8/4/09

Season finale



La escuela ha finalizado. No fue un trimestre estresante, pero sí agotador. Y ahora, como recompensa, nos vamos a Mazatlán. Unos días de relajación y playa es justo lo que necesito en este momento.

Porque sé que este mes será como un final de temporada de mi serie de tv favorita. Muchas cosas embonarán en su sitio, descubriremos cuáles son los siguientes pasos y nos pondremos manos a la obra para comenzar de nuevo. No tengo miedo, estoy entusiasmado. No sé qué pasará, pero todo será diferente. Comenzaré mi proyecto sobre vih/sida, conoceré gente, leeré nuevos libros...

Estoy entusiasmado. Tanto que no puedo escribir coherentemente.

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"They will se us waving from such great highs..."

29/3/09

Siempre he pensado



Siempre he pensado que si no quiero enterarme de asuntos desagradables o preocupantes, no debo meter mis narices donde no me llaman. Es mejor, siempre, limitarse a los asuntos propios y dejar que los demás se ocupen de sus vidas. Ser un metiche no deja nada bueno, excepto cosas en las que pensar.

Siempre he pensado que los momentos más estresantes son los más inspiradores. Depresiones, presiones y euforias son fuente inagotable de ideas creativas que, por la misma naturaleza del tiempo, son a la vez volátiles y efímeras. Toda la semana he pensado en mis trabajos finales, en que son colectivos, en que no sé por dónde comenzar, en que estoy atrasado y en que siempre pienso que no lo lograré y siempre saco cuatro MBs; y casi a la par, se me han ocurrido una cantidad de ideas para esa novela de la que cada vez me convenzo más que no terminaré de escribir jamás si jamás me siento a comenzarla. Pero por ahora, tengo prioridades, y no hay más qué hacer.

Siempre he pensado que uno y nadie más es responsable de las decisiones que toma o no respecto a sus propias vidas. Sin embargo, como seres humanos que somos, nos la pasamos echándole la culpa a factores externos. Dificultades técnicas o climatológicas, emociones ajenas y conspiraciones cósmicas son más culpables que nosotros mismos por nuestras desgracias, no así por nuestros triunfos. Cuando tenemos éxito, el mérito es mayormente nuestro. Cuando surge algo en nuestro camino, la culpa es de los demás. Por supuesto, es inverosímil y absurdo creer algo así, y sólo cuando nos percatamos de ello podemos comenzar a hacer algo para cambiarlo. No podemos, entonces, quedarnos cruzados de brazos, viendo a través de la ventanilla cómo van pasando los días y las semanas, los meses y los años, esperando por algo que ni sabemos cómo es. No podemos quedarnos supeditados a la existencia de terceras personas. Debemos ser autosuficientes, pensar por nosotros mismos antes que por los demás y aceptar que todos nuestros actos tienen consecuencias.

Siempre he pensado que la constancia es una virtud que yo no tenía, y por tanto, no me sentía con el derecho de exigirla para con los demás, pero me molestaba. Que dijeran, por ejemplo, Es que si lo quiero, y regresaran con su novio, y a las dos semanas cambiaran de parecer y volvieran a cortar. Porque yo mismo tomé decisiones inconsistentes en más de una ocasión, y me fui y regresé a mi casa en infinidad de ocasiones. Ahora, con el correr de los años, me he mantenido en una misma ciudad durante casi tres de estos periodos de doce meses, estudiando una carrera que me fascina y a la cual me quiero dedicar, dándolo todo para poder avanzar hasta el final. Creo que la madurez implica empezar a pensar en el futuro, pues que sea una dimensión temporal absurda, que de alguna manera, no existe, sabemos, porque así ha sido a lo largo de la historia, que en algún momento terminará por existir, nos alcanzará. No podemos ir por la vida esperando oportunidades. No podemos abandonar ese camino a la primera dificultad que se nos presenta, porque el futuro nos cobrará cuentas pendientes, tarde o temprano, con sufrimientos y calamidades. Y yo no estoy hecho para los sufrimientos y las calamidades, mi objetivo principal en esta vida, la única que tendré, va girando poco a poco hacia la tranquilidad y la paz. Disfruto, es verdad, de pequeñas dosis de emoción en ocasiones, pero no estoy dispuesto a hacer de mi vida una montaña rusa de incertidumbres. Si hay algo que me pone mal, es la incertidumbre. Soportar los caminos actuales, difíciles, asfixiantes, devastadores, pero con los objetivos firmes en un mejor mañana, a la usanza del Estado mexicano, el sacrificio del hoy por el después, de aguantar un poco más... Si no pensara de este modo, hacia mucho que lo habría dejado todo y me habría ido a vivir una vida llena de emociones y riesgos mortales. Pero aguanto.

