan la luz y la transforman en formas y colores, a veces olvido que traigo perforada la lengua y que mi pelo crece a diario. a veces olvido que traigo las llaves en el bolsillo, y que en todas las cabezas hay pensamientos, no sólo en la mía. a veces, sólo a veces, olvido que ella tal vez esté pensando en mí en este instante, como yo, y a veces olvido que tengo familia lejos, esperándome en dos semanas más. a veces olvido que para el 19 de agosto es probable que me esté montando en un autobús con rumbo a mi lugar de nacimiento, y que volveré a ver a mi familia, a mis amigos, a las calles en las que crecí. a veces olvido que todavía me falta un largo trecho por recorrer, y que nadie vendrá a ayudarme cuando vuelva a caerme al agujero... y a veces me pregunto si, una vez adentro, seré capaz de salir por mis propios medios...
a veces olvido que fácil me olvidan. a veces, que estoy solo entre tanta oscuridad. a veces olvido que mis oídos oyen, y que las narices de los demás también huelen. a veces olvido que no hay nadie para escucharme, y dejo escapar algunas palabras que se pierden en el aire. a veces olvido que nadie me recuerda, y me siento bien, porque el engaño siempre trae una satisfacción primaria. a veces olvido tantas cosas... excepto a ti. tú siempre estás aquí, y siempre estarás.

(dedicado a mis amigos, en especial a G.G. y a Paloma)

10/6/05

love sucks big time (conejo sonriente)

me he dado un banquetazo: no hay nada mejor para comer un viernes después de unas clases aburridas que una maruchan de camarón con un sprite bien helado. cero esfuerzo, cero neuronas quemadas, satisfacción cien por ciento garantizada. y mejor aún si, mientras la comes, despacio, sin prisa, saboreando cada fideo, cada chícharo y cada trozo de zanahoria deshidratada, escuchas de fondo el disco nuevo de tu artista favorito y amor platónico a la vez, mientras me dice, con una melodía empalagosa y un montón de arreglos extraños, que yo, más que nadie, merezco ser feliz.
se le ha olvidado colocar en su canción las instrucciones necesarias para lograr este objetivo, porque, pues, uno puede andar por ahí pregonando que todo mundo merece ser feliz, pero del dicho al hecho hay mucho trecho, como dice el dicho, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente, como a los de mi maruchan, y no basta que le digas a alguien "hey, tú, deja de estarte quejando de la vida y sé feliz, ¡te lo ordeno!". pensar así sería una soberana estupidez. porque la felicidad, como todas las demás emociones humanas, es un estado transitorio del alma, que va y que viene, a veces sin orden ni método específico, un día puedes amanecer feliz, dirías que por los sueños que tuviste mientras dormías, pero y si no te acuerdas de lo que soñaste, te buscas una razón, dices que será porque presientes que te irá bien ese día, o cualquier otra burrada que se te ocurre, el caso es fingir que no amaneciste feliz nada más porque sí, porque ya te tocaba dejar atrás la tristeza y unirte al grupo de gente que cree que la vida es una enorme aventura.
yo, por mi parte, no considero que la vida sea una enorme aventura, sino una serie de aventurillas diminutas que se suceden unas a otras. no me considero optimista, pero tampoco del todo pesimista (soy realistas, según), y si un día amanezco feliz (no, hoy no me pasó, pero estuve cerca) sin razón alguna, no buscaré explicármelo, y dejaré que todo salga como tenga que salir, porque en ocasiones pasan cosas que no esperabas, y si uno vive una vida ordenada, metódica, sistemática, el menor desvarío de un engrane te saca de funcionamiento. por eso mi vida no se alteró en lo absoluto cuando valery, la muchachita de prepa que el otro día me sacó la lengua sin siquiera conocerme (gesto muy desconsiderado porque yo no supe si era a mí o a alguien que tenía atrás), y la cual me echa unas miradas que llegan a intimidarme, se cruzó en mi camino el otro día, respiró hondo, como para tragarse los nervios y no pensar en qué iba a decir, y luchando contra la tentación de desviarse hacia otro lado y dejarme pasar, me abordó, se presentó, me preguntó qué estudio, en que semestre voy, y se admiró de mis perforaciones. me pareció un gesto aplaudible, no me molestó, en lo absoluto, y no es por querer parecer un galán cotizado en la escuela, sino que, para qué nos hacemos tontos, ella está de alguna manera interesada en mí, y yo ya me había dado cuenta desde que entré a la escuela.
sin embargo, y aclarando el título de este post, que se alarga sin control y sin consideración de los lectores que acaso llegaran a posar sus ojos en él, desde mi primer fracaso amoroso, hace ya bastantes años, una sombra amenazante me nubla la cabeza y me hace desconfiar, por muchas razones, del amor. después de aquella amarga experiencia, he tenido alrededor de cinco oportunidades concretas de dejarme envolver por las imponentes garras del amor una vez más, pero, a la hora de la hora, cuando las cosas están en el punto en el que, si damos un paso más, será imposible dar marcha atrás, yo doy marcha atrás, y me retiro como si nada hubiera pasado.
es por eso que, después de llevar meses pregonando frases como "el amor es una mierda", "love is a dog from hell" y "el amor es un sentimiento contra-natura", hoy traslado eso a un objeto material con más o menos el mismo mensaje ("love sucks big time"): una pulsera negra y rosa, con un conejo sonriente, patrocinada por la conductora de la caja tv. a ver si así el amor me declara la guerra y me manda a alguien de una buena vez, para callarme la boca y hacerme quitar mi nuevo accesorio estilístico. mientras tanto... ah, ya se me fueron las ideas.
sí, sé que es un post pobre, pero no hay remedio. mi inspiración la ocupan mis nuevos cuentos, los cuales espero publicar en cuanto los termine, para que este blog vuelva a tener sentido y uso práctico...
(p.d.: estuve a punto de borrar todo el post, porque me parece largo, aburrido y sin sentido, pero en fin... por algo a uno se le ocurren las cosas)

7/6/05

tour por lomas taurinas... creo

había sido un día exhaustivo, de escuela, de grabar, de editar, de más grabar, entrevistas, sondeos, fotografías... todo lo que ocupa mi tiempo en los últimos días. cuando el taxista hizo señas de que cabía una persona más en el taxi, respiré aliviado: ya me voy a mi casa, uno de esos raros días en los que ansío llegar a casa y echarme en la cama a escuchar música y a leer a saramago. y, pues, como por ese lugar siempre pasa el mismo taxi del mismo color, y siempre me deja cerca de casa, ni siquiera lo pensé, sólo verle la pintura dorada y me monté en la parte trasera, al lado de una señora que llevaba un niño en brazos. era curioso ver a un niño tan pequeño articular algunas frases y caminar, con dificultades, cuando se bajaron del taxi, él y su madre. no me preocupó que el conductor diera vuelta antes de subir la segunda rampa, en ocasiones se va por ese lado, pero cuando noté que se adentraba cada vez más entre las calles, para mí desconocidas, me empecé a inquietar. "a dónde carajos va este tipo", pensé. y ninguna respuesta llegó a mi mente. el taxi descendía, doblada en las esquinas, alejándose cada vez más de mis lugares de referencia. decidí voltear y mirar los letreros que traen en el frente, indicando las rutas. decía "pte. baja - lomas". y dónde estaba eso, lo ignoraba, hasta hoy. me bajé donde se bajó el último pasajero, creyendo que todavía podía orientarme por la posición del sol, ya que si caía la noche, el extravío sería total y definitivo. la muchacha de suéter rojo me abordó: "vives por aquí", "no", "ah... con razón. como nunca te había visto... por dónde vives". sí, confesar que ni siquiera sabía dónde estaba me haría quedar en ridículo, y pedirle ayuda a un desconocido no es mi estilo. "más arriba", dije, y apreté el paso, mientras encendía un cigarro para aminorar el estrés de las casas que se amontonaban sobre mí, de los niños jugando en las calles despreocupados, de los chiflidos que se alcanzaban a escuchar desde lejos, los perros ladrando, los escasos carros que por esas laberínticas calles circulaban, el cielo pálido que se oscurecía con mayor velocidad que mis desesperados pasos, buscando en el horizonte cualquier punto que pudiese reconocer, y entonces caminar hasta allí. pero la loma estaba inclinada, y no podía ver más que cables de luz al alzar la cabeza. cuando llegué a la cima, me encontré con una calle cerrada, un muro enorme bloqueaba el camino que, supuse, tendría que seguir para dar con la calzada que me llevaría directo a mi barrio. "mierda". doblé a la derecha en la esquina anterior, y caminé, con la esperanza de que el muro desapareciera al subir algunas calles. tuve suerte de que, esta misma avenida corriera paralela a la uabc, lo cual descubrí al caminar unas pocas cuadras. respiré aliviado, y tiré el cigarro. de ahora en adelante, antes de subirme en un taxi (aunque sea del color de siempre), revisaré que diga "postal, uabc" o "20 de noviembre, otay".
por lo demás, todo sigue igual. escuela, escuela, y más escuela. no es que me moleste, mi vida (aun) no me tiene tan harto, y la rutina es soportable, pero cansada. sin embargo, nada me hace olvidarme, aunque sea por un día, que al llegar a casa lo único que me saludará será la radio, ya cansada y sin querer sintonizar bien las estaciones, diciéndome "sólo me utilizas, no sabes lo que valgo en realidad, eres un egoísta". ni siquiera el richard me habla, y el espejo me devuelve un rostro que cambia cada día, y que apenas reconozco. el teléfono permanece mudo, cada vez más inútil para mí, y el suelo de mi cuarto se llena poco a poco de basura y de polvo (lo que me recuerda: debo comprar una escoba). el tubo de la cortina de la regadera se achica en cada baño, y el colchón está tan lleno de somnolencia que él es quien me contagia a mí, y me atrapa en cuanto me acuesto a devorar el último libro que compré, y que no he logrado soltar. mis pies me dueles, el cajón de los calcetines ya está casi vacío, y el choco krispis se agota, y ni qué decir de la leche: los vecinos desaparecen mis últimos tragos cada noche, y por la mañana, no hay para desayunar. pero las carencias son siempre suplidas, desplazadas por otras formas abstractas que, si no las sustutiyen como deben, al menos hacen el intento. mi familia son mis amigos, con los que convivo cada día, los que me llaman por teléfono, los que me llevan a pasear, los que me dicen, muy por debajo del agua, utilizando otras palabras (¿o será que las traduzco a mi conveniencia?) para decirme que me aprecian, que siga con esta lucha que no se acabará nunca, una aventura interminable, llena de episodios inesperados. después de todo, uno nunca sabe lo que le espera al despertar la mañana siguiente, al salir de casa temprano, o al subirse en el primer taxi que pasa.

30/5/05

¿coincidencia, o destino?

ja'h. había pasado un buen día, de escuela, de exámenes (¿es normal que yo disfrute haciendo exámenes?), de recordar el mal viaje del sábado, de cine y una película tan emotiva que me hizo sentir -muy a mi pesar- como un ser humano normal con sentimientos, de tarde fría en el parque y de "conocer" (o terminar de conocer) a una amiga nueva. encendí un cigarro y caminé al taxi. iba por el edificio de telvista, cerca de las vías del tren, y vi pasar a una muchacha que se me hizo muy, muy conocida. me habían dejado en la esquina, y acostumbro mirar al suelo mientras camino y fumo, pero por esta vez levanté la vista, y la vi.
la conocí en la primaria. era la abanderada de la escolta, y disfrutaba mucho platicar con ella porque me parecía una niña muy inteligente. incluso, en una quermés, nos casamos, y hasta la fecha, seguimos casados, porque no nos hemos divorciado. luego la veía en la secundaria, con menos frecuencia, cuando jugaba basquetbol contra el equipo de mi novia (y le ganaba), y más tarde, en la calle de vez en cuando. hoy la volví a ver, y por una extraña, muy extraña situación, los dos nos hemos venido a tijuana a estudiar, y a los dos nos dio mucho gusto vernos el uno al otro (o al menos, esa impresión me dio).
qué cosas tan extrañas pasan en este mundo loco. dos personas de mazatlán se alejan de todo lo que conocen y lo que les es familiar en busca de un mejor futuro que tal vez ni llegue, y esos dos, sin saberlo, se encuentran un día en la calle e intercambian números de teléfono. sé que estoy siendo demasiado obsesivo, pero la idea de conocer gente nueva así nada más, o encontrarme con personas que hacía años que no veía (y que me da gusto ver), sólo me hace pensar en que dios (¡al fin!) ha escuchado mi deseo de cumpleaños que pedí en mi pastel imaginario (papá diosito: por favor mándame una novia), y tal vez no me mande una novia como es debido, pero me está mandando mucha gente nueva que me ayuda a aminorar mi soledad y a no sentirme tan perdido en esta ciudad anónima. y para colmo de males, la conductora de la caja tv se muere de ganas por ir a mexicali, y está claro que no se irá sin mí. todavía tengo que verla a ella... después de todo, una de las razones por las que me mudé de ciudad fue por venir siguiéndola.
changos. ¿qué pasará? no sé. yo soy feliz con manu chao y con la chinita, y café tacuba y sus flores. así nada más. no pido mucho. ah... y me muero de ganas por tomarme un cafecito el jueves en la nochecita. ja'h.

29/5/05

el peor viaje

el encendedor había cegado mis ojos. no conseguía ver más que sombras. sentía unas ganas tremendas de vomitar, de ir al baño, pero el suelo se tambaleaba tanto que me iba a caer en el camino, quedándome tirado y jamás podría volver levantarme. el causante de todo se reía del otro lado de la mesa, y seguía prendiendo el encendedor a pesar de mis protestas, y reíamos, yo por miedo a morirme, él por mi "maltripeo". recargué la frente en la mesa y sudé, sudé como si estuviese en un sauna, sudé por cada poro del cuerpo hasta que, luego de una hora y media (según mi acompañante), me repuse y me sentí mejor. "a dormir al parque", me decían. una tipa se subió a la mesa y quería quitar a mi amigo de su asiento. yo quería reaccionar, hacer algo por él, pero mi cuerpo no reaccionaba, y sólo los veía. veía estrellas verdes y gente transformándose al bajar las escaleras. la música reventaba con furia contra mis oídos. todos me amenazaban. ¿dónde estaba manu chao?
el peor viaje de mi vida. los tacos sabían a trapo, y el piso serpenteaba bajo mis pies. la memoria me traiciona... el peor viaje. algo digno de recordar.

12/5/05

¿alguien puede hacer algo por mí?

he tenido que recurrir al auxilio del mundo exterior para sacarme del abrumador agujero en el que resbalé. pero hasta el momento, nadie ha acudido a mi rescate, será por mis gritos mudos, inaudibles, que se diluyen cada noche en la frecuencia del radio perpetuo que se mantiene encendido para arrullarme e inspirarme las pesadillas de cada noche, que se pierde en el taxi cuando voy cada mañana al centro, que se queda en el salón de clases, entre las butacas, oxidándose y luchando desesperado porque alguien, quien sea, lo escuche. pero, ¿y si alguien lo escuchara? nada pasaría, yo diría: "ese grito no es mío", y me mordería los labios para aguantar la tristeza del aislamiento.
es que este maldito cuerpo, repleto de apariencias que no logro concretar, cubierto por una barrera de piel que me separa de las demás personas como una gruesa armadura de hierro, una coraza impenetrable que no permite el paso a nadie, y detrás de la máscara exterior, hay otra, y luego otra y otra más, y a veces no sé ni cuál es mi verdadero rostro. sólo unos pocos (algunos que están en la otra punta del país) han conseguido penetrar la columna de hierro por un pequeño orificio, y sólo una persona de entre todas las que he conocido pudo por fin desarmarme y dejarme desnudo. cuando se fue, la humillación, el frío, la exhibición fueron insoportables, y decidí equiparme de nuevo mi armadura, y cubrirme aún más. pero ya es demasiado pesada, y yo solo no consigo quitármela, y me da miedo que se me haya quedado pegada a la piel, y que la tenga que cargar conmigo para siempre.
hoy estaba hambriento, y fui al restaurante de comida china del otro día. la mesera se había agarrado el pelo en una cola de caballo, y llevaba un chaleco tinto y pantalón negro. no supe a dónde se fue todo el encanto que vi en ella el otro día. quizá se escapó ante su frialdad, ante su "buenas tardes" seco y de compromiso, ante su escasez de sonrisas, ante sus numerosos amigos, clientes ya habituales, y sobre todo, ante su falta de memoria, o su indiferencia preconcebida. uno no puede andar enamorándose y desenamorándose así como así, pero es que ya hace tanto tiempo que no busco el amor, que ahora él no se preocupa por buscarme a mí, ni por dejarse encontrar. a veces (sólo a veces), yo mismo me doy pena, porque si no, ¿quién más se compadecería de mí? pero ya basta... parezco un adolescente en crisis depresiva escribiendo en busca de algo de comprensión innecesaria... ¿no me habré convertido en uno ya? ¿no será mi camino un retroceso, un ciclo interminable ondulatorio que sube y baja sin descanso...? auch...
será sólo que faltan siete días para mi decimonoveno cumpleaños. será el sereno.

