4/1/12
Cargar con todo
13/4/09
Vacaciones

1. Siempre me pasa lo mismo. Voy, estoy unos días, me divido entre la familia de F y la mía, entre mis numerosos tíos y tías y mis hermanos y padres, nunca es suficiente tiempo y siempre, al terminarse esos gloriosos días, me queda una sensación de vacío y de depresión que no me puedo sacudir tan fácilmente. Todo el camino de regreso al DF pensé, qué pasará, valdrá la pena, estaré haciendo lo correcto, y la respuesta era siempre la misma, no sé, cómo saberlo, y yo ya no tengo a nadie que me digo, Estás mal, para que me de fuerza de voluntad, para intentar demostrar, una vez más, que estoy bien. Dormía y despertaba, la película no sirvió, el chofer se dio por vencido, cuando se paró, asumió que en realidad no valía la pena poner otra, que era hora de mandar a dormir a los pasajeros, y así lo hicimos, qué más da, habrá otros viajes, veremos otras películas, a fin de cuentas, siempre son malas. Hacía frío. Y yo, pensando y pensando. Que aún quedan dos años, un poco más, para terminar la carrera, y que hasta entonces yo estaré limitado en todos los sentidos, que no podré ocuparme de mis hermanos como me gustaría. Nadie me obliga, pero yo siento que debo hacerlo. Luego miré a F. El gesto relajado, los labios entreabiertos, las piernas recogidas, dormía como un angelito. Mis dudas se disiparon en ese mismo momento. Con su apoyo, lograré todo lo que me proponga. Aunque fuese el único. Hasta entonces pude dormir tranquilo.
2. Sé que ser madre no debe ser fácil. Trato de imaginarme a mí con un hijo. Que crea en el partido de derecha, en la iglesia católica y en las instituciones del gobierno. Me mataría de coraje, si hiciera cosas que a mí no me gusta que haga. Pero sabría que estoy mal, y que la mejor manera de hacercarse no es la violencia. Sé que un padre no sirve para decirte qué debes hacer, qué es lo bueno y qué es lo malo, porque eso cada quien debe irlo descubriendo. Tampoco sirve para darte órdenes, para guiarte por el sendero correcto, para que le hagas caso en todo, para tener alguien a quien pedirle permiso. El papel de un padre, o al menos el que debería ser el papel de un padre, es acompañar, apoyar y respetar. Enseñar al hijo a encontrar sus propias herramientas para sobrevivir en el mundo. Crear un ser humano consciente, capaz, decidido, con los pies puestos sobre la tierra, que pueda confiar en ti y pedirte consejo ante un problema. Ser padre es, ante todo, ser amigo. Yo no tuve eso. Y mi hermana lo tiene más difícil, porque es todavía más rara que yo. En lo que jamás estaré de acuerdo es en la violencia. Es difícil explicarle a mi madre, y es difícil explicarle a mi hermana, porque se encuentran en polos opuestos. Pero en verdad me preocupan. Las dos me preocupan, y cada una me preocupa. Pero creo que, en este caso, es mi madre quien está haciendo todo mal. Y no sé si acepte mi ayuda.
A fin de cuentas, yo estoy lejos.
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"One day my dreams will be reality..."
8/4/09
Season finale

La escuela ha finalizado. No fue un trimestre estresante, pero sí agotador. Y ahora, como recompensa, nos vamos a Mazatlán. Unos días de relajación y playa es justo lo que necesito en este momento.
Porque sé que este mes será como un final de temporada de mi serie de tv favorita. Muchas cosas embonarán en su sitio, descubriremos cuáles son los siguientes pasos y nos pondremos manos a la obra para comenzar de nuevo. No tengo miedo, estoy entusiasmado. No sé qué pasará, pero todo será diferente. Comenzaré mi proyecto sobre vih/sida, conoceré gente, leeré nuevos libros...
Estoy entusiasmado. Tanto que no puedo escribir coherentemente.
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"They will se us waving from such great highs..."
11/1/09
Me cayó encima

1. De pronto, como por arte de magia, la cosa más importante que aprendí en mi vida dio un vuelco y, tímidamente, me cayó encima. Recordé las sesiones de terapia individual con la psicóloga del Centro, la vez que me dijo que yo usaba, como sistema de defensa, la racionalización, y que mi adicción a la mariguana era leve, y que el mayor peso que llevaba a cuestas era tratar de agradar a todo el mundo, tratar de complacerlos y de cumplir con sus expectativas. Justo eso. Tantas veces repidiéndote que lo único que buscaba era hacerte feliz, pero hasta este momento lo consideraba una cosa normal en el amor, qué es el amor si no hacer feliz a alguien. He llegado a un punto en el que el amor que siento por ti ha superado el amor que me tengo a mí mismo, y eso no sería ningún problema si tú lo apreciaras, o si el tiempo no hubiese transcurrido junto con la costumbre y la monotonía de los días juntos, de los días lejos, de los días iguales, cansados, de trabajar para vivir. No es culpa mía ni es culpa tuya, nada más así pasa, me he pasado la vida predicando que el amor no es un sentimiento hermoso sino la sublimación de todos los demás, incluyendo los feos, los malos o los que, nada más, no nos gustan. Y aun así, con una definición en apariencia tan concreta y certera, no vayas a pensar que sé cómo amar, quizá es algo que no se aprende porque no se puede, tal vez el amor es más como andar un camino, como manejar un coche, cada quien lo hace a su manera y del modo que mejor le acomode, entonces, es cuestión de intentar modos distintos, ensayo y error, la intención es lo que cuenta, pero cuentan más las acciones que motivan esas intenciones. Quiero decir que ya no voy a buscar complacerte en todo, no cuando contraríe mis propias motivaciones, mis gustos o mis apetencias coyunturales, no cuando tenga que pisotear mi amor propio para verte feliz. Y es que a veces, sólo a veces, me preocupa que no seas como yo sólo en una cosa: en que baste para hacerte feliz, verme feliz. Es cuestión de reciprocidad.
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"Porque yo adonde voy hablaré de tu amor como un sueño dorado..."
5/1/09
Último día

1. He disfrutado mucho estas vacaciones, de alguna manera, no han sido como las anteriores. Ahora me siento mucho más relajado y tengo seguridad, estabilidad y confianza en mi vida, que es lo que realmente necesitaba. Sé que puedo ser alguien, sólo necesito paciencia. Ver a algunos amigos me llenó de dicha, pero sobre todo, ver a mi familia. Es que cuando uno estudia antropología se da cuenta que en realidad, no son mi familia por los lazos sanguíneos, o cómo explicaría el cariño hacia mi tío D, por ejemplo, sino por las relaciones personales y sociales que he establecido con ellos. Lejos, en aquella urbe de acero, sólo tengo a F, y aquí me siento en compañía, de quienes me quieren y se preocupan por mí. Eso me llena de fuerzas para seguir.
2. Quisiera decirles, para empezar, que la vida no es sencilla. Que un día van a tener que dejar a los papás y continuar por su camino, y que el mundo no les va a poner las cosas fáciles. Es verdad que el dinero es una mierda y que el sistema es terrible y opresor, creador de masas ignorantes y consumistas, pero también es verdad que no hay de otro. Somos, sin duda, individuos libres, y por eso mismo hemos decidido continuar reproduciendo los patrones de conducto, siendo sus cómplices desde el momento en que permanecemos en la sociedad. No hay de otra. Pero no por eso hay que quedarse callados. No sirve de nada, por ejemplo, negarse a ver la tele, o no ir a mcdonalds, pero sí sirve tener una mirada crítica, dejar de creer en los medios, fomentar otros modos, otras formas, respetar, tolerar y promover las diferentes maneras de pensar. Creo firmemente que cualquier modo de pensar es válido, pero también que el fanatismo religioso hace mucho daño, y eso es lo que en verdad no tolero, porque soy enemigo de la ignorancia, porque la libertad sin conocimiento es esclavitud. Creer sólo por creer no tiene sentido.
3. El puerto que me vio nacer va en camino desenfrenado a convertirse en un producto más para las necesidades consumistas de los ricos. No se necesitan tantos hoteles en una ciudad tan pequeña. Mientras, por un lado, las calles permanecen sin pavimento, los camiones cumplen 30 ó 40 años de viejos, y la cultura del narco y el "pseudoprogreso" prolifera, del otro lado hay grandes inversionistas haciendo su minita de plata, vendiéndole a la gente ilusa la idea de que, embelleciendo las zonas turísticas Mazatlán alcanzará el nivel del primer mundo. Lo único que yo veo es una enorme tienda departamental, ofreciendo sus productos y servicios a gringos engreídos y rascistas que disfrutan dando órdenes a gente con un color de piel distinto. Pobres mazatlecos, creyendo que su ciudad progresa cuando en realidad, la están vendiendo.
4. Me harté de pararme y sentarme como idiota. Al principio me parecía interesante mirar con otros ojos la liturgia católica, y pensé, Será divertido escuchar el sermón del padre. Fue divertido, sí, ver cómo todos sabían los cantos y las alabanzas, fue fascinante y muy interesante ver cómo creen que así rinden culto a un ser que no conocen y que nunca conocerán, y después de estallar, fue asombroso ver cómo la gente paga 10mil pesos por un lugar diminuto dentro de la iglesia donde las cenizas de sus cuerpos reposen. Simplemente increíble. Pero no pude soportar al padre diciendo una sarta de pendejadas sobre el derecho a la vida y aconsejando a los padres para que no dejaran abortar a sus hijas. Dijo, "Ahora, con toda esa mugre de la liberación, nuestras hijas corren peligro", ni más ni menos. Me dieron ganas de apedrearlo. Por hacer que la gente lo escuche. Por hacerles pensar que tiene la razón. ¿Qué clase de personas lavan el cerebro de la gente de esa manera? ¿Con qué clase de ideas basura llenan las cabezas de gente que necesita que le digan lo que tienen que hacer, porque viven sumidos en la ignorancia? Y lo decidí: continuaré (o iniciaré) alguna clase de campaña contra las creencias religiosas. La superstición, como siempre he dicho, nubla la razón.
5. Por increíble que parezca... Extraño el df. Pero también, a unas horas de partir, ya estoy extrañando Mazatlán.
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"Porque allá donde voy me llaman el extranjero"
29/12/08
Express

1. Apenas me bajé del avión y el olor del mar me dio de lleno en la cara. F dice que también le llegó, pero que también percibió el olor del drenaje. Hace calor. Ahora he notado el acento mazatleco más que nunca, y como he estado leyendo a Marvin Harris, asocio la manera de hablar cortando las palabras y las vestimentas de la gente (ropas cortas y delgadas, como si anduviesen casi semidesnudos) con el clima caluroso y el ahorro de energía vital... Es la famosa maldición del antropólogo de la que tanta habló Xóchitl.
2. No me gusta pelear por dinero. Y me pone muy triste que sea yo quien siempre intenta arreglarlo todo, y que sea yo quien siempre trato de buscar soluciones y tú estés siempre evitando las soluciones. Pero no importa. Ya no importa...
25/10/08
Solo

2/1/08
Frío

La verdad es que no me gustan los camiones enormes, caros y con choferes escandalosos gritándose y jugando carreras. No me gusta la tierra ni el olor a mariscos podridos y a drenaje. No me gusta que todo el mundo hable como ranchero y grite aunque tenga a su interlocutor enfrente. No me gusta el sol que quema en pocos minutos, no me gusta saber que puedo recorrer la ciudad de punta a punta en media hora, porque me hace sentir limitado, encerrado entre edificios que ni siquiera son altos. No me gusta que la gente tenga o necesite fijarse cómo andas vestido, qué música escuchas, a qué bar vas, cuánto ganas, dónde vives y con quién para calificarte, y que pasen en sus coches y te griten cosas, como si tuvieran el derecho y el deber de juzgarte, así nada más.
Pero allá están mis hermanos, mis papás. Lo único que me ata a ese lugar, es mi familia. No porque sea mi familia, ni por los lazos de sangre, no. Sino porque con ellos crecí, por ellos soy lo que soy, y se los agradezco. Siento una necesidad enorme de cuidar a mis hermanos, los siento tan lejos, tan solos y tan desamparados. Pero la verdad es que yo no soy el salvador de nadie. Han sobrevivido sin mí todo este tiempo, a todas mis locuras. Ahora que estoy convencido de que estoy en el lugar que debo estar y que estoy haciendo lo que quiero hacer para darme un gusto a mí, creo que sería un error enorme renunciar por un impulso frenético sentimental.
Somos fuertes. Ellos son fuertes, y yo soy fuerte. Cada quien hará su vida y seremos muy felices. Estaremos unidos, tal vez no juntos, pero ellos saben que si un día me necesitan, yo estaré.
Estaré.
[Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida...]
20/4/06
Nostalgia

Llegó de pronto. Tan de sorpresa que no me dio tiempo siquiera de prepararle una bienvenida como se merece. Es más, ni siquiera me di cuenta. Tan escurridiza se ha hecho desde la última vez, que ya ni avisa cuándo dará el golpe. Sólo lo da, y ya, como si fuera mi dueña. Coincide, es extraño, con las recientes decaídas de los compañeros del CPOC, y la baja de entusiasmo general en nuestro grupo, el pesimismo, la negatividad. Sin embargo, no creo que se deba a eso. Es como algo interno. Reubicarte, replantearte prioridades, metas, objetivos, bajo un contexto por completo diferente al de tus anteriores prioridades y metas y objetivos, es una labor ardua. Luego de un tiempo, comienzas a extrañar. Será el calor.
Extrañas a los amigos que se quedaron atrás y que, es muy probable, se consideren traicionados, olvidados, ignorados, mientras yo seguido veo sus fotos, visito en silencio sus blogs si los tienen para enterarme de cómo les va, y recuerdo. Las calles, los parques, los camiones eternos, el cine. Mi vida burguesa tijuanense, comiendo hamburguesitas en McDonald's y desayunando tacos de birria. El olor húmedo de mi diminuta habitación. La cama siempre destendida. El radio, nido de cucarachas. El clóset decorado con galones vacíos de agua. Los focos blancos de neón en el techo bajo. Los dos espejos. La regadera caliente y el vapor inundándolo todo. Incluso extraño las canciones que mi odioso vecino Eliazár cantaba a todo volumen casi todas las tardes. Las desveladas en el callejón, con los que resultaron ser cholos pseudo-violadores gays. El estacionamiento del Costco, la explanada del CECUT. Los taxis dorados que me llevaban a mi casa a las tres de la mañana, y las cinco cuadras que me separaban de la avenida, que recorría a diario soportando el intenso frío de las noches...
Extraño todo eso.
Y lo extraño porque acá mi vida no es tan intensa. No tengo compañeros de trabajo, más que el "jefe". Debo esperar otros cuatro o cinco meses para entrar a la escuela. Y, al parecer, funciono como "desarmador" de todos los grupos a los que trato de integrarme, y en los que, hasta la fecha, no me he integrado del todo. Qué fiasco. Estoy cansado, la verdad. Estoy frustrado. A ver, ¿por qué sólo sale trabajo los días en los que tengo otros asuntos qué atender, y no cuando me paso días enteros, buscando qué hacer? Que mierda. Ya no lo aguanto. Pero estoy convencido de que, como siempre, es una fase... Y saldré de esta. Hay que pensar que mañana saldrá el sol, no en la tormenta que esta noche azota... Claro, en caso de que la tormenta nos resulte insoportable. Y tediosa. Y asquerosa. Maldita nostalgia.
24/3/06
#6: "Monstruo" (Martes)

(De la serie "Carnaval")
Las luces que giran frente a él, opacas y cambiantes, le han borrado por un momento de la cabeza el tremendo fastidio que sentía, hundido en su sillita de plástico amarilla ya demasiado chica para su cuerpo, aún infantil pero en rápido desarrollo. A pesar de que la luz del sol resplandece y nubla los pequeños foquitos que parpadean y giran a gran velocidad en su mano, formando un círculo multicolor fascinante, Víctor no les quita los ojos de encima. Descubrir formas, letras, incluso rostros en el abanico luminoso es mucho más entretenido que observar a aquellos payasos patéticos que intentan encender el ánimo del público en vano. Todos los años es lo mismo. No importa si ya vieron el desfile el domingo, Víctor es arrastrado al peor suplicio a la fuerza, obligado a soportar los fieros rayos solares, el agobiante rumor del mar y la exasperante euforia ficticia de todo el mundo, mezcla de rencor y de nostalgia. Se lo ha preguntado muchas veces, pero nunca ha encontrado una sola respuesta: ¿Por qué a la gente le gusta tanto el carnaval? Deben ser todos idiotas, piensa, cuando el abanico de luces se detiene de súbito. Las baterías se acabaron.
Antes de que pueda empezar a refunfuñar, siente que alguien le pellizca un costado. Da un brinco y voltea hacia atrás, y encuentra el rostro de Adrián, su hermano mayor, adornado con una risa malévola. Le hace una seña para que se acerque, y le enseña, disimulado, el contenido de una misteriosa bolsa gris que Adrián trajo oculta en su chamarra. Víctor abre los ojos tanto como sus párpados le permiten al mirar aquel montón de cascarones huecos, tapado el agujero con papel de china amarillo y rellenos, con seguridad, de confeti. Los hermanos intercambian guiños cómplices y malévolos, Adrián le pasa la bolsa a Víctor y le murmura, Para cuando pasen las reinas. El niño, emocionado, se pone la bolsa entre los pies y alza la cabeza, sonriendo por primera vez desde que llegaron.
La reina infantil, una niña que se perdía entre el abultado vestido de princesa y la ostentosa corona de aluminio, saludaba con la mano cansada y la sonrisa forzada a la concurrencia, cuando, de la nada, apareció un huevo que fue a impactarse justo en su frente, y volvió al mundo negro. Los que estaban del lado oeste vieron, horrorizados, el momento preciso en que la precoz monarca perdía el equilibrio y se resbalaba del peldaño más alto de su carro alegórico, y luego, de dos aparatosos golpes con las figuras de papel maché y los reflectores, aterrizaba boca abajo en el asfalto, a un palmo de los niños que admiraban el desfile sentados en la banqueta. Por una fracción de segundo nadie se movió cuando el último grito, uno muy agudo, se apagó, pero cuando un charco de sangre comenzó a expandirse alrededor de la cabeza de la reinita, se desató un caos tremendo de cuerpos revolviéndose sin rumbo.
Qué pasó, Llamen a una ambulancia, Detengan el desfile, La reinita se cayó del carro y parece que está herida, Voltéala boca arriba, para que respire, No, no la muevan, llamen a un médico, hay algún médico por aquí, Sí, que no ves, los médicos ven esta madre por Sky, güey, Ya llamaron a la ambulancia, Bueno, alguien sabe primeros auxilios, sabe qué hay que hacer, Yo sé qué hay que hacer, Pues ven, hazlo, pronto que se nos muere la reinita, Quién fue, eh, Quién anda jugando con estas mamadas, Se cayó sola, No, ni madres, yo vi bien clarito que alguien tiró un huevazo, Quién, Alguien de allá de enfrente, No mames, los huevazos están prohibidos, Sí, pero alguien quiso hacerse el chistosito y mira lo que pasó, Pero qué irresponsabilidad, esto es intolerable, Sí, mira que tirarle huevos a una niña, no la chingues, que poca madre.
Alguien comenzó a abuchear y los ánimos se encendieron cuando llegó la ambulancia y los paramédicos se miraron con expresión preocupada, abriéndose paso entre el mar de gente que se apretujaba para ver a la reinita muerta, o descalabrada, quién sabe si se murió, no le taparon la cara con la sábana pero tampoco dijeron que estaba bien, y es que un disparo así no se ve todos los días, pero de entre los chiflidos resaltó un Este güey fue, de una señora mayor que señalaba con dedo acusador y tembloroso al pobre y asustado Víctor, quien no se había levantado de su silla en todo este tiempo. Víctor observó con pánico cómo todos los rostros se volvían hacia él, gritando furiosos, cómo una mano arrancaba de sus pies la bolsa repleta de huevos y éstos se esparcían por el suelo para que la gente iracunda los pisoteara mientras seguían vociferando, Cómo se atreve, Hijo de su puta madre, Agárrenlo, Denle su merecido, uno que otro apenas murmuraba, Pero es un niño, como si eso le importara a alguien, y Víctor se quedó mudo, sin poder articular palabra. Antes de que consiguieran traspasar la resistencia de sus padres y demás familiares, el hermano de Víctor se levantó de su silla y reveló una verdad distinta: No fue él, fui yo. La turba enardecida bajó un poco el volumen, murmuró, y luego, reactivándose antes de que el desconcierto le bajara el odio irracional, dirigió sus miles de ojos hacia Adrián, quien había empezado también a gritar y a levantar los brazos haciendo señas obscenas. Víctor se dejó llevar por su padre, quien sin dudarlo un segundo sacaba al niño de en medio de la manada furibunda y lo ponía lejos y a salvo.
Cuando se acercaron tanto que se sintió amenazado, cuando ya algunas uñas empezaban a rasguñar y algunas bocas a escupir, cuando las voces de todos se habían fundido en un solo gruñido incomprensible, Adrián lanzó golpes y patadas al aire, Qué me van a hacer, culeros, ya les dije que le di por error, pero nadie ponía atención a sus palabras, aquel monstruo mostraba sus afilados e interminables dientes, y sus múltiples y peligrosas garras, dejando a Adrián sin salida, rodeado por todas partes de puños que empezaban a atacar, primero un tanto reservados, para tantear el terreno, para comprobar la dureza del objetivo, luego frenéticos, impacientes, antes de que la policía llegara y les quitara la justicia de las manos, los puños inclementes debían aprovechar y sentirse con el control sólo unos segundos, mientras aquel joven se deshacía con rapidez, transformándose de un desesperado con ansias de supervivencia en un bulto inerte, una masa de sangre y moretones, en un costal de huesos rotos y contusiones.
Víctor observaba, angustiado, impotente, cómo su hermano era devorado por la fiera salvaje llamada muchedumbre enardecida, a la vez que se maldecía a sí mismo por tener tan buena puntería: mira que pocas veces le das a la reinita en medio de la frente al primer tiro…
(FIN)
20/3/06
#5: "En las películas" (Lunes)

Apagó el motor del coche y se quedó mirando, no porque fuera fanático de meter su nariz en asuntos ajenos, ni por morbo, en realidad, tenía un presentimiento, algo le decía que aquella mujer cambiaría su vida, estaba seguro, desde el primer momento en que la vio, hace apenas unos segundos, sus lágrimas, su cabello desordenado, su rostro desecho, y el patán que le gritaba en plena cara, era una situación de película, Damián se acercaría ignorando al tipo ese, y le preguntaría a la pobre muchacha si se encontraba bien, tal vez tendría que darle algunos golpes al imbécil machista que la acompañaba, o tal vez tendría que soportar unos duros puñetazos en la cara, uno nunca sabe si el oponente resultará experto en Kung-Fu o no, de cualquier manera, aunque recibiera la paliza, la muchacha apreciaría el gesto, le gritaría al novio y luego consolaría a su héroe fracasado con palabras tiernas y promesas de futuros encuentros. Era el plan perfecto, no podía fallar.
La mano de Damián está lista para abrir la puerta, pero ha decidido esperar un poco más, tal vez la discusión esté por finalizar… Tal parece que no, y Damián, predispuesto a soportar la paliza –el sujeto, viéndolo mejor, parece ser muy agresivo–, baja despacio del coche, guarda sus manos en los bolsillos y empieza a caminar con prudente lentitud, Vete, por favor, vete, y antes de cruzar la calle escucha al sujeto gritándole, Chinga a tu madre, pues, y se aleja apretando el paso y desapareciendo entre el cúmulo de gente que se dirige a la plazuela Machado. Damián va casi en dirección opuesta a todos ellos, por lo que le cuesta un poco de trabajo llegar hasta la mujer que lo dejó cautivado. Oye, estás bien, pero ella no contesta, alza la cara, lo mira escudriñándolo, Qué quieres, Nada, sólo saber si estás bien, Y por qué no habría de estarlo. Damián se recarga contra la pared al lado de ella, mira las caras que desfilan frente a él, todas sonrientes, entusiastas, listas para una noche más de inimaginables excesos, ese sería el momento idóneo para deslindarse de “eso” que le cambiará la vida, decirle, Perdón, no quería molestarte, y largarse, dejando a la grosera pero hermosa mujer para que se seque por sí misma las numerosas lágrimas, y en cambio, otras son las palabras que pronuncia, Te vi pelear con tu novio, Ese pendejo no es mi novio, es un cabrón, como todos los hombres, y sus ojos adquieren ese tinte nostálgico de cuando no sólo dices algo porque sí, sino porque para ti es una verdad absoluta y, además, dolorosa. Damián sonríe, No estoy de acuerdo, no todos somos así. La muchacha lo mira con incredulidad y un poco de enfado, y luego, casi en un murmullo, pero bien audible, Todos dicen lo mismo. Damián vuelve a sonreír, y al desviar un poco la mirada descubre al sujeto que hacía apenas unos minutos le había dicho a la mujer que chingara a su madre, regresando sobre sus pasos, abriéndose camino entre la gente con empujones y groserías, con la vista clavada en él. Mierda, ahí viene mi novio, vete, si te ve conmigo te va a matar, le dice ella, pero Damián, con la sangre hirviendo, aprieta los puños y tensa los músculos, mientras piensa, No que no era tu novio, un valor extraño surge de su interior y lo dispone para cualquier cosa. La mujer se da vuelta y lo empuja cuando el novio ya está a unos pocos metros de ellos, Vete, chingado, ¿no entiendes? ¡Te matará! Damián hace caso omiso, de hecho no la escucha, el novio, más alto, rostro cuadrado, ojos furibundos, labios delgados, pelo brillante y ondulado, traje fino, zapatos lustrosos, perfume caro, se planta frente a él, la mujer se aparta, más bien corre, huye de ahí, dejándolos solos en medio de todas aquellas personas que no terminan de pasar y no se fijan en ellos, y Damián, con el miedo paralizándole los músculos ahora que no hay mujer hermosa para impresionar, comprende al fin las advertencias de ella, cuando el novio le muestra el cañón alargado de un arma con silenciador asomándose por su saco, y en un rudo abrazo lo acerca a él, Damián siente el arma, Órale, cabrón, a ver si así te vueles a meter con mi vieja.
Uno. Dos. Tres. Cuatro.
Cuatro balas, rápidas y silenciosas, penetran en el abdomen y en el pecho de Damián, mientras el novio, muy tranquilo, se incorpora a la multitud alisándose el saco, y se pierde en busca de la que escapó.
Pasará un buen rato antes de que alguna de aquellas personas, nubladas sus mentes por la fiesta frente a ellos, se percate del cuerpo de Damián, tirado junto a la pared, ahí, a la luz de los faroles amarillentos, tal vez alguien tenga que resbalarse con su sangre en la banqueta para que lo descubran, desangrándose hasta la muerte mientras piensa, Ni siquiera me dijo su nombre, ni siquiera vio cómo me mataban… Carajo, así no pasa en las películas.
(FIN)
11/3/06
#4: "Ahí viene la reina" (Domingo)

(De la serie "Carnaval")
Por poco y vomita cuando apareció el rostro de Rosendo en medio de la multitud, sonriente, relajado, se veía tan guapo así. Sus ojos se llenaron de lágrimas, se tambaleó y estuvo a punto de perder el equilibrio, o la voluntad de estar de pie, pero por suerte un paletero que pasaba detrás de ella la detuvo, suerte para Toñito, porque si Margarita cae, el bebé cae desde más alto y con más dolor al impactarse. Jimena y Mariano se quedaron muy quietos cuando su madre empezó a llorar, ya no iba a vomitar ni se iba a caer, pero es que se negaba a creer los chismes de su comadre, tenía que verlo con sus propios ojos, no podía ser que Rosendo la estuviera engañando, a estas alturas, con tres hijos ya, era para que hubiese madurado, por Dios, cómo podía seguir igual que cuando eran novios, igual de mujeriego, de facilote, de golfo, ya es papá, mierda, Margarita no era una mala esposa, un poco alcohólica, sí, pero ese era un hábito recién adquirido, alguna forma debía encontrar para soportar los rumores de infidelidades que la bombardeaban hasta la locura, por eso mismo, en la mañana, cuando Rosendo se bañó muy temprano, se peinó con cuidado, desayunó una barra de granola y un vaso de jugo de naranja, planchó su camisa, su pantalón, se rasuró, se cortó las uñas, se perfumó, Parece que vas al baile, Voy a la oficina, Es domingo, Rosendo, hoy descansas, Hoy no, es carnaval y hay mucho trabajo, no vendré a comer, es más, mejor no me esperes en la noche, ¿estamos? Pero Rosendo, ¿y el desfile? ¿No vas a llevar a los niños? No, no, n’ombre, Magui, voy a andar bien ocupado, y ni se te ocurra ir sola con ellas, con tanta gente hasta se te puede perder un chamaco, mejor los llevo el martes, ¿estamos?
Por eso bebió.
Y ahora, frente a ella, frente a sus hijos, podía contemplar cómo, en efecto, Rosendo la creía una estúpida, y eso era lo que más le dolía, verlo todos los días así, arreglándose con descaro, llegando tarde, diciendo que trabajaba como burro aunque siempre traía la cartera vacía, y Margarita se preguntaba si en serio creía que ella no sospechaba nada, o si nada más no le importaba. El llanto incontrolable se desbordó cuando Rosendo, luego de propinarle un apasionado beso a su joven y bella acompañante, miró hacia donde estaba Margarita, a mitad de la calle, con Toñito en los brazos, Jimena tomada de su mano y Mariano agarrado a su pantalón, y no supo dónde meter la cara, cómo quitar el brazo de la espalda de la mujer con la que estaba, si levantarse e ir hacia su esposa o aparentar que no la había visto. En eso el flujo de gente que avanzaba calle arriba aumentó, vendedores retrasados y turistas desubicados apretaban el paso porque detrás venían las patrullas abriéndole el paso a la caravana de carros alegóricos, y Margarita fue arrastrada por la corriente humana, empujada, pisoteada, en aquel momento se dio cuenta que Mariano ya no la estaba sujetando, cuando por poco se le resbala la mano de Jimena, la acerca a ella y la abraza, pero Mariano no está, Margarita no lo ve, y le grita, Mariano, primero temerosa, el nombre tiembla con la esperanza de que la voz del niño surja de entre aquel tsunami viviente, Aquí estoy, mamá, pero no, sólo escucha gritos entusiastas, aplausos, silbidos, Ahí viene la reina, los fuegos artificiales estallan sobre su cabeza y entonces su temor se convierte en una súbita desesperación, Mariano, Mariano, ¡MARIANO! Pero es como si Mariano se hubiese esfumado, como si la multitud incontenible lo hubiera consumido, y nadie se detenía, cómo, si ahí viene la reina, ya empezó el desfile, abran paso a su majestad, y Mariano no está, Margarita gira la cabeza en todas las direcciones posibles, se pone de puntas, se agacha, grita más fuerte, ¡MARIANO! Toñito ha empezado a llorar, lo han asustado los gritos, tal vez los de la gente, tal vez los de la pobre Margarita que no encuentra a su hijito y nadie se preocupa por ayudarla, ¿no ven que estoy ebria y no puedo buscarlo yo sola? Y de repente comprende que no va a encontrarlo, se arrodilla en el suelo y llora, llora por todo, por su marido infiel, por su alcoholismo incurable, por la juventud perdida, por que Toñito llora, porque Jimena también ha comenzado a llorar sin saber bien la razón, porque la gente no la ve, tal vez se volvió invisible, y llora por Mariano, porque no volverá, porque su padre tenía razón, porque está ebria, porque…
–Señora.
Un policía de tránsito le toca el hombro con brusquedad. Margarita alza la vista, lo mira con los ojos rebosantes de lágrimas creyendo ver en él a su salvador, después de todo no es invisible, tal vez el policía, un hombre heroico, con espíritu de servicio, logre encontrar al pobrecito Mariano, aunque sea como descubrir la aguja en el pajar, pero no tiene dudas, él podrá, la ayudará…
(FIN)
7/3/06
#3: "Quien te quiera como yo" (Sábado)

Parecen estrellas, dice Gerardo, mientras contempla con la boca abierta el cielo repleto de puntos luminosos que se encienden y se apagan mientras caen con suavidad a la negrura del mar, donde los más resistentes acaban de extinguirse. Diana mira la pirotecnia como miraría una barda de ladrillos, es decir, con el menor interés del mundo, pensando que aquel espectáculo ya se alargó demasiado y sintiendo que entre más tiempo pase, más difícil será decirle a Gerardo lo que tenía (tiene) que decirle. Es normal que sienta lástima, mira que gastar tanto dinero en rentar una suite en el Freeman, en la champaña, en las velas, en las flores que deshizo para darle al ambiente un toque de romanticismo que, por cierto, será inútil, Diana no ha venido a tener sexo, y además, todo eso ha sido cada vez, los vinos, las velas, las flores, tantas veces han hecho el amor en medio de toda esa ridiculez que Diana ya no se conmueve como al principio, se ha vuelto algo común, de todos los días, y es que el sentimentalismo de Gerardo es demasiado, ya no encuentra qué hacer con tantas rosas de todos los colores, no le alcanzan los floreros, no sabe dónde colgarse tantas joyas sin parecer árbol de navidad, tantos regalitos, ositos, chocolates, tarjetas, cartas, poemas, es como si en el calendario de su novio todos los días fueran 14 de febrero, mierda, la pobre ya está harta.
Aunque fuese una vez le gustaría tener algo qué reprocharle, una cita incumplida, que la dejara plantada, incluso se conformaría con que llegara tarde. Le gustaría verlo un día de estos besuqueándose con otra, o tomándole la mano, bebiendo un café, mirándola nada más, carajo, le gustaría que mirara a alguna de las tantas mujeres más hermosas y mejor formadas que ella para poder enojarse, gritarle y hacerlo rogar por el perdón, armar un escándalo y demostrar así que le preocupa perderlo, pero no, en la vida de Gerardo no hay otra mujer, Diana ni siquiera tiene la suerte de una suegra, la que debería jugar ese papel vive en Londres o algo así. Tal parece que Gerardo pone todo de su parte para hacer feliz a Diana, a pesar de los esfuerzos de ella por pelear. Si no toma, porque no toma, y entonces él, para complacerla, empieza a tomar y ella se saca de quicio. Ya se ha cansado de buscar pretextos para discusiones, ya está harta de no sentirse amenazada, extraña los celos, los llantos, los gritos que eran leyes con sus anteriores parejas. Gerardo es como el novio perfecto, y eso, disculpen la expresión, ya la tiene hasta la madre.
El combate naval y su derroche de pirotecnia han finalizado. Gerardo intenta besar a Diana, pero ella voltea la cara y se aparta un poco. Él parece un poco nervioso, pocas veces lo había visto así, incluso suda, no sonríe, se acomoda la corbata, truena los dedos. Tal vez aquello sea una señal positiva para Diana, tal vez Gerardo se ha esmerado un poco más que otras veces (si eso puedo ser posible) porque tiene planeado lastimarla, tal vez le dará la noticia de que al fin se va a estudiar la maestría al extranjero, o que le ofrecieron un trabajo en Estados Unidos, o (aunque parece improbable para Diana) que ya no siente por ella lo mismo que antes.
Diana, tengo algo que decirte, Yo también, Di tú primero, No, dime tú, No, tú, Tú, Tú, juego estúpido, piensa Diana, y sabe lo que a continuación dirá Gerardo, Los dos al mismo tiempo, es tan predecible, y en efecto, eso dice, están todavía en el balcón. Diana lo mira a los ojos mientras cuenta, reúne el valor, Uno, ojalá que sean malas noticias, Dos, tengo que decírselo, no me puedo acobardar, Tres.
–Quiero terminar contigo
–¿Quieres casarte conmigo?
3/3/06
#2: "El Tiempo" (Viernes)
(de la serie "Carnaval")
No es la primera vez que le tiemblan de ese modo las manos, como si el patético frío del puerto fuera insoportable, las articulaciones parecen fuera de control, agitándose con espasmos terribles, presagios de otros temblores que no van a tardar en manifestarse, en la nuca, en el párpado izquierdo, en las rodillas, así que Valentín se levanta de la incómoda banca del malecón, aparta la vista del deprimente atardecer y se une a la larga y amorfa hilera de personas que se dirigen al paseo Olas Altas, donde se conglomeran para festejar los excesos de la carne con absurdas excusas espirituales, tanto marítimas como eólicas, al menos la de Valentín, cree él, es mucho más válida.
Ha decidido caminar, por lo que cuando al fin llega a las rejas que delimitan el área carnavalesca, las estrellas ya han hecho acto de presencia en el despejado cielo, y el viento helado se ha intensificado. La caminata disminuyó las contracciones de su mano, pero no lo suficiente como para mostrar firmeza al entregar el billete a la taquillera y recibir de vuelta el insípido boleto, la muchacha, joven y entusiasta, no puede evitar una sonrisa y un consejo ya inútil a estas alturas, Debió traer un suéter o algo, Valentín también sonríe, Sí, verdad, y se aleja de ella, pensando que no tiene ni idea de lo que dice, el frío este no espanta a nadie, la ansiedad es la que me está matando, pero pronto acabará, cada paso que doy me acerca más al alivio, a la recompensa bien merecida. Delante de él, hay una fila de hombres perfumados, las ropas reflejan el lujo y la limpieza inmaculada, las marcas exhibidas de zapatos, relojes, cadenas y anillos demuestran el alcance de su economía, la mirada de los policías, sumisa y esperanzada, deja en claro la influencia que ejercen aquellos personajes, que pasan sin que nadie les ponga una mano encima, al contrario de Valentín, que fue sometido a una acalorada inspección por parte de un oficial que tocó más de lo necesario, para el gusto de nuestro protagonista.
La firmeza de sus pasos y se mirada hacían notar que Valentín ya sabía a dónde dirigirse. En una acera dispuesta para comerciantes ambulantes, dos modestos jóvenes de apariencia hippie vendían sus artículos exóticos a los maravillados turistas. Uno de ellos, de larga cabellera ondulada, con una bolsa de tela estampada con una hoja de cannabis, reconoció a Valentín, y lo saludó presentándolo a su compañero, Mira, este es Valentín, del que te conté ayer, le dijo, aprovechando que sólo había mirones curiosos y no potenciales compradores, Ah, mucho gusto, Gilberto, contestó, Vienes por esa madre, Sí, Vente. Valentín se despidió del otro sujeto y siguió de cerca a Gilberto, quien lo condujo fuera del límite de festividad hacia las retorcidas calles del Centro Histórico. Llegaron por fin a un local cerrado y entraron gracias a la llave de su guía, Así que tienes un año sin quemar hierba, hermano, Sí, Y querías festejar, Me lo merezco, A huevo que lo mereces, cáele. Se adentraron en los pasillos oscuros del local hasta llegar a un patio interior repleto de gente, con música de reggae y una fogata en el centro. Gilberto se acercó a la grabadora y bajó el volumen, pidiendo el silencio y la atención de los presentes.
-Hermanos, les presento a Valentín, un compa mío que hoy cumple un año sin meterse mota y, para festejar, quiere ponerse bien grifote. ¡Échenle una manita!
Todos aplaudieron, silbaron y extendieron hacia Valentín los churros que algunos llevaban en la mano al tiempo que coreaban "¡Salud!". Gilberto se despidió anunciando que los esperaran a eso de las 4 de la mañana, y presentó a Valentín, quien ya no podía reprimir las ganas con la nariz expuesta a aquel humo que tanto le gustaba, a un grupo de jovencitos tan hippies como él mismo, que de inmediato le hicieron llegar la mariguana.
Antes de que se llevara el cigarro a la boca, alguien lo sorprendió con una palmada en la espalda. Al girarse, un rostro sonriente de ojos rojos lo miraba como si no estuviera mirándolo, Qué hubo Tintín, dónde te metiste tanto tiempo. Valentín reconoció al Poni, lo saludó, Pues ya ves, y fumó. Sus pulmones infestados de humo brincotearon de alegría una vez más. Sácame de la duda, dijo el Poni, mientras Valentín retenía el aire, ¿Dijo el Beto que llevabas un año sin fumar? Valentín suelta una sonora carcajada, escupiendo el humo de forma brusca y empezando a toser. Cuando se calma, responde que Sí, eso dijo, y entonces el Poni recibe el churro y también se carcajea, Pero si fuimos la semana pasada a la fiesta de la Tania y andábamos tan locos como siempre, desde entonces no te veía. Los dos estallan en risas, Valentín toma aire, de vuelta el cigarro a la mano, y, con aire cínico, dice, Pues sí, pero con estas historias embaucas a los pinches hippies y te dan mota gratis, además, sí estoy celebrando que la dejé, pero por una semana. Chale, pinche Tintín, cómo comparas un año con una semana. Valentín llo mira a los ojos mientras fuma. El silencio dura hasta que suelta el humo y le vuelve a pasar el cigarro. Entonces eleva la mirada hacia las estrellas para dar más intensidad a lo que va a decir:
-Mi estimado: un año, un mes, una semana. El tiempo no existe cuando no fumas mota.
Con la mano curada al fin de los temblores, toma el churro que alguien más le pasa, y fuma sonriente y sin culpas.
(FIN)
28/2/06
#1: "Amanecer" (Jueves)

Alzó la vista del suelo sólo por un breve instante, y descubrió que la claridad ya había llegado, que aquello era el final de la noche, que el silencio y la soledad indicaban que el primer día de fiesta había terminado, pero sus ojos, ya mareados de tanto buscar latas vacías, ya irritados de tanto obligarlos a no dejarse vencer por el sueño, se quedaron clavados en la línea que marcaba la extinción del mar, tranquilo e imperturbable, y el inicio del despejado y amplio cielo. Jamás había contemplado un paisaje tan hermoso, ni había disfrutado de un olor tan limpio como el del mar al amanecer, aunque el sol saliera del lado opuesto, la tenue luz, tímida, volvía las aguas de un tono grisáceo exquisito, y aquella masa líquida en perpetuo movimiento lucía recién estrenada, como si no la hubieran sacado del empaque hasta que él tuvo la oportunidad de detenerse, y sus brazos se libraron del fastidioso peso de los costales repletos, y su mente de la extenuante labor de analizar cada cúmulo de desperdicios, que no eran pocos, aunque sí menos que en el basurero, donde pasaba la mayor parte de sus días, urgando entre asquerosidades, tarea soportable sólo gracias a que en ocasiones podía ver el duro trabajo como un juego, una búsqueda del tesoro, Esto no sirve, no sirve, no sirve, y esto, pero qué veo, una bolsa con ropa vieja, o una bocina de carro, o un periódico entero, cosas que, por supuesto, a él no le servían, tuvo mucha suerte cuando llegó a encontrarse un balón de fútbol ponchado o un muñeco de acción sin cabeza ni piernas, pero eso fue pura suerte. A pesar de todo, esperaba con ansias el carnaval, pues no tenía que quemarse todo el santo día bajo el sol fulminante, ni aventurarse entre excrementos, vidrios, alambres, comida podrida, acá era más sencillo, a la sombra de la luna, ir y venir atento al suelo y econtrar todos los botes de aluminio que pudiera, pan comido. Incluso un día, el año pasado, su mamá encontró dinero tirado, y se puso tan feliz que no lloró en tres días...
-¡Neto! ¿Qué haces ahí parado? Apúrate, ándale, no te quedes atrás...
El niño vuelve a la realidad tras el llamado de su madre, y corre dando saltitos hasta alcanzarla, con toda la vitalidad de sus seis años, arrastra tras de sí los costales, le sonríe a su hermanita para darle ánimos. Ya ha amanecido, gracias a Dios, la noche parecía eterna, ahora sí podrá dormir un poco, y quién sabe, tal vez, si tienen suerte, hasta desayunen...
(FIN)
22/8/05
el insomnio
31/7/05
mala memoria
23/4/05
dualidad tijuanense/mazatleco (y dilemas derivados)
cuando escuché la proposición de mi papá, "pues vete hasta el lunes", mi yo-mazatleco respiró aliviado (un día más de olor a brisa marina, un día más con la familia, un día más de reposo y tranquilidad), pero mi yo-tijuanense también reaccionó (un día más de insomnio, un día más de espera, un día más de retraso). no supe qué decir, pero terminé diciendo que sí. todo debido a una supuesta "despedida" familiar, con lo mucho que me desagradan las reuniones familiares donde al menos una discusión es inevitable, donde todos, TODOS, me llevarán a un lugar aparte en el transcurso de la tarde a sermonearme como lo hacían cuando era un niño. que te fijes bien en lo que haces, que te fijes en las amistades, que en aquella ciudad hay "gente mala", como si yo todavía viera el mundo como negro y blanco, como si estuviera temblando de miedo o como si estuviera confundido y esto de vivir solo fuera un disparate endemoniado, o un "capricho".
yo no sé cómo pudieron ver en mí al jovencito maduro y serio, bien portado, estudioso y con buenas amistades (actores, cantantes, músicos y fotógrafos), pero sospecho que tuve parte de la culpa. cubrí con un velo semitranspartente sus ojos para que no vieran lo que en verdad era, para que no vieran las veces que no iba a la casa en todo el día, o las fiestas a las que iba (pocas, es cierto, pero sustanciosas), o para que no notaran mi postura semi-anarquista y mis problemas con las figuras de autoridad. por eso, no por otra cosa, ante el más mínimo intento que mis tíos herrera hicieron por someter mi tan preciada libertad, actué como actué. nunca, nadie, había tratado de ponerme límites, y eso mismo era lo que me había permitido llegar tan lejos siempre. las fronteras que mis tíos me prohibieron pasar se fueron acortando más y más hasta volverse insoportables, hasta asfixiarme e impedirme utilizar mi propio juicio y tomar mis propias decisiones, como lo había venido haciendo desde niño. claro, cuando les mostré la boleta de calificaciones, lo primero que dijeron fue "sí crees que por tener buenas notas te vamos a dejar hacer lo que quieras, estás muy equivocado. así manipularás a tu papá pero no va a funcionar con nosotros". jamás manipulé a mi padre (al menos, no en ese aspecto), sólo que él veía que, si iba bien en la escuela, no podía estar tan mal en mis demás aspectos. él veía mi alegría, mi comodidad, mi desenvolvimiento, y con eso le bastaba. "traes tonto a tu papá, te aprovechas porque se siente culpable...", dijo mi tía paty en una de las tantas conversaciones-discusiones. y así todavía se preguntan por qué no quiero quedarme con mis tíos...
en fin, la fecha oficial cambió de pronto hacia el lunes 25 a las 8 ó 9 de la mañana. mi ente mazatleco se dará vuelo este fin de semana tomando fotos, mientras que mi lado tijuanense añorará cada día más pasear por la av. revolución cuando todavía está muerta y desierta, a las seis de la mañana, y las conchas de la panadería "ensenada", y las hamburguesas de soya de "la sonrisa", y las empinadas rampas de la colonia postal... pero será sólo por un día más. que no hay marcha atrás, es indiscutible.
(-2 días)
18/4/05
nublado
-¿me llevas?
Para qué negar que me enfada al despertarme así, sin aviso previo, con su cara en mi oído murmurando que me levante, pero no hay otra forma de hacerlo. Me niego unos instantes, fingiéndome hundido todavía en un lago de inconsciencia, le digo que no, que sigo dormido, y él argumenta que prefiere que yo lo lleve a que mi madre lo haga.
-ella se quiere ir bien tarde.
y a mi hermano le encanta llegar a su aula antes que nadie. sigo con mi jueguito de hacerme el difícil por unos minutos, aunque sé que es infantil, que me he de ver ridículo torturando a un pobre niño, lo hago para formar parte una vez más de un mundo que sólo existe entre nosotros, un mundo privado, con un lenguaje que nada más él y yo entendemos, porque dentro de unos pocos días, la distancia destruirá este paradisiaco y aislado universo, y dentro de algunos años, cuando la edad desplace a la inocencia de mi hermano, se convertirá en un vacío exponencial, imposible de evocar.
ahora que ese infeliz momento de amnesia que se mantiene unos instantes después de abrir los ojos se ha esfumado, ahora que sé lo que está a punto de pasar gracias a mí y a mi egoísmo, salto de la cama, tratando de parecer enojado, y hago que mi hermano guarde un riguroso silencio, sólo para torturarlo un poco más. al llegar a la escuela, le hago saber, a nuestra manera, lo mucho que lo quiero y lo mucho que me hará falta cuando no estemos juntos, bromeando con él y preguntándole con voz infantil:
-¿qué me vas a traer?
él lo piensa un poco, y, sonriente, sentencia:
-¡nada!
yo lo veo entrar en la escuela, y cuando desaparece entre los salones de clases, regreso a casa.
uno de los dibujos de mi hermano:
"hamtaro matón"