Siempre he pensado que la palabrería es inútil, por eso no me gusta la filosofía. Considero que lo mejor es dejarse de cavilaciones y de pensamientos masoquistas, y ponerse manos a la obra. La última oportunidad que tuve de tomar mi propio destino en mis manos la abandoné por miedo. Pero no pasará de nuevo. Si no lo hago ahora, ¿cuándo?

18/3/09

Ser optimista



A pesar de no tener buena memoria, me gusta mucho recordar. Porque, debido a la manera en que se desenvuelve el tiempo hasta ahora, es decir, como una espiral interminable, podemos ir, en nuestra cabeza, de un punto a otro del pasado, sin que el tiempo tenga que transcurrir. El pasado en la cabeza es como un dvd, en cambio, el resto de las dimensiones temporales, el presente y el futuro, son como una cinta de un vhs. Hay que esperar, pacientemente, a que transcurra cada uno de los momentos, de los días, de los meses, para conocer qué pasará con nosotros.

Pensar en el futuro me provoca una gran ansiedad. Porque estoy nervioso. Que todo esto no valga la pena. Que después de todo, termine la carrera, me fastidie y no haga nada de lo tenga planeado, o que lo intente y lo arruine. Por eso estoy convencido de que es mejor no pensar. No imaginar, no especular, de cualquier forma, no sirve de nada. La vida está hecha de decisiones, tomándolas modificamos el curso de nuestras existencias. No decidir, en el fondo, también es una decisión, pero yo estoy determinado a aprovechar las oportunidades, todas y cada una. No, no quiero estudiar el acceso a la justicia de los pueblos indígenas, a pesar de ser un valioso conocimiento, estoy interesado en otros temas que considero más intrigantes y que me apasionan en una forma distinta; pero, si llegado el momento, tengo la oportunidad de involucrarme, no la desaprovecharé.

Todo el mundo busca destacar, sobresalir, ser más que los demás. No soy el único, no soy el mejor ni el más preparado. Pero todos tenemos derecho a esforzarnos, a intentarlo y, sobre todo, a hacernos ilusiones. Prefiero ser optimista, pero hay ocasiones en que no puedo mantener los pensamientos de ese tipo durante un periodo más o menos prolongado de tiempo.

3/3/09

Futuro



Casi a las diez treinta me decidí. Corría el riesgo de que la respuesta fuera, No, no va a venir, no avisó nada, sería un golpe duro, pero entonces podría disimular la decepción y salir corriendo para mi clase antes que fuera demasiado tarde, hacer como si nada. Los planes, las esperanzas, el discurso trazado en mi cabeza, todo sería olvidado y yo seguiría adelante. Lo intentaría de nuevo, sí, pero ya no sería igual. Como no será igual cuando la dr. De Teresa me invite a comer a su casa, dentro de cinco meses, para que su marido vea mi trabajo. Pregunté, y me dijeron que el doctor estaba en un examen. Que terminaría a las once. Respiré aliviado, emocionado, salí de la oficina y me fui a recargar al pasamanos de la escalera, en el centro del patio. Esperé.

Por alguna razón, no fue como yo esperaba, pero logré lo que tenía en mente: que el doctor me conociera, que supiera que a mí también me interesa la investigación visual. Hablamos un rato considerable, me entusiasmé, le hablé de cómo lo había hecho, de qué había pensado, de cómo sería el siguiente video, y él me dijo, Me gusta, me gusta mucho. No lo había dicho si no fuese cierto, no tiene necesidad de mentir. Tal vez el proyecto que le presenté no es de los que él prefiere, lo cual importa poco, no voy a hacer lo mismo que todos. Últimamente he tenido pensamientos muy ambiciosos. Y este episodio era nada más y nada menos mi cita con el futuro. Sé que dentro de varios años recordaré este primer encuentro y reconoceré que fue importante. Definitivamente, este es el primer paso. Todo lo anterior, hasta ahora, en realidad no había contado.

Ahora sólo queda ponerme a trabajar. Leer, preguntar, comenzar a hacer verdadera antropología. Me he liberado de un enorme peso al decidir el tema de mi tