1. Computadora nueva con mejor rendimiento y un software impresionante para la creación de videos, que es lo que siempre había deseado. La presentación de nuestro primer trabajo a nuestros primeros clientes de HoneycombMx siendo todo un éxito, con aplausos y toda la cosa, y sonrisas de oreja a oreja de nuestro (grandioso) equipo. Videos, videos y más videos por hacer. Trabajo que no acaba de acabarse cuando ni siquiera ha empezado. Mucha suerte, mucha capacidad, mucho gusto. Ese soy yo. O al menos, uno de los yos: el que disfruta editando videos, creando contenidos, desarrollando estrategias de mercado, iniciando proyectos. Pensando en dinero, pero no nada más en eso.
2. El seminario del PUEG con Parrini dándome su opinión personal sobre mi trabajo, y algunas recomendaciones. Revistas y textos que siguen llegando a mis manos como por arte de magia. Un hermano que inicia la misma travesía en la que me he atorado. Compañeros de generación recibiendo sus diplomas por haber concluído sus estudios, después del infierno de la tesis. Ideas, recomendaciones, lecturas que no terminan, procedentes de los lugares más insospechados. El encuentro con Pablo Castro en la micro una noche que iba a Coyoacán, preguntándome qué he pensado del posgrado y recomendándome algunos. Tesis, tesis, tesis, estúpida tesis, no puedo escapar de ti, sólo hay una forma para vencerte, y es escribiéndote. No me vas a ganar. Ese también soy yo. Otro de los yos: el que soñaba con convertirse en un buen antropólogo, hacer estudios de campo, análisis, videos etnográficos, investigación, posgrados. El que se me está perdiendo en el remolino de todo lo demás que quiero ser y que no puedo. Porque la Tierra gira y gira, y el tiempo se consume sin remedio. ¿Por qué tengo que dividirme así?
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21/10/12
Dos yos
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21/9/09
Los mártires de la crisis

Fue mientras se servía la sexta taza de café cuando Ruperto Benítez, por pura intuición, miró por las paredes de cristal del despacho y vio, primero, el anuncio enorme de una mujer desvergonzada que enseñaba los senos en plena vía pública, luego, el bulto grisáceo de cabello rubio que descendía a toda velocidad desde quince pisos más arriba, y que después se enteraría, no al asomarse para ver una mancha de sangre y tripas en el pavimento mojado, era Silvia Mendoza, la jefa de ventas del corporativo en la zona oriente. El informe extraoficial que se difundió de boca en boca apenas se fueron los paramédicos narraba cómo el mismísimo presidente, que se había aparecido en las últimas dos semanas al menos trece veces, algo inusual e inverosímil bajo las leyes del universo del corporativo, desde su oficina repleta de asesores y demás parásitos la había mandado llamar por dos motivos, primero, otorgarle un merecido reconocimiento por treinta y cinco años trabajando para el corporativo con resultados inigualables, un impreso prediseñado con su nombre en letras cursivas y brillantes y una canasta de pan de dulce con listones rojos y blancos, y segundo, para obligarla a firmar su carta de retiro voluntario y ponerla de patitas en la calle sin mayor explicación que la crisis. Silvia Mendoza miró al presidente por encima de sus enormes gafas cuadradas, se aclaró la garganta, e incrédula, sólo alcanzó a articular, Habla usted en serio, antes que el presidente, con sólo un movimiento de mano, hiciera que sus dos guardaespaldas la sacaran de la oficina mientras él agitaba, cínico, los dedos gruesos y manchados y le decía, Muchas gracias señora Mendoza, hasta pronto. Ella no se resistió, pero cuando cerraron la puerta tras ella, caminó hasta su cubículo sin mirar a nadie ni decir palabra, se sentó frente a su computadora y lloró en silencio por dos horas. Luego la vieron poner sus cosas en una caja, nadie se animaba a decirle nada, aquello había sido tan inesperado para ella como para el resto, tiró con un movimiento elegante la pantalla del computador, haciéndola añicos contra el suelo, y salió del piso por la escalera, no hacia abajo como todo el mundo, mirándola por el rabillo del ojo, esperaba, sino hacia arriba, causando el asombro de las secretarias, que no se habían recuperado todavía de su acto reciente de vandalismo corporativo, o tecnológico, cuando ya la señora Silvia las sorprendía con este nuevo arranque de insensatez, A dónde va la señora Silvia, Qué va a hacer, pero nadie se atrevió a subir el primer peldaño para seguirla. Tres minutos después, la vieron descender en caída libre los cuarenta y cuatro pisos que separaban la banqueta de la azotea, y desbaratarse el cráneo contra el suelo.
Ella fue la primera. Ruperto Benítez, coordinador de enlace y medios, zona sur, vio con sus propios ojos cómo despedían a dieciocho jefes, subjefes, gerentes, coordinadores y asesores de todos los pisos en los siguientes dieciocho días, todos y cada uno siguiendo los pasos de la señora Silvia: luego de ver, muchos de ellos, por primera vez al presidente del corporativo de frente a los ojos, ponían sus cosas en una caja y se tiraban de la azotea del edificio sin hablar con nadie y sin que nadie les hablara. Alrededor de las cuatro de la tarde eran llamados a la oficina del jefe, y dos horas después ya se les veía pasar como una mancha lúgubre por las paredes del cristal del edificio a toda velocidad, uno tras otro, después del quinto a nadie le sorprendió que todos siguieran sus pasos. Para los empleados, se había convertido en un pacto secreto, todo un ritual obligatorio que debía cumplirse al pie de la letra, apenas empezaban los rumores y la víctima tenía que mentalizarse para lo inevitable. Los noticiarios y gobiernos locales, en cambio, estaban escandalizados, exigiendo a la empresa que tomara medidas inmediatas para solucionar aquella ola de suicidios que amenazaban con desatar el pánico laboral en todo el país, pero lo único que hizo el presidente fue mandarles un email de aliento a todos los empleados, Todos son parte esencial del corporativo, saldremos adelante juntos como un equipo y demás disparates, y poner una pizarra en la recepción con ofertas de empleo de otras empresas, para que vieran que afuera, en el mundo, todavía podían ser alguien, Se solicita chófer de ambulancia, excelente presentación, Urge capitán de meseros, ofrecemos sueldo base, Prestigiosa empresa líder en su ramo solicita vendedores ejecutivos, telefonistas, guardias de seguridad y personal de limpieza, llamar a la licenciada Aurora. Pero aquellos no eran trabajos que valieran la pena, al menos no para los jefes, subjefes, gerentes, coordinadores y asesores, que eran los más vulnerados ante las medidas para combatir la crisis, ninguno de ellos, con al menos diez años en el mismo empleo, se veía vendiendo seguros de vida.
El día diecinueve anunciaron que les entregarían las nuevas credenciales y que ya no despedirían a una persona por día, sino a cincuenta y cinco al mes, comenzando hoy y durante los siguientes tres meses, a ver si tenían los suficientes pantalones para ir lanzándose unos detrás de otros, sin la satisfacción del protagonismo personal, vueltos una cifra más de las espeluznantes estadísticas que los reporteros llevaban con rigurosa exactitud, sin más notas sobre la cotidianidad de sus vidas de boca de sus familiares, amigos y conocidos, pero no de los compañeros de trabajo, que tenían prohibido dar entrevistas, so pena de despido inmediato que bajo estas circunstancias era igual a una condena súbita. Ruperto Benítez se tomó la quinta taza de café de un trago y se sirvió uno más. Las manos le temblaban, el sudor resbalaba por su frente, porque intuía lo inevitable. Desde que llegó por la mañana, nadie lo miraba a los ojos. Grupos de secretarias, sabiéndose inmunes a las estrategias de la dirección, murmuraban en los rincones y se dispersaban ante su cercanía. Descubrió a cuatro compañeros mirándolo de reojo, casi compadeciéndolo. Carajo, pensaba, si no me compadecieron cuando mi mujer me dejó, qué les da el derecho a hablar así de mí. No consiguió concentrarse en toda la mañana. Miraba el reloj, impaciente, y luego su teléfono, esperando la llamada final, la sentencia de muerte irrevocable. Estuvo a punto de rezar, pero antes de aceptar su destino, tenía que salir de esa maldita angustia. Se desató la corbata, se sirvió un duodécimo café y salió del piso a toda velocidad. Pobre hombre, dijo una secretaria, está muy alterado, si supiera lo que le espera. Pero Ruperto ya se encontraba bajando las escaleras a toda velocidad, esquivando a los intendentes, disculpándose con los que subían y tropezando con los que bajaban, hasta que llegó al piso tercero, donde se encontraban las bodegas. El guardia de la puerta, al ver su determinación, no se atrevió a hacerle el interrogatorio de rutina, Con quién va, qué asunto, nada más se hizo a un lado, y Ruperto no se molestó en agradecer.
No le costó trabajo encontrar las cajas con las nuevas credenciales. Estaban organizadas por departamento, por zona y por inicial. Aquí está, departamento de enlace y medios, zona este, zona oeste, zona sur, este es. No le era suficiente con mirar las fotografías, leía los apellidos y el puesto, Alarcón, mensajero, Almeida, intendencia, Arámbura, inspector de calidad, Azabache, técnico, Baluarte, intendencia, Benavides, secretaria, Benigno, contabilidad, Bretón, auxiliar de contabilidad, Casares, secretaria. Repasó los apellidos una vez más, y todavía una tercera, desde la A hasta la Z, seguro que se había despistado, se le habrá pasado sin ver, No es esto posible, dónde se ha metido mi credencial…
No se tomó la molestia de meter sus cosas en una caja, ni de darle a sus compañeros de oficina el gusto de verlo humillado y convertido en objeto de compasión. Paso a paso, escalón por escalón, subió desde el tercer piso hasta la azotea, sin esperar para ser llamado a la oficina del presidente, miró la ciudad desde las alturas, invadida de nubes de tormenta, se dio cuenta que hoy no llovería, y que nada, ni ser despedido junto con otros cincuenta y cuatro incautos, lo detendría de cumplir con lo que ya estaba escrito desde el inicio de los tiempos sería su final, descerebrado como un mártir de la crisis en la banqueta. Sin dudar, se lanzó, casi con gusto, hasta sintió alivio, sólo pensando en el viento fuerte rompiéndose a su paso, en el frío del otoño y en el vértigo de la caída libre, y luego, la oscuridad.
Cuando Ruperto Benítez terminó de hurgar entre las cajas, un grupo de empleados entró por algunas y el presidente mandó llamar a todo el personal del departamento de enlace y medios a la sala de conferencias para repartir las nuevas credenciales y anunciar el ascenso del coordinador de la zona sur, Ruperto Benítez, a jefe de departamento en reemplazo de Lupita Martínez, quien lamentablemente había fallecido hace tres días, mostrándole a todos la credencial del empleado afortunado como si se tratara de un premio de consolación para el resto, Ya ven, no nada más hay despidos. Nadie lo encontró cuando lo mandaron llamar, pero todo el mundo se alborotó cuando una secretaria histérica salió por el pasillo gritando que se había matado alguien. El presidente, indignado, refunfuñó, Pero si todavía no he despedido a nadie hoy, lo que me faltaba, y se encerró en su oficina dando órdenes expresas y determinantes de que nadie lo molestara.
(FIN)
25/1/09
Gracias

1. Mandar todo al carajo, comenzar de cero, echar todo por la borda, borrón y cuenta nueva, son muchas las frases para una sola cosa, tan sencilla, tan simple, con tantas consecuencias, causante de tantos temores, de inquietudes, qué vamos a hacer, qué va a pasar, tendré que dejar la escuela, trabajar aquí y allá, vender nuestras cosas, cambiarnos a un multifamiliar, y todo lo que hemos hecho, lo que hemos logrado durante dos largos años, qué, pues se derrumba, se nos escapa, inevitablemente, despiadadamente, de entre las manos, qué vamos a hacerle, nada, esperar, que la suerte nos sonría, si es que nos sonríe, ser como el río que fluye, como el viento que corre alrededor de este mundo. Todo esto me llenaba de miedo, por la incertidumbre, porque recordé, recordé el hambre, la soledad, la fatiga ocasionada por estudiar tiempo completo y trabajar tiempo completo, y además, dónde iba a conseguir trabajo, pensé, pensé, le pido a mis maestros, le digo a M, que a fin de cuentas cuando le pedí se hizo el sordo, me la debe, o en algún call center, al cabo experiencia ya tengo, y no necesito más, fingiré que vendí mucho, que ni uno se me iba vivo, que me pasaron directo a Expertos Puerto Rico después de la capacitación, omitiendo la parte en que me degradan a un grupo que no tiene pies ni cabeza, que no es el mejor pero tampoco el peor, sólo diré, cuando me pregunten, Y vendías, diré, pues, Sí. Y escucharte entonces, decirme No es necesario, no te preocupes, me llenó de dicha, de tranquilidad, mi corazón dio un suspiro, porque bajo estas condiciones, en este momento de nuestras vidas, es lo mejor que se te ha ocurrido, esperar, sacrificarte por los que amas, y no sabes cuán agradecido estoy contigo, y nunca te lo voy a dejar de agradecer, porque me estás dando una oportunidad que nadie más me habría dado, porque sin ti, no veo el modo de llegar al final de la carrera, porque me has demostrado que no eres esa persona egoísta y arrebatada que a veces das la impresión de ser... No sé si es madurez o qué, lo cierto es que, aunque tal vez no es la decisión más acorde a nuestra ideología, sí lo es a nuestro contexto coyuntural, a la situación que estamos viviendo ahora mismo.
Una vez más, gracias.
Una vez más, te amo.
13/10/08
Consecuencias

[Una playa en Mazatlán, Sinaloa]
1. La repetición consistente de las mismas actividades durante un prolongado periodo de tiempo conlleva, en la mayoría de los casos, un hastío generalizado por la monotonía de la rutina que provoca estados de angustia, depresión, irritabilidad y demás consecuencias nefastas. Hace un año que entré a la escuela y el fin todavía no se acerca, a pesar de que sé mucho más sobre antropología que lo que sabía antes de entrar. F ya está harto de su trabajo y ha dictaminado seguir ahí hasta enero. Y sin embargo, nosotros estamos mucho mejor que nunca. El miedo al cambio permanece, es indiscutible, pero la emoción de hacer algo nuevo no se compara con nada. Ayer fuimos a repartir volantes de KPD. Y mientras... a la espera.
2. Mis ambiciones profesionales van mutando poco a poco. Todo el año pasado me interesaban los niveles de verdad y realidad aplicables al mundo humano, los matices y juicios que establecemos, cómo se producen las diferencias y la intolerancia entre los grupos. Aún no me queda claro, pero empiezo a intuir que es por la educación. Los niveles de educación crean marcadas diferencias entre grupos que no siempre se resuelven de manera armoniosa. Pero ahora, con mi renovado entusiasmo por la edición y la expresión audiovisual, pretende incursionar en el intrincado mundillo de la antropología visual, y como primer trabajo entregaré una pequeña investigación comparativa entre parejas heterosexuales y homosexuales, y las relaciones de roles y dominación que se dan a su interior. Había pensado, pues, hacer mi tesis sobre los fenómenos socioreligiosos de los iztapalapenses, pero si mi investigación resulta interesante, tal vez regresa al terreno de la política y las relaciones de género y poder... ¡Diantres! Pero en esta dimensión, como en muchas otras de mi vida, simplemente me dejaré llevar y a ver qué sucede.
