22/8/05

el insomnio

no hay mayor placer que poder echarte en la cama a disfrutar de tu película favorita bajo el cobijo del aire acondicionado después de 27 horas de viaje por carretera. y dormir. dormir con las piernas estiradas, sin tener que soportar malos olores, ansias inútiles y brincos inesperados. dormir sabiendo, nada más, que no te estás moviendo. pero yo, que soy un masoquista, no puedo permitirme tal placer. en vez de eso me levanto, con mucho cuidado, no quiero despertar a nadie, salto de la cama y enciendo la pc con nostalgia. nostalgia de los tiempos de aquí. pongo a manu chao también con nostalgia, pero de los tiempos de allá. todo ha pasado tan rápido, que todavía no lo asimilo. estoy de nuevo... aquí. aquí. en casa.

no voy a negar que me sentí un tanto incómodo cuando la vi ahí, de pie, esperándome. claro, primero saludé a mi papá, como pude, luego a ella, luego a la señora. pero la que en verdad me incomodaba era mi tía. también me sentí así cuando partimos hacia su casa, cuando llegamos, cuando volví a respirar ese olor como a encierro, cuando me dijo "vamos a cenar quesadillas, para no perder la costumbre"... y pues ya. durante el camino parecía que no íbamos a ninguna parte. como si la loca carrera que el espacio emprendía cruzando la ventana anulara todo intento del tiempo por darse su lugar en esas que se llaman dimensiones conocidas.

me siento como muy egoísta. es muy complicado explicarlo, más ahora que son las 4 y media y que el sueño (no, el sueño no, el hastío) comienza a llegar, porque esta mugre pc está hasta el tope de virus, y porque el estrés no se ha ido del todo. sigue latente, potente, acechante. tengo unas ganas locas de escribir, escribir, escribir, escribir hasta enloquecer, hasta que ya no haya más palabras por usar en el mundo y tenga que comenzar a inventarlas, hasta que todo lo que ya se ha dicho se vuelva a decir y todo lo que falta por decir se diga de una vez. estoy aquí, tengo dos semanas disponibles, pero no las quisiera... por eso soy egoísta. pero es más complicado que eso... mucho más.

p.d.: oye, perdón que no te hablé, es que tenía problemas con la máquina (justo como ahora: te iba a mandar un correo pero esta mugre no abre la página). espero que no estés enojada... ni triste. sólo son dos semanas... sólo dos...

"ay papito, ay mamita, que bien se está en la camita"

19/8/05

Te tenía miedo

Te tenía miedo

-¿Nada más lo hacemos por el niño, verdad?
-Sí, nada más. En eso habíamos quedado.
-Pues ojalá que sean gemelos. Así uno para ti, y otro para mí.

Ambos ríen, pero pronto el silencio regresa. Miran la cortina cerrada, no deja entrar la luz del crepúsculo, miran las velas, los inciensos, los cuadros en la pared, los zapatos tirados, y no saben qué más mirar, se les acaban los lugares para poner los ojos y no les queda más remedio que mirar en los del otro. Ella mira el reflejo de sus anteojos, se ha puesto bonita. Él no sabe cómo está, imagina su barba desordenada y su pelo desaliñado, pero no desvía los ojos. Vuelven a sonreír, y así culmina con éxito la simulación de una antesala al sexo, sabían que era pura burocracia, puros modales, no somos animales, cómo llegar, abrir las piernas y ya, así no funciona esto, si queremos que salga bonito tenemos que hacerlo con amor. Sin decir una palabra, ella apaga las velas, y en la penuria de la habitación, se saca la blusa. Él se quita el cinturón y se desabotona la camisa. Comienzan a besarse.

(...)

La calma vuelve, y ellos, abrazados, desnudos, sonrientes, vuelven a escuchar los perros ladrando y los grillos cantando en el monte.

-¿Alguna vez te imaginaste haciendo el amor conmigo?
-Jamás. ¿Tú?
-Yo sí.

Ella lo mira, asombrada, pero él mira el techo, y se le antoja un cigarro. Vuelve a abrazarlo, pone su oído en el pecho de él, escucha los latidos de su corazón.

-Para serte sincero, siempre te quise, en secreto. Pero tú decías que apreciabas mucho mi amistad, por eso no hice nada.

No sabe por qué ha dicho esto. Son confesiones inútiles, no vale la pena hacerlas. Por un momento cree que en realidad no lo dijo, que sólo lo pensó, hasta que ella levanta la cabeza de su pecho, y lo mira a los ojos. Su mirada brilla.

-Yo también. Es que te tenía miedo. Pero ya no. Ya te quiero.

(FIN)

18/8/05

En un árbol

En un árbol

La parte fácil fue brincar el cerco y esconderse del velador. La parte difícil fue encontrar una soga. Que imbécil, cómo salí de mi casa sin soga, se reprocha, pero no puede volver, ahora que está tan decidido, si vuelve se queda en su casa, esperándola otra vez. Le parecían estúpidas sus amigas de la preparatoria que tenían cicatrices en las muñecas, problemas familiares, vaya niñería, y aquellos amargados que se quejaban de su vida aburrida. Él siempre creyó que para eso se vivía, para disfrutar a veces, a veces para sufrir, no hay de otra, y se conformaba, hasta que se dio cuenta de que se había engañado, era siempre sufrir, las alegrías distraían en ocasiones, pero la tristeza era permanente, incorruptible, eterna.
Buscó en los botes de basura, en los quioscos, en los cuartos donde guardaban las escobas, pero sólo encontraba cuerdas y listones, no tenían la resistencia necesaria para cargar su cuerpo, no pesaba mucho, pero si podía romperlo con las manos, no servía. Al fin, en un edificio que parecía un almacén, encontró una soga gruesa y larga, perfecta, la tomó en sus manos, la palpó, incluso la olió, y empezó a llorar. Pero no se echó al suelo, no, ya casi era de mañana, podía sentir cómo huía la oscuridad ante la proximidad del sol matutino, las lágrimas brotaban por propia voluntad y él se tallaba los ojos, alzaba la cara, buscando una rama fuerte que le sirviera para colgarse.
Los pájaros comenzaban a cantar. El cielo fue tornándose gris, las sombras nocturnas desparecían, los coches empezaban a invadir la ciudad, y él, sentado, los ojos rojos, haciendo un nudo bajo el árbol elegido. Fue sencillo trepar, y amarrar la soga con firmeza en la rama, fue tan fácil que se sorprendió, cómo no se me ocurrió antes, y cuando ya tuvo todo listo, esperó, con ambos extremos de la soga en su posición, uno en la rama, otro en su cuello. El sol se asomó entre las copas de los demás árboles, queriéndose hacer el tímido, pero no era eso, no, quería sorprender al mundo desprevenido. Eso estaba esperando, sin saber para qué, al sol. Se deja caer, la soga detiene con determinación lo que parecía un trayecto sin escalas hasta el suelo, su cuerpo, suspendido a mitad del camino, gira y se balancea. El velador cree ver la silueta de algo en un árbol al fondo del parque, piensa "carajo, quién dejó ahí esa piñata".

(FIN)

