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8/12/09

Si Teo llega



Cuando el tiempo se acaba, sea cual sea la razón, el silencio empieza a caer sobre nosotros más denso, más pesado, más oscuro. Lidia mira de reojo la ventana entreabierta, esperando lo peor: que la puerta que da a la calle se abra. Entonces sabrá que es Teo, y que tardará menos de un minuto en subir al primer piso del edificio Nochebuena, el más famoso de la unidad por estas fechas, únicas en las que toma algo de sentido su nombre. Teo llegará a la puerta, quizá borracho, pues si llega a esta hora, es porque se ha quedado tomando, hará un escándalo con las llaves pero se le caerán y pateará la puerta gritando, Lidia, ábreme, chingado. Mejor no pensar en eso, pero la bebé está tan callada, murmurando sus pensamientos en una lengua que sólo ella conoce porque ella la inventó, mirando las estrellas que cuelgan del móvil de su cuna, maravillada, nunca había visto una cosa así, eso es lo bueno de recién nacer, que todo en el mundo, por ser nuevo, es también lindo.

El sartén está caliente, la carne, salada, las papas, peladas, las cervezas en el congelador, Lidia revisa que ya estén bien frías, los tarros, carajo, se le olvidaron los tarros, sólo hay uno dentro, y si trae a sus amigos, y si viene su compadre, no, no, se da la vuelta bruscamente, su brazo choca con la estufa, derriba el sartén y el aceite cae sobre su pierna, ella grita, pero entonces, al retroceder, el plato con la carne cae al suelo, quebrándose con un terrible escándalo en miles de pedazos que huyen, despavoridos, por el piso recién trapeado. Lidia intenta no moverse, no hacer más ruido, la bebé empieza a inquietarse, y para qué quiere, ya tiene suficiente, fácil se ha retrasado otra media hora, y si Teo llega, está perdida, no hay más qué hacer, mejor irse preparando para lo inevitable.

Sale de la cocina y va al cuarto de limpieza por una escoba y una jerga para levantar el desastre. Sin darse cuenta, unas lágrimas le empiezan a escurrir, será mejor pararlas, porque si Teo llega y, encima de todo, la descubre llorando, se lo tendrá bien merecido. Ya me decía mi madre, piensa, No soy una buena esposa. Se lo dijo apenas el mes anterior, cuando le preguntó a Teo dónde había estado y tuvo que salir huyendo, espantado por una lluvia de cuchillos que por poco caen sobre la niña, y al llegar a la puerta de su madre, dos cuadras calle arriba, al verla, le dijo, Ay m’ija, qué le hiciste a tu marido.

Diez minutos después el suelo de la cocina ya está otra vez brillante, y la carne en el aceite. Ha metido los demás tarros en el refrigerador y puso el congelador en el número 9, que se supone es más frío. La niña se ha dormido, pero Teo no llega aún. Lidia no cree en dios, pero a veces le gustaría creer: así podría rezar, Por favor, señor, que no venga borracho. Pero no cree, y nadie puede asegurarle que la tarde se convertirá en noche sin ningún contratiempo. Otra vez, sorprende a sus ojos llorando, cuando descubre su rostro en la puerta de espejo del microondas, rodeados por enormes moretones que, junto con el labio roto, le recuerdan lo mucho que debe esforzarse para ser una buena esposa.

[FIN]

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Dominemos la tecnología

Campaña para los 16 días de activismo contra la violencia de género

En twitter: @DominemoslasTIC / hashtag: #dominemosTIC

5/11/09

Noviembre y el frío



1. He querido escribir cuentos, salir a tomar fotos, editar unos pequeños videos, leerme un par de buenos libros, o simplemente caminar por ahí, sin rumbo, sin dirección, nada más para ver el mundo y estar seguro que sigue ahí. Mis meses ahora se agrupan de tres en tres, mis días en horas de clase y horas de no-clase, es decir, mi vida está estructurada en torno a la escuela, algo que no había percibido, al menos no con tanta fuerza, hasta ahora. En lo único que puedo pensar es en las tareas que no he hecho, en las lecturas que no he conseguido, en la proximidad del trabajo de campo, en el entusiasmo (y la esperanza) de la recién bautizada JAS, en los ensayos y exposiciones finales, en mis equipos de trabajo, en los pendientes de la revista, en la producción y posproducción de los videos. Estoy empezando a cansarme otra vez, a desesperarme por que el tiempo se diluye frente a mis narices y no puedo hacer nada para atraparlo, y en que dentro de unas cuatro o cinco semanas, antes imposible, necesitaré descansar mucho.

2. Me ha sorprendido recientemente percatarme que la cantidad de información en internet es interminable, verdaderamente infinita. Los últimos tres días me he sentado frente a la computadora dispuesto a examinar esas páginas tan populares de las que todos hablan, redes sociales y sitios de feeds, listas de marcadores y noticias, y me he llevado una sorpresa, no sé si agradable o no, al darme cuenta de todo lo que ocurre en el mundo. Leí un artículo sobre los peligros de twitter, por ejemplo, consistentes en que la desproporcionada masa de información que se recibe por este medio puede tener consecuencias morales para quienes usan el servicio, en especial, la disminución de nuestro sentido moral y el aumento de la indiferencia. Podrían tener razón, pero siento que darse cuenta de todo eso que pasa en el mundo, no sólo de los hechos empíricos que se suceden, sino de las ideas mismas que se generan, puede o bien despertarnos del estado de marasmo en el que solemos estar cuando creemos que nada pasa, o bien atraparnos en una espiral interminable de actualizaciones sobre todos los temas, en todos los lugares, y nunca detenernos a reflexionar sobre ninguno.

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"Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos", José Saramago