3. No sé si este año he sido yo mismo o he mantenido una máscara con mis compañeros de escuela. Según yo, me he portado como quiero con ellos, sin importarme las relaciones de fraternidad que pudiesen surgir de la convivencia. ¿Por qué? Porque esta vez la escuela no es una obligación ni un deber que debo cumplir de la mejor manera posible. Antes de la UAM, en toda mi vida académica, había intentado establecer esos lazos de fraternidad para hacer la estadía más llevadera. Ahora, no me interesa. Realmente estoy preocupado por la obtención y comprensión de conocimientos, por el aprendizaje y las experiencias que tengan qué ver con lo que estoy estudiando. Sin embargo, esto me ha traído consecuencias, mayormente negativas, las cuales francamente no las esperaba: una exclusión del ámbito social que se identifica como "grupo" de antropólogos uameros, tal vez no explícita, pero que se refleja sobre todo en las actitudes que mis colegas tienen para conmigo. Seguramente se da desde hace un tiempo, pero no lo había notado hasta hoy. El siguiente paso es establecer la razón de esta presunta exclusión: mi actitud hacia ellos, o mi alejamiento en las distintas actividades lúdicas que organizan para fortalecer los lazos de fraternidad. Es más: ni siquiera tengo ahijado. Lo cual, extrañamente, no me provoca gran cosa...
4. La prioridad establecida entre mis distintas actividades y tareas me ha alejado sistemáticamente de la inspiración y la disponibilidad para seguir escribiendo cuentos. Muchas veces los veo en mi cabeza, imagino situaciones, conflictos, choques, pero no me siento con las ganas suficientes de crear historias. Ahorita lo que más me preocupa es el video de relaciones de dominación, cómo lo voy a estructurar, qué voy a incluir, cómo voy a grabar, escribir el guión, documentarme sobre el tema (en lo cual voy muy atrasado), ese tipo de cosas; luego, las demás materias, las lecturas, las exposiciones, incluso los trabajos finales; después mi actividad laboral, seguir repartiendo volantes, estar atento a todas las oportunidades de grabar/editar videos, echar a andar de una vez por todas el proyecto; las encuestas en El Vicio, mis clases de alemán, la fiesta en diciembre, las cuentas por pagar, la higiene personal, la salud, el aspecto físico, las características del lenguaje, la inmensa creatividad del ser humano... Miles, millones de preocupaciones en mi cabeza que, francamente, han ido desplazando, aunque sea por un tiempo, la necesidad imperiosa de la creación literaria.
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"Bésame... bésame mucho... como si fuera esta noche la última vez..."
28/9/08
Pronto
1. La verdad es que sí estoy entusiasmado. Hace mucho estaba deseando asistir a un concierto suyo y ahora, por fin se me va a hacer. Tómenla, tijuanenses!
2. Al hablar con K, y notarla así, tan desenfadada, tan natural... pensé, "válgame, eso es tener problemas". Y yo quejándome. Digo, no es que le tenga lástima ni nada. Sigue adelante, con su hijo y su vida como si ninguna de esas cosas horribles le hubieran pasado. Yo me habría desbaratado. La verdad es que he tenido una buena vida, todo muy fácil, y eso me ha causado que me establezca en un nivel de comodidad en el cual no debería. Debo ponerme las pilas (ahora sí), pero ya.
3. El nuevo trimestre, 08O, cuarto mío, me provoca más flojera que entusiasmo. La verdad es que no me hubieran caído nada mal unos pocos días más de vacaciones. Tenía muchísimos planes y no sé en qué se me fue el tiempo. Según yo, iba a hacer fichas de estudio de todos los libros que he leído durante el año, relacionados con la escuela, y organizar mis juegos de copias para ver cómo me deshago de ellos, quizá se los heredé a alguno de los alumnos nuevos que entren. Pero, por alguna misteriosa razón, no tuve tiempo.
4. Ahora sí, no hay pretexto: ya he pensado durante días enteros qué hacer para que mis videos sean la mejor opción de mis clientes potenciales. Y quiero comenzar de una vez a tener independencia económica, no tanto por F, sino por El Vicio. ¿Qué pasará cuando F se harte y ya no quiera ir a la oficina, lo cual, al parecer, sucederá muy pronto? Pues espero que para entonces, yo ya esté trabajando en las producciones de videos de eventos. El lunes o el martes iré al mercado, donde están los locales de recuerditos de bodas y quince años, y cazaré a mi próximo cliente. Además, la posibilidad de editar un video de un bautizo me ha traído una muestra, para que no crean que los voy a embaucar. No llego a tanto (todavía).
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That's why, my friend, it's an evidence: politik is violence!"
8/7/08
Vacaciones [...!]

Los principales elementos que contribuyen a mi estrés personal en este periodo de vacaciones son:
1. No tengo vacaciones gracias al SITUAM. Y ahora que me enteré que se les perdieron, casualmente, 3.8 millones de pesos (cuya falta fue descubierta por la dirigente del sindicato, y éste utilizó la huelga para presionarla y hacerla renunciar, según fuentes fidedignas), no podría estar más agradecido.
2. La exposición de funcionalismo, con mi súper equipo, acerca de Bronislaw Malinowski (jamás imaginé mencionar tantas veces, en un sólo día, un nombre tan extraño). Me preocupa que ocurra algo inesperado, que a la hora de la verdad se me olvide todo, que al maldito de Tejera no le guste y nos diga "Limítense a lo que dice el libro"... Lo mato.
3. Los videos del sexto festival internacional de cabaret. No sé qué me ocurrió cuando le dije a A F que los tendría en una semana. Al fin terminé uno, ahora sólo falta el otro, el más difícil, que es para dentro de dos días. Probablemente el jueves no vaya a la escuela... argh! Cómo trabajo.
4. Nuestras visitas. No es nada personal, sólo que la gente me estresa, y más si están en mi casa, y más si todo está desordenado, patas arriba, nada en su lugar, todo sucio, las toallas mojadas, los trastes mugrosos todo el tiempo, hay pocas cobijas, gastamos mucho gas, quieren ir de paseo... argh! Me quiero volver chango.
5. La lluvia incesante. Eso de estar lloviendo día y noche, noche y día, desde la mañana hasta la medianoche, no es nada normal. Dijo Joaquín López-Dóriga que este año era (o iba a ser) el más lluvioso de la última década, y si lo dijo Joaquín López-Dóriga tiene que ser verdad. Sí, cómo no. Y mi ropa siempre mojada, mis lentes, mi pelo, las calles inundadas, las alcantarillas desbordándose y llenando todavía más de mierda esta ciudad... argh!
Conclusión: Una sexta cosa me va a volver chango. Lo sé.
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"Dale una chinita a la negrita, échale baygon al bye-bye-boom..."
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10/6/08
[Fragmentos de un discurso] Irrelevante

1. La escuela.
Al fin han subido la primer calificación a la página de la uam. Sin noticias nuevas. Sigo nervioso por economía política, es la única que me preocupa. Pero, como bien me dicen mis camaradas, yo siempre me preocupo y siempre salgo bien. Una B no me caería nada mal. Pero con una S me conformo.
2. Los alemanes.
Cora es una persona sumamente talentosa. No sé si se decepcionó con la relativamente poca gente que acudió a su show el viernes pasado, pero antes del espectáculo la noté muy entusiasmada y hasta nerviosa; después, indiferente y hasta un poco seca. Pero me cae bien. A Gert no lo conocí mucho porque me daba un poco de miedo, pero cada vez que le hablaba me contestaba con una enorme sonrisa que dejaban al descubierto sus dientes separados, y durante el show fue muy simpático, sobre todo cuando dijo "he reservado una habitación... ¡con baño!". Gary es el que mejor me cae, no sé si porque me habla y me pide más cosas que Cora, y su esposa, Lavenia (creo que así se escribe) es una sonrisa viviente. Ella fue la que buscó cómo se dice "recuerdo" en alemán. Además, me da gusto que les haya agradado la ciudad lo suficiente como para dejar de ir a Acapulco.
Ah, y me gusta practicar mi muy mal inglés.
3. La pescada.
Cuando llegamos antenoche, después de ver el show de las Hijas de Safo, F casi pisa su cuerpo aguado e inerte. La juntamos del suelo y la volvimos a meter en la pecera, pero yo sabía que sería inútil. Me sorprendió ver cómo, a pesar de todo, de vez en cuando daba unas sacudidas muy macabras. Yo la había visto rara desde que la compramos: siempre inquieta, queriéndose salir de la pecera. Pero los peces no pueden vivir fuera del agua. Lo hemos comprobado.
4. Las vacaciones.
Hoy es el primer día. Quedan mañana, el jueves, sábado, domingo, lunes y martes. Y de nuevo a la escuela. Que fiasco. Quién me ha robado mis vacaciones.
5. Etcétera.
Estoy cansado. Tengo la barba crecida, los ojos me arden, la espalda y los hombros me duelen y tengo mucha, mucha, pero mucha flojera de ir al Vicio hoy. Pero el deber me llama.
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Vayan al sexto festival internacional de cabaret, no sean así. Acá la cartelera.
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"Bésame, bésame mucho... que tengo miedo a tenerte y perderte después..."
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12/5/08
De capuccinos y carreras de media noche

Nunca imaginé que terminaría aprendiendo a hacer capuccinos. Es muy sencillo. Ayer, por ejemplo, aprendí dónde estaba mi error: lleno demasiado el vaso de leche y por eso, cuando echo el café, la espuma no sube tanto, pero hoy practicaré. Si mi mala suerte es suficiente, estaré solo en la barra y, otra vez, saldré hasta las doce de la noche, si no es que después, y tendré que correr, correr y más correr hasta el eje 8 para alcanzar el camión a Santa Marta, pues es el único que a esa hora sigue pasando, pagaré cinco pesos y llegaré en diez minutos a la calle que baja a mi casa, para después bañarme, deshacerme del sudor y del olor a café, café con aroma de sudor, descansar, relajarme, dejar de pensar en los meseros, en lavar el trapeador, mañana será otro día, si me dicen algo no me importa, por el momento, ayer, alcancé camión, si hubiese lavado bien el trapeador, quién sabe si hubiera alcanzado, lo más probable es que J se encabrone porque lo regañarán a él (Se supone que dejaste los trapeadores limpios y ve, qué es esto, esto es limpio según tú), y él vendrá conmigo, o en todo caso, me acusará, Yo le dije, le advertí que si usaba el mechudo lo volviera a lavar, que yo ya había terminado con él. Qué importa.