9/5/05

volar y volar

sábado de noche.
hablando con payasos, con mujeres codas, con pelones tatuados de cincuenta años... cualquier interlocutor es una buena opción.
calor, cuánto calor. inciensos, muchos, muchos inciensos, para desplazar un poco la podredumbre el olor a narcóticos y sudor. qué hago yo frecuentando estos lugares, qué hago yo aquí... no, en ese estado no me importa lo que hago, no pienso, sólo golpeo la mesa al ritmo de la música, ¿led zepellin? pregunta el tipo de al lado, yo no sé, me da igual luis miguel, o rafael, o guns and roses, el chiste es que el ruido lo inunde todo.
quiero dormir... pero cuando ya siento que no puedo, me incorporo y le doy un trago a la botella, mientras miro cómo los sujetos que bailaban alejados uno del otro cuando llegué, ahora se besan y se abrazan como amantes de toda la vida. hay cucarachas en las paredes, y mi acompañante aplasta una que se paseaba cerca de su cabeza con una servilleta. ¿qué haría yo sin este tipo que me metió en la boca del lobo? nada... sólo consigo pensar en lo buen amigo que es, aunque me diga que soy un cursi de mierda, sé que no es su estilo andar pregonando su amor por la humanidad, pero yo sí... de no ser por él, no hubiese tenido dónde quedarme cuando llegué a esta ciudad anónima, ni qué comer el domingo a mediodía (sus omelets son excelentes).
qué pasará cuando a alguno de los dos se nos cure la soledad, cuando no pueda acompañarme al cine o al zakas el sábado por la noche... esa es otra señal inequívoca de que estoy más solo que nada. ¿que si me preocupa? un poco, porque el silencio del cuarto es insoportable, y mi habilidad para hacer amistad con gente nueva no es algo de lo que puedo estar orgulloso. necesito mínimo un mes o dos para entablar una amistad "estable" con alguien nuevo, pero un mes o dos con todas sus horas, no nada más por ratos... y es difícil encontrar nueva gente, porque soy muy exigente con las personas. sería bueno conseguirme una novia. sobre todo si es tan risueña como la mesera del restaurante de comida china que está por mi casa... apenas hoy la conocí, y me sorprendió mirándola detrás del mostrador... pero qué cosas digo, es labor de los meseros ser amables con los clientes, yo no fui algo excepcional, no me sonrió porque sintió mariposas adentro, ni se puso torpe al llevarnos la cuenta por ponerse nerviosa... en fin, el amor no siempre es instantáneo, así que habrá que regresar de vez en cuando al restaurante de comida china y sonreirle más, pedirle sal, preguntarle su nombre... aaah, maldita soledad.
pd: a lo que me recuerda una canción de café tacuba (qué buen viaje, ¿no?): "parece mentira que entre tanta gente en esta ciudad no tenga a nadie con quién compartir la vista desde mi casa este sábado al mediodía..."

4/5/05

las cosas que se encuentra uno en el taxi...

el asiento de atrás estaba vacío. abrí la puerta, y cuando me disponía a acomodarme en el espacioso lugar para tres personas me topé con un celular en un forro de piolín. "chale", pensé, "¿qué hago con esto?". iba a preguntar, pero preferí callarme cuando vi que pertenecía a una mujer. trola, cómo no, pero mujer. así que decidí que si alguien sería la persona honesta encargada de regresárselo, ese debía ser yo. ha sonado unas cinco veces, pero no he podido contestar por el ruido del entorno. qué hago yo con esto, no sé... cuando uno es primerizo, nada resulta obvio. quizá ella esté pensando que un guapo príncipe azul, el hombre de su vida, recogió el teléfono del suelo y llegará un día de estos a su casa en su flamante gran marquís, llamará a su puerta y será amor a primera vista. pobre ilusa... y yo, qué patético.

es espantoso no tener planes nunca. despertar cada día con un "a ver cómo nos va hoy", y salir a la calle a pesar del cielo nublado y las amenazas de lluvia. sólo hasta que me empieza a dar hambre, a eso de las once o doce, se me ocurre pensar "¿qué comeré hoy?", y algunas horas más tarde, qué cenaré, y así todos los días. cómo pasaré el fin de semana sin escuela, no lo sé... pero espero que la pase igual de bien que el fin pasado... ja'h. y qué pasará con el diplomado de cine, no lo sé, se inscriba o no el señor trejo, yo trataré de entrarle... y mientras, a ver qué pasa. a ver...

3/5/05

otra vez sin vida (estas son las mañanitas...)

asoléandome en la explanada del cecut, después de ver las exposiciones fotográficas para hacer la tarea del taller de foto, pensé en conseguirme un empleo. el problema sería la falta de tiempo para hacer las tareas, con eso de que casi todos los días salimos a las dos... pero ya veremos. todavía me queda algo de tiempo. porque de seguir así, mi vida se limitará a ir a la escuela, regresar a casa, hacerme la comida y pasar la tarde escuchando "el viaje", de café tacuba, o "con todo respeto" de molotov en la austera grabadora/radio que me compré en la comercial mexicana. la soledad, hasta ahora, no ha atacado con todas sus armas. se ha sabido comportar. el único problema real es la lentitud con la que pasan las horas, el segundero del reloj hace un escándalo abrumador, y nunca se acelera, avanza con una pasividad desalmada. eso, y los terribles insomnios de cada noche, son lo único malo. todo lo demás, sigue su propio curso. el clima, los taxis, la comida... sobrevivo como puedo. volver a clases, con los amigos, ha sido una verdadera motivación. tengo música, vecinos escandalosos, "ciber-café" caro, algo de ropa limpia, el estómago lleno (al menos hoy), y pluma y cuadernos para escribir en mis eternos ratos de ocio... ¿qué más puedo pedir?

hoy es cumpleaños de mi hermana. cumple 13 años. felicidades.

te extraño
te debo tu regalo...

28/4/05

miércoles...

en la calle tercera, esperábamos a rosario luque. llamamos a mi papá, y fuimos a la colonia postal a buscar un cuarto. a las cuatro treinta de la tarde, don manuel nos abrió la puerta, le cambió las sábanas a la cama y me entregó las llaves del que sería mi nuevo hogar. yeah. volví a la escuela. al cine. a los taxis de acá. volví... y pues, me siento como en casa. aunque extraño, y cómo no. pero bueno. acá vamos, a ver qué pasa.

saludos.

25/4/05

se cumplió el plazo. me voy.

no vi a nadie. mi abuelo no vino por el trabajo que me encargó. mi tío dany no vino a traerme el libro que le presté. nadie fue a la reunión de despedida, excepto mi papá y mis hermanos. así es mejor. seguro que ya todos saben que me voy, en mi familia las noticias vuelan como las noticias de atentados terroristas, pero de seguro todos esperan a que yo vaya a su casa y de la noticia en persona, como si no existiera el maldito teléfono. sí, me molesta que nadie haya querido hablar conmigo, ni siquiera mi tía Shirley, que llamó por la tarde. ¿por qué? ¿qué tiene que me vaya? ya sé... creen que me volveré un drogadicto empedernido y un juerguista despreciable si me salgo de debajo de su yugo sobreprotector. pero qué vaina, yo sé cuidarme, y sé también cuáles son mis prioridades... si no me voy a tijuana a inscribirme en concursos de quién inhala más mota, como todos piensan... pero me importa poco lo que piensen todos.

mi hermana me regaló una pulsera blanco y negro, junto con un beso como regalo de despedida. mi hermano un abrazo triste, "mañana me llevarás por última vez a la escuela, ¿verdad?". cómo hacen para tocarme las fibras sensibles, lo ignoro. en fin, será una noche más de insomnio, más pesado que nunca, una mañana que comenzará como todas pero terminará como ninguna. una mañana de hacer maletas, de comprar calcetines, de luchar para meter algún alimento en mi estómago, de espera, una larga y tortuosa espera... pero que marcará el final de una mucho más larga, una de cuatro interminables meses de un estado letárgico y que se perdió para siempre en el tiempo. ya me voy, y no hay marcha atrás...

(acá entra mi lado valiente, atrevido y amargado): "¡para, para de hacerte la víctima y el sufrido, que con eso no llegarás a ningún lado! para de provocar compasiones ajenas, bien sé que disfrutas escuchando palabras como "no te vayas, quédate", para hacerte creer que eres necesario en algún lugar, o "qué valiente, ponle empeño", para sentir que estás haciendo lo correcto, y que te atreves a jugarte el todo por el todo. no deberías ser así, deberías dejar de autocompadecerte, pobre de ti, que dejas todo por entontrar algo que no sabes qué es, pues qué querías, nada llega a cambio de nada, dicen por ahí, y eso no es más que la verdad. si quieres llegar lejos, debes escoger un camino largo y difícil, no hay otra opción, y para terminar de recorrerlo debes empezar a andar, no quedarte allí autocompadeciéndote y quejándote de lo complicado que será todo... basta de tonterías, sacúdete la pereza y échate al vacío."
eso es. la única manera de completar el sendero es no mirando hacia atrás, o hacerlo, sí, no tiene nada de malo, lo malo es cuando quieres añorar ese pasado que no será igual, hacer de cuenta que a cada paso que das, el camino se va desvaneciendo y por más que quieres regresar, no hay manera. sólo hay una dirección para seguir: adelante, siempre adelante... ya, termina con esta nostalgia prematura y con este humor depresivo, y piensa que la vida es una aventura inevitable. vámonos, vámonos juntos, para que no estés tan solo.
(0 días)

23/4/05

dualidad tijuanense/mazatleco (y dilemas derivados)

que no hay marcha atrás, eso es indiscutible. me voy porque me voy. más por mí que por nadie más. he pasado horas y horas de insomnios terribles, primero pensando en qué voy a hacer y cómo lo voy a hacer, después en qué va a pasar y cómo va a pasar... en fin, echando miradas esperanzadoras a un futuro que quizá no llegue. porque, he de decirlo, no puedo decir "me fui a tijuana" hasta que pongo un pie allí, hasta que aparezca en la calle un letrero diciendo "tijuana centro" señalando la dirección con una flecha. y he aquí que estos insomios desoladores son producto de la lucha interna entre mis dos "yos", el tijuanense y el mazatleco. cabe señalar que pasé casi mis primeros diez años de vida en aquella ciudad fronteriza, más o menos la mitad de mis años (cuán poco he vivido...), por tanto, siento que tengo dos tierras, dos lugares, uno que me vio nacer, otro que me ayudó a ser lo que soy, uno que me regaló momentos de playas y de felicidad, otro que me hizo enfrentar mis peores miedos y mis mayores angustias... y esto no es del todo malo, porque através del miedo y de la angustia he crecido lo que llevo.

cuando escuché la proposición de mi papá, "pues vete hasta el lunes", mi yo-mazatleco respiró aliviado (un día más de olor a brisa marina, un día más con la familia, un día más de reposo y tranquilidad), pero mi yo-tijuanense también reaccionó (un día más de insomnio, un día más de espera, un día más de retraso). no supe qué decir, pero terminé diciendo que sí. todo debido a una supuesta "despedida" familiar, con lo mucho que me desagradan las reuniones familiares donde al menos una discusión es inevitable, donde todos, TODOS, me llevarán a un lugar aparte en el transcurso de la tarde a sermonearme como lo hacían cuando era un niño. que te fijes bien en lo que haces, que te fijes en las amistades, que en aquella ciudad hay "gente mala", como si yo todavía viera el mundo como negro y blanco, como si estuviera temblando de miedo o como si estuviera confundido y esto de vivir solo fuera un disparate endemoniado, o un "capricho".

yo no sé cómo pudieron ver en mí al jovencito maduro y serio, bien portado, estudioso y con buenas amistades (actores, cantantes, músicos y fotógrafos), pero sospecho que tuve parte de la culpa. cubrí con un velo semitranspartente sus ojos para que no vieran lo que en verdad era, para que no vieran las veces que no iba a la casa en todo el día, o las fiestas a las que iba (pocas, es cierto, pero sustanciosas), o para que no notaran mi postura semi-anarquista y mis problemas con las figuras de autoridad. por eso, no por otra cosa, ante el más mínimo intento que mis tíos herrera hicieron por someter mi tan preciada libertad, actué como actué. nunca, nadie, había tratado de ponerme límites, y eso mismo era lo que me había permitido llegar tan lejos siempre. las fronteras que mis tíos me prohibieron pasar se fueron acortando más y más hasta volverse insoportables, hasta asfixiarme e impedirme utilizar mi propio juicio y tomar mis propias decisiones, como lo había venido haciendo desde niño. claro, cuando les mostré la boleta de calificaciones, lo primero que dijeron fue "sí crees que por tener buenas notas te vamos a dejar hacer lo que quieras, estás muy equivocado. así manipularás a tu papá pero no va a funcionar con nosotros". jamás manipulé a mi padre (al menos, no en ese aspecto), sólo que él veía que, si iba bien en la escuela, no podía estar tan mal en mis demás aspectos. él veía mi alegría, mi comodidad, mi desenvolvimiento, y con eso le bastaba. "traes tonto a tu papá, te aprovechas porque se siente culpable...", dijo mi tía paty en una de las tantas conversaciones-discusiones. y así todavía se preguntan por qué no quiero quedarme con mis tíos...

en fin, la fecha oficial cambió de pronto hacia el lunes 25 a las 8 ó 9 de la mañana. mi ente mazatleco se dará vuelo este fin de semana tomando fotos, mientras que mi lado tijuanense añorará cada día más pasear por la av. revolución cuando todavía está muerta y desierta, a las seis de la mañana, y las conchas de la panadería "ensenada", y las hamburguesas de soya de "la sonrisa", y las empinadas rampas de la colonia postal... pero será sólo por un día más. que no hay marcha atrás, es indiscutible.

(-2 días)

22/4/05

mi pisoteada (y poco relevante para mí) reputación

-ya se va mi hijo a tijuana.

mi abuela se queda en silencio. sí, todavía me besa porque soy su nieto, y me da de cenar frijoles con queso (mi cena favorita), y dos vasos de leche, y me deja sentarme en medio de la sala para ver el futbol, pero ya no es lo mismo. yo sabía que algún día no sería lo mismo, pero no tenía idea que todo cambiaría durante su estancia en tijuana, cuando compartimos el mismo techo, y tan de repente. el anuncio en sí, el miércoles por la noche, volvió todo real, echó a andar una máquina imparable a partir de este momento. hasta entonces, la intención de regresar a tijuana sólo me incumbía a mí. a partir de que se dio a conocer en mi familia, se hizo oficial, se volvió inevitable.

mi madre se enteró por boca de mi hermana, mi hermano por boca de mi madre, y aún quedan algunos tíos despistados que no se han enterado y quizá sólo sepan de mi partida cuando yo ya esté allá. "que ya llegó tu sobrino a tijuana", "¿pues cuándo se fue?". ya hicimos cuentas. ya fijamos el día. ya cambié mi cepillo de dientes, mi desodorante y compré rastrillos. ya hasta sé qué ropa me pondré durante el viaje, y visualicé cientos de veces, durante las largas horas de insomnio, cómo será mi partida y mi llegada, qué pasará conmigo, cómo sobreviviré, esta vez solo. ¿será un capricho mío, nada más? vivir solo... desde que llegué a casa de los herrera, manifesté esa inquietud mía de mudarme a un lugar donde pudiera ser independiente. por supuesto, mi tío se rió de mí, mi tía expresó su incredulidad. luego de los problemas que tuvimos, no sé con qué cara iré a visitarlos. tan sólo imaginarme qué pasará si no voy en mi cumpleaños a su casa, que dirá mi abuela,el resto de la familia. que me descarrilé, que estoy alejándome de la familia, que soy un ingrato, después de todo lo que hicieron por mí, no supe apreciar lo que dieron... ¿qué me dieron? una cuerda para amarrar las todavía débiles alas que recién me habían nacido, y que yo luchaba por estrenar.

-no quiero decirte nombres para que no haya más problemas, pero quiero que demuestres que no te vas por lo que dicen. a mí me vale madre que me digan que es un capricho tuyo, tú demuéstrame que vas a lo que vas y punto final.

hasta acá me llega el eco de la risa burlesca de mi tía paty, "permíteme que me ría, mijito, pero veo difícil que llegues lejos con esa actitud... eres un soberbio". la rabia brotaba de mí por cada poro, por cada hueco, por los ojos, y no, esta vez, no pude quedarme callado para evitar problemas... grité, provocando una avalancha terrible que todavía no termina: "pues ya verá cómo se lo demuestro". esto ya no es una simple búsqueda personal, ni una lucha... es una guerra. guerra contra los que no creen en mí. ya quiero verle las caras cuando regrese el hombre de bien que se fue como el "niño berrinchudo que parece de 13 años".

mi madre reaccionó bien. mis hermanos, igual. el menor, para variar, ya me tocó un punto débil hace un rato: "no te vayas...", me dijo, pero reprimí cualquier sentimentalismo y me fui al lado objetivo: "pues ya van a empezar las clases, qué querías..." me convencí de que es la única manera. revestir el corazón con una gruesa capa de frío metal, sólo así no saldrá lastimado. sí, ya sé, soy un egoísta... pero no me queda de otra. si los dejo tocarme, no me voy, y hay muchos incrédulos que necesitan ver para creer...

(-3 días)

14/4/05

haciendo memoria #1

-¿viste?
-¿qué?
-¿no viste?
-dime qué...
-no sé... como una luz roja que salió.
-sí... pero no estaba segura.
sonreímos. nuestras manos se quedan así, juntas, pero con un hueco en el medio, para ver si otra luz roja vuelve a brotar. pero no saldrán más luces de allí. me despido de ella en la esquina, con un beso tímido, y camino hacia mi casa.
(...)
no puedo dormir. me recuesto en su hombro y ella me baja y me refugia en sus brazos como a un bebé. pasa un rato, ella me habla, para ver si estoy dormido, pero yo no respondo, para ver qué hace. acerca sus labios a los míos y me besa apenas. hacía tantos que no sentía los labios de nadie, que no hago nada para detenerla, a pesar de que no sentía nada por ella. pero empezaba a sentir algo, de eso no hay duda.
(...)
entro a la central cargando dos maletas, una mochila, mi morral y mi guitarra. mi tío, josé herrera, toma la maleta más pequeña, y me pregunta que cómo me fue. yo le digo que bien. apenas hablamos durante el camino. la cena de bienvenida fue muy fría y silenciosa. "me dijeron que no comías carne", dice mi tía, así que hizo, pues no sé, tal vez sopa. duermo en un colchón duro en la sala, y procuro no pensar en nada, no acordarme de lo que estoy haciendo, nada más despertar en la mañana y continuar igual.
(...)
-¿bueno?
-¿sí?
-¿tío? soy yo.
-ah... ¿qué pasó?
-em... nada. le hablaba para decirle que voy a ir a una fiesta ahorita.
-...bueno. ¿a qué hora llegas?
-pues... mañana.
-...ah. ¿ya lo pensaste bien? ¿te acuerdas en lo que habíamos quedado?
-sí. ya sé.
-bueno. adiós. que te diviertas.
(...)
está nublado. me fumo un cigarro a las puertas de la biblioteca. veo a alexandra tamayo bajar con su novio chuy, y no le hablo. mejor. que nadie me vea. así no tendré que dar explicaciones. pero alguien, tal vez liliana, tal vez taíz, qué sé yo, me descubren y luego me veo rodeado por mis únicos amigos de tijuana.
-¿qué pasó? ¿por qué no habías venido?
-es que estaba enfermo, y con estas lluvias...
-ah, sí... huevón... ¿y ya te inscribiste?
-em... no. no me voy a inscribir.
no sabía que sería un error. un problema más de no medir las consecuencias. y pensar que todo comenzó en un concierto de café tacuba, cuando mis tíos me preguntaron "¿y de ahí adónde fueron?", "a ningún lado... se acabó hasta las dos", y la avalancha de mentiras se desbordó.