14/8/05

un poeta loco quiere su fin

nada tiene sentido. o parece no tenerlo. el tiempo se ha estancado entre los días idénticos y las noches silenciosas. nada que pasa me sorprende, ni me llama la atención, ya no consigo ver el mundo, y apenas van un par de días así, pero parece que ha sido igual toda la vida. el viaje a mexicali parece un recuerdo distante, casi un sueño, y un sueño desagradable, difuso, poco definido. todos los pensamientos que agobiaban mi mente se fueron huyendo, espantados, ante sus ruegos débiles al otro lado de la bocina. ¿qué pasó? y este vacío en la cabeza no parece solucionar nada, al contrario, todo está peor, tener la cabeza vacía, no saber qué pensar, qué sentir, qué hacer, qué suponer, dónde poner las manos, los pies, la cabeza, ese deseo de echarse al suelo aquí mismo, de abandonarse en medio de la calle a ver si alguien se apiada de mi alma hecha pedazos por esta súbita depresión, depresión repentina y terrible. siento que jamás volveré a escribir algo digno de leerse. siento que jamás haré nada con mi vida, que todos mis pasos son pasos inútiles, que no llevarán a ningún lado y sólo me harán hundirme cada vez más en el fango maloliente de la incertidumbre. ¿qué ha pasado? ¿quién me ha hecho esto? ¿quién me ha arrebatado de pronto toda esperanza, toda ilusión, todos los restos de humanidad que todavía dormían en el fondo de mi ser? me he sentido como un fantasma, un ente tratando de aferrarse a lo que aún le queda en el mundo material; hoy ni eso soy, ya no tengo nada, y lo que tengo, no lo quiero, y lo que quiero, no puedo tenerlo. el sol no brilla, el viento no sopla, mi oído izquierdo no escucha nada, mi mano derecha se niega a sostener la pluma, mis pies apenas pueden con el peso del cuerpo, la espalda se niega a enderezarse, la nariz ya no respira por sí misma, yo tengo que ordenarle, cada vez que recuerdo, que debo respirar, necesito respirar, necesito comer algo, necesito echarme a la cama y llorar, necesito echarme a los brazos de alguien y llorar desconsolado, necesito que llegue el fin, que algo pare este vertiginoso descenso que no acabará nunca y me lleve volando a otros lugares, a otros paisajes, a otras emociones que me falta experimentar, porque lo que conozco ya no me llena... el final de todo, de toda esta insoportable vida que se volvió la vida de un desconocido, me veo desde lejos y no me reconozco, veo a las personas y me parecen extraños, ajenas a mi realidad, todo esto, este teclado que se mueve, esta pantalla diminuta, esta silla que me soporta, mi ropa, mi pelo, mis lentes, mi piel... todo es irreconocible. ¿dónde te fuiste? ¿dónde estás? ¿por qué no regresas? me llamo a gritos, tratando de romper el sólido silencio que me tiene atrapado en un agujero, pero nadie responde. mis oídos son sordos, mis ojos son ciegos, apenas veo mi silueta allá, en el horizonte distante, y me llamo a gritos, intento alcanzarla, pero todo es inútil. yo ya no soy yo. después de esto... jamás volveré a serlo. el fin de aproxima... pero con una lentitud que incomoda. así que yo iré a su encuentro. no puedo aguantarlo más. sería tan fácil... tan fácil... enmudecer los dilemas, basta un golpe certero, un salto en el lugar correcto, un semáforo rojo, una soga, una caja de pastillas, un vidrio en la garganta, el filo de una navaja en la muñeca... es tan fácil, porque la vida es tan frágil, tan efímera, tan irreal. sería sencillo... me extrañarían, tal vez, un par de personas, algunas que jamás me han visto, sólo han oído de mí, supiste, supiste del tipo que se mató, no, quién, uno que estaba deprimido, se mató, cómo ves, pues muy mal, que estúpido, si la vida es hermosa, eso no lo niego, la vida es una maravilla, pero tiene sus altibajos, sus rampas, sus caídas. y cuando uno siente que de esta no puede salir, cuando lo han abandonado las fuerzas y de ahora en adelante todo será hacia abajo, hacia abajo, no hay fondo, jamás dejaré de caer, jamás lograré salir, una lucha perdida de antemano, ya luché lo suficiente, lo que tenía que haber luchado, lo que tenía que hacer lo hice, no queda más que esperar el fin, entonces vamos a buscarlo, para qué esperar si de todos modos llegará, tarde o temprano, mejor que llegue temprano, así no nos torturará la incertidumbre.
ya no quiero esto. ya... siento que ya no quiero nada. ¿qué pasó? es sencillo... muy sencillo. ella implorando, no con mucha convicción, que le pasaran el teléfono. él, no sé quién sea, algún pendejo de mierda, diciéndome "no está, quién habla", pero yo la escuchaba, "sí estoy", decía, "pásame el teléfono, por favor, no seas así". otra voz desconocida, quién habla, dije mi nombre, no te la puedo pasar ahorita porque está ocupada, ella diciendo no seas así, pasámelo por favor, yo sin saber qué decir, esperando que todo fuera una broma, luego la línea se corta, el silencio regresa, más fuerte y más devastador que nunca. ¿pero es que acaso puede este acontecimiento tan sencillo provocarme un impacto tan fatal? ¿puede ella seguir siendo una fuente inagotable de dolor, de furia, de desconsuelo, de tristeza, de desesperación? ¿por qué no puedo librarme de su sombra, por qué me sigue todavía, oscureciéndome los ojos, endureciéndome el alma, arrancándome las fuerzas de un solo golpe mortífero? ¿por qué, si ya me di cuenta que siempre fue una ilusión, una promesa falsa, un deseo imposible, una esperanza vana? ¿por qué, si mi intención era decirle 'adiós', adiós para siempre, hasta nunca, tú no estás, no estarás, jamás volverás, para qué alimentar una posibilidad imposible...?
maldigo la hora en que entraste por esa puerta, con el sudor en tu frente, corriendo, con una sonrisa infantil dibujada en la cara, el sol detrás de ti, iluminando tu silueta, parecías un sueño, una diosa, y te sentaste en la silla que yo había guardado, sin saberlo, para ti, y después todo fue pasando como si estuviera obligado a pasar, y después todo fue derrumbándose sobre nuestras cabezas como un castillo de naipes, destinado a no sostenerse para siempre... maldigo ese momento, y los que lo siguieron, porque me has arruinado la vida. has sido lo mejor y lo peor, el cielo y el infierno, el placer y la agonía, el amor y el odio, la felicidad y la tristeza, la realidad y la fantasía, la luz y la oscuridad... pero hasta aquí llegaste. este será tu fin, aunque para acabar con tu recuerdo tenga que acabar primero conmigo, no permitiré que me sigas lastimando, que me sigas clavando estaca tras estaca, dolor tras dolor, vas a parar ahora, esta misma noche, será tu fin, aunque eso signifique también el mío... hasta aquí llegaste. no darás un paso más, no dirás una palabra más, ni me echarás otra mirada, ni acercarás a mi tus dedos, ni me provocarás otra herida... es tu fin. y el mío también.

9/8/05

el exterminio

No había notado que su cuerpo temblaba hasta que pudo ocultarse debajo de unas tablas de madera que formaban una especie de cueva sobre un estanque rebosante de aguas putrefactas y malolientes. Sabía que no podría permanecer demasiado tiempo allí, pues los soldados usarían los detectores de calor corporal para localizar y cazar a los pocos sobrevivientes, tenían órdenes expresas de no dejar a nadie con vida, y autorización para lograrlo con cualquier método disponible. Carlos, sudoroso y con frío, se cubre con las manos el rostro mientras escucha las explosiones cercanas, tratando de reunir el valor necesario para salir corriendo de su escondite. Lo mejor que podía hacer era regresar a la ciudad cuanto antes, una vez a salvo, vería la forma de actuar, aunque sabía que el gobierno no se daría el lujo de dejar testigos. Incluso los soldados que se habían ofrecido para la sucia labor serían exterminados, eran auténticos kamikazes contemporáneos, vestidos con equipo negro, lanzando rayos de fuego transparente que arrasaban todo a su paso y lo llenaban de invisibles flamas que iban consumiendo, como voraces termitas, las casas de los vecinos, los árboles raquíticos, los perros callejeros, la chatarra de los patios, los coches obsoletos y en desuso, las cunas de los niños echas a la antigua, con clavos y serruchos, y con algunos de esos niños todavía dentro, sin comprender las razones de aquella descomunal tragedia, y por último, los cuerpos que trataban de huir sin saber de qué, y sus expresiones de pánico, de desesperación, de indignación, se incineraban en un parpadeo y se convertían en cenizas flotantes, ya sin nada qué decir. De repente surgían inmensos destellos seguidos de un estruendo ensordecedor y gritos agudos, y Carlos alcanzaba a distinguir en la interrumpida tiniebla algunos cuerpos, enteros o en partes, volando en el aire.Los escuadrones especiales habían rodeado el barrio entero y tenían bloqueados los accesos. Carlos sabía que si permanecía ahí por más tiempo terminarían atrapándolo, pero cada vez que intentaba ponerse de pie, una nueva explosión hacía temblar sus rodillas y volvía a caer al suelo para cubrirse los ojos, pensando que si no miraba el caos en el que ahora estaba envuelto, éste no lo amenazaría. Podía sentir el suelo temblando debajo de él y la atmósfera inundándose de los vapores de la sangre expulsada de los cuerpos de una manera atroz. A cada instante los gritos eran menos, si hablamos de cantidad, pero su resonancia y el impacto que provocaban al romper la tranquilidad relativa de la noche iban en aumento, y Carlos comenzó a llorar. Era cierto que ignoraba muchas cosas más que el resto de la gente, pero lo que sí tenía por seguro era que, entre aquellos fulminantes y desordenados gritos, se hallaban los de su familia, los gritos de Marcela, su mujer, de Carlitos, de Aurora y el llanto todavía de bebé de Armando. Tal vez no habían sentido nada, tal vez una bomba había estallado justo debajo de ellos sin darles tiempo de pensar "qué estará pasando", ni de preocuparse por nada: el fuego invisible los habría consumido en una fracción de segundo, y ellos ni lo habrían notado. Sus sollozos empezaron a borrar el escándalo del exterminio masivo y violento que había organizado el gobierno mismo con el fin de acabar de una vez por todas con la pobreza. Nadie imaginó que la medida tendría tanto de literal, y ahora Carlos podía atar los cabos sueltos, todo indicaba que terminaría así esto, desde la reubicación de las familias hasta la instalación de un chip de identificación, eso permitiría que nadie escapara de la masacre, cómo pudo ser tan ciego, ahora veía todo claro y sabía que no tenía salvación, de nada servía ocultarse allí, como un bicho temeroso, los soldados usarían los rastreadores para ubicarlo y acabarían con él, quizá lo torturaran un poco por tener la astucia, en su caso suerte, de haber escapado al primer ataque, y de continuar vivo después de treinta terribles minutos. Él no sabía, ni se imaginaba, que los mismos soldados tendrían igual fin, el gobierno no permitiría la divulgación de una medida tan drástica con el único objetivo de consolidar la economía, poco había por perder, pero cualquier riesgo era inconcebible, la imagen social quedaría dañada, cómo, en plena mitad del siglo XXI podía permitirse una atrocidad tal, así opinarían los humanistas y los defensores de los derechos humanos, que, aunque pocos, eran bastante polémicos y molestos. A fin de cuentas, no podían considerar a los pobres como personas: sólo eran parásitos inmundos endeudados de por vida con el gobierno, les venía mejor la muerte. La depresión de Carlos había sido sustituida por una ira irrefrenable después de tan sabias meditaciones. El silencio regresaba poco a poco. Salió del agujero que lo protegía y vio a lo lejos a un soldado apuntándole. No vio nada más, sólo sintió un calor tremendo en el pecho, y una extraña sensación de paz.

(FIN)