Si mi mala suerte no es todavía suficiente, C me ayudará a cerrar y nos iremos, más o menos, temprano. Ya tiene toda la experiencia y me ayudará a limpiar y con los inventarios, yo, lavaré, es lo que se me da, y no me importa lavar, es mucho más fácil, haces jabón, desarmas y vuelves a armar, es todo, no hay cosas más sencillas. Procuraré barrer en los ratos de ocio, se supone que hoy está tranquilo pero no me confiaré, hay función en la cineteca y eso significa, invariablemente, gente, quién sabe cuánta. Ya veremos.
Y después de esta noche, llegará el martes. Iré a mi clase de historia, entregaré mi trabajo. En argumentación nos dictarán un cuestionario y se acabó, luego por las copias correspondientes o libros a la biblioteca y vámonos, directo a coyoacán, otra vez, pero ya no a la cineteca, sino al teatro bar el vicio, a hacer covers. Regresaré a casa con F, haré un poco de tarea si me da tiempo en lo que llega O. Estoy nervioso. Invitarlo. Así pudo ser, tan simple y sencillo, invitar a alguien, no hacerlo oculto, de haber sabido que F habría aceptado, así. O quizá no. Quizá me lo propuso porque O es soldado, y por el simbolismo que implica invitarlo.
Estoy nervioso. No sé qué pasará. Y el trabajo en Top Sure Institute no me convence. Las ventas, lo he comprobado por segunda ocasión, no es lo mío, y no lo comprobaré por tercera. Mejor mañana, si no tengo mucha tarea, me iré a repartir volantes. Ahora sí estoy más animado con esto. Necesito animarme porque si no, andaré vagabundeando, de trabajo en trabajo, toda la vida. Y eso no es lo que quiero, la verdad.
Es todo por ahora.
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"Despréndete de todas las impresiones de los sentidos y de la imaginación, y no te fíes sino de la razón", René Descartes
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5/5/08
Cuando quieras quitarme la vida

Ya ha pasado la tormenta, según parece, pero los daños están hechos, y quedarán, para siempre, marcados en el muelle, para que nunca se olviden, para que, en el futuro, cuando el mar esté en calma y los pescadores se confíen, haya uno que les diga, Recuerdan la cabaña que estaba allá, era de fulano, y ahora ya no está, se la llevó la tormenta, y lo que aprendieron, si es que algo aprendieron, no se pierde en los laberintos oscuros del tiempo y de la memoria, para atarles una cuerdita, seguir avanzando, cada vez es más difícil, de tantas cuerditas que llevamos atadas, no podemos movernos, continuar, por eso hay que deshacerse de las que no importan, y sólo esas, las que tiran las cabañas, esas sí hay que llevarlas siempre con nosotros.
Aquí quedaron los daños. Aquí no, en esta casa llena de sol, caliente, todavía extraña, es un paisaje distinto, los ruidos son diferentes, ya no está la maderería, o lo que fuese aquello, hombres trabajando hasta medianoche, ahora hay un puesto de tacos en la esquina, suadero, al pastor de pollo y longaniza, en la esquina un parque con un quiosco frente a una iglesia, la campana, sin falta, suena cada hora, once de la noche, doce de la noche, una de la mañana, dos de la mañana, después no sé porque duermo, tranquilo, con el eco del remordimiento, todavía, zumbándome los oídos, recordándome, Mira la suerte que has tenido, todavía poder dormir abrazado a un cuerpo que te ama, pero supongo que, como a las seis y siete de la mañana sigue sonando, igual lo hará a las tres, cuatro y cinco. Los olores también han cambiado, las paredes, los gatos y camiones pintados en la recámara, la cenefa despegándose en la sala, todavía vacía, excepto por el librero, ya atestado de libros errantes, la cocina, con una mesa faltante, pero por lo demás, cualquiera que vea esto diría, Que linda casa, y yo respondería, Pues no gracias a mí.
Eso y el trabajo. Después de un mes y medio, casi dos, contestando llamadas, ofreciendo productos que cambian la vida, superando rechazo tras rechazo, frustración tras frustración, no tolero no ser bueno en algo, no puedo ver mis métricas, todavía peores a las de O, y continuar trabajando tan tranquilo. Y no me importa. Trabajar en algo más, o en algo menos, sirviendo cafés, haciendo frappé, "esmutis", limonadas, por una miseria... De una frustración a la otra, por qué no puedo vivir de editar, de escribir, por ejemplo, si me pagaran por hacerlo, que feliz sería, la vida otra cosa, no tener que saltar de un trabajo al otro, ni soportar jefes déspotas, ni compañeros pedantes, que creen que lo saben todo pero no pueden armar una maldita máquina de capuccino frío, para qué la desarman entonces, y el otro, flojo como el solo, barrer, cuánto trabajo, cabrón, barrer y tallar, jalar y secar, eso es lo justo, dos y dos, cuándo alguien escuchó decir, y aceptó, que uno haga una cosa y el otro tres es justo, cuando ambos tienen el mismo puesto y se reparten tareas que son equivalentes, como en KFC, que tiempos aquellos, cerrar trasempaque, por ejemplo, uno hace el wash, el otro lava las freidoras, una cosa es una chinga, la otra es un riesgo, y eso es lo justo, malo cuando uno se iba a las nueve y tenía que dejar a E sola, porque la StoreTrainer no me quería ver más allí, cambiaba el filtro, lavaba las cuatro máquinas y una se quedaba sola, para lo que se ofrezca, de noche no hay ya tanta gente, uno que otro perdido, borracho, comprar una papas chicas para poder entrar al baño, pase así, no me haga ensuciar la máquina otra vez oiga.
El caso es que tengo 22 años, casi, y no puedo dedicarme toda la vida a esta clase de trabajos, por muy dignos que sean, lo que yo quiero es otra cosa, algo más retador, algo que me haga esforzarme en serio, que no sea solo trabajo físico. En la finca está bien, no es pesado, ayer lo fue, pero eso es por "la situación", dijo M, por el Foro será, qué sé yo, es pesado, sí, pero no tanto, fue mi segundo día, funcioné bien, supongo, me falta experiencia, práctica, después haré todo sin pensarlo, justo como en KFC, presionar botones, echar hielos, servir, entregar, es todo, quién sigue.
A algunos nos tocó chingarle. Otra cosa sería, si mi padre fuese rico, por ejemplo. Para empezar, no estaría viviendo aquí. Me habría ido ya a Francia o a Sudamérica a estudiar. No tendría que trabajar. Esta PC sería una MacPro y yo estaría, ahora misma, escribiendo reflexiones sobre la vida tirado en el pasto del campus, fumando mariguana y filosofando sobre las virtudes espirituales de la materia o algún tema por el estilo, y en cambio, estoy aquí, muriendo de calor, en el día más libre que tendré en el año, sin ganas de hacer tarea, queriendo descansar, sólo descansar, pero el remordimiento no me lo permite. Sé que tengo tarea que hacer, y en cambio, estoy aquí, escribiendo tonterías que a nadie le interesan, sólo para desahogarme.
Desahogado estoy. Y ahora, a seguirle chingando, no hay de otra... Pero antes, terminaré el Ensayo sobre la ceguera de una vez, para ver si en la biblioteca de la UAM tienen Marianela de Pérez Galdós, que tengo ganas de leerlo de nuevo. Quizá por la historia de los ciegos. O quizá no.
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"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos", José Saramago
29/3/08
Time Out

Sin tiempo para nada.
La capacitación es aburrida.
El trabajo está lejos.
No me gusta vender.
Salgo a las once de la noche.
No tengo más tiempo libre.
Necesito el dinero...
¿Cuándo podré salir a tomar fotos con mi cámara nueva?
Soon... I hope...
4/4/07
Emociones
Anoté el teléfono nomás porque sí, para ver qué pasaba. Igual llamaba y nadie contestaba, o me decían que ya no estaban solicitando editores, o que yo era muy joven e inexperto para el puesto -ya que los requisitos especificaban "de 25 a 35 años". Pero vencí mi pesimismo y guardé el teléfono. Antes de llamar, lo seguí pensando. Al diablo, levanté la bocina y marqué. Me contestó una mujer. Me preguntó sobre mi experiencia. Me hablo del sueldo, de la ubicación, de las características del trabajo que se desempeñaba, y me concedió una entrevista. Allá voy, un largo trayecto en metro, hasta cuatro caminos, de ahí una combi que decía Palosolo, un lugar que no parece estar en esta ciudad (y que de hecho, no está). Pero el entusiasmo y la emoción eran mucho más fuertes que el miedo y la angustia por perderme, por no llegar a tiempo, por que me dijeran que no, gracias. Después de, como lo tenía bien previsto, irme de paso hasta la terminal, y regresar, al fin encontré las escaleras que me dijeron. Y al bajar, vi la glorieta, enorme y hermosa, en medio de las casas del lugar, enormes y hermosas. Crucé la calle. El guardia me pedía una identificación para dejarme pasar, y yo, era el colmo, no llevaba mi cartera. Empecé a reirme de mi mala suerte, de la travesía que había sido llegar para, ya estando en la puerta, regresar con las manos vacías. Le dije, voy a la casa número 6, a una entrevista de trabajo. El guardia me vio de arriba a abajo, se grabó mi rostro, quizá, y me dijo, Pásale pues. Pasé.
La casa era, como ya lo dije, enorme y hermosa. Me abrió un muchacho de cabello largo, alto y moreno. Me saludó y me invitó a pasar. El señor (hasta ahora no me sé su nombre), me recibió y me dijo que tenía suerte, porque ya estaba por salir. Me hizo un par de preguntas y me dejó con su esposa, para que finalizara la entrevista. Le enseñé uno de los trabajos que he hecho, me dijo que estaba bien, que cuándo podía empezar. Cuando sea, contesté, entre valiente e idiota. El lunes está bien, me preguntó, y le dije que sí. Y no sólo me emociona haber encontrado un trabajo de lo que me gusta, de lo que sé y disfruto hacer, sino por fin poder abandonar, de una vez por todas, el asqueroso sabor de la receta secreta, la crueldad del cruji pollo, y los increíbles e insalubres procedimientos y antiprocedimientos con los que KFC alimenta a sus inconscientes clientes.
Esa es una. La otra: en la mañana, cuando se levantó a tomarse su pastilla de las 7am, abrí el ojo y pregunté Qué hora es, y sin esperar respuesta, porque ya la sabía, decreté Voy por el periódico. Me puse una gorra, un pantalón, una camisa y una chamarra. Estaba helado afuera. No iba nervioso. Una parte de mí ya sabía qué iba a pasar, la otra se rehusaba a creerlo, pero traté de mantener un equilibrio, de no pensar en ninguna posibilidad, como el resultado no me afectara a mí, sino al resto del mundo. No pensaba en nada. Llegué al primer puesto de periódicos, el que está saliendo del metro. Estaba cerrado. Pero vi, en la otra esquina, el otro puesto -el perredista-, y ahora sí, con los nervios carcomiéndome, casi corrí. Una señora acababa de llevar la gaceta de la UAM, y se preparaba, junto a su hijo, para cruzar la calle. Tomé el periódico y pregunté, Cuánto cuesta. Dos pesos, pagué, y lo abrí. Y ahí estaban, los números de folio de los aspirantes aceptados en todas las unidades. Yo, por supuesto, no recordaba el mío. Me calmé un poco y emprendí el camino de regreso. Al entrar, me dirijí al librero, saqué la carpeta con los papeles que fui juntando durante el proceso de selección, y leí mi folio: 3108171. Lo busqué primero en los tres. Del 30080168 se saltaba al 30080174. Por un momento me creí perdido, pero la emoción no me dejaba leer bien los números. Volví a revisar el mío. Lo busqué en los 31... Y ahí estaba. Unidad Iztapalapa, división de ciencias sociales y humanidades, periódo Otoño de 2007. No pude evitar una carcajada.
Y esas son las dos cosas que me emocionan. Porque lo son todo, empezar un trabajo nuevo, asegurarme un lugar en la universidad... Con eso soy feliz. Claro, con eso, y con el amor de cada noche, de cada día, de cada minuto... Y ya.
15/9/06
Independencia

Siete de la mañana. Tomo el metro Insurgentes con dirección Pantitlán (no es tan difícil como parecía), y trasbordo en Balderas, dirección Universidad, hasta Miguel Ángel de Quevedo. Por fortuna, aún era temprano y pude irme sentado. Salgo de la estación, camino hacia la esquina y procuro orientarme, hacia dónde está Insurgentes. Y camino. Voy comiéndome un durazno enorme y desabrido. Cruzo un par de calles y veo el metrobús. "Llegué", me digo, cuando veo un letrero de Pizza Hut y una fila de jovenzuelos esperando la llamada del guardia de seguridad. Me hace firmar una hoja de registro de entrada, y me dice que espere a que nos llamen. Me siento en un escalón, junto a una muchacha de lentes redondos, y espero. Se me antoja un cigarro, pero odio apagarlos a la mitad. Después de un rato, el guardia nos manda llamar. Somos como once o doce gentes. Subimos por las escaleras, entramos a un salón con pupitres y una televisión transmitiendo "Daniel el travieso", y espero.
Trabajar para una trasnacional gringa no es (ni será jamás) mi meta en la vida, pero bajo las circunstancias en las que me encuentro (poco dinero y 1800 de renta para el día 9 de octubre), lo que sea es bueno. Así tenga que disfrazarme con un ridículo pantalón caquí, playera azul con la cara de un viejito estampada de un lado, un mandil igualmente ridículo, y una gorra, más ridícula aún. Observo a los sujetos del video del curso de inducción, y se me hacen unos completos retrasados, siempre sonriendo y echándose porras, siendo que, días antes, cuando me mostraron las instalaciones de lo que sería (a partir del lunes próximo) mi nuevo lugar de trabajo, veía las caras largas y frustradas de los muchachos que trabajaban atrás, sacando basura, preparando ensalada, lavando los baños. Comeré pollo todos los días, que emoción (nótese el sarcasmo).
Tengo sueño, y hambre. Un repartidor entra al salón mientras nos tienen esperando, y deja tres pizzas olorosas y cuatro litros de refresco en la mesa... Carajo, hasta las pizzas de plástico huelen delicioso cuando uno tiene hambre. Un rato después, cuando el video al fin termina, una licenciada viene y nos trae platos y vasos desechables, y nos dice que comamos. Se va, y todos se voltean a ver, esperan que uno sea el que se levante, para no verse tan hambrientos, o qué sé yo. Los miro, sonrío, y voy por mi pizza. Luego nos hicieron firmar y más firmar, nos entregaron los uniformes. "Preséntate el lunes en tu sucursal, pregúntale a tu gerente en qué horario". Qué bien, ya me voy.
Ahora camino hacia Insurgentes y busco una parada próxima de metrobús. Hay una cruzando un parque. Reviso el mapa, me doy cuenta que estoy en la penúltima estación... Mierda, viajaré un buen rato. Por fortuna (otra vez), me voy sentado. Satisfecho de al fin tener empleo. Con seguro y sindicato y todo el rollo. Claro, es temporal, mientras consigo otro de editor... Mientras... preparar hamburguesas y atender chilangos hambrientos, estará bien. Cerca de casa, de seis a ocho horas, comida incluída... Insisto: MIENTRAS, está bien.
Y en casa, el amor me espera. Está poniéndose los tennis cuando entro... El amor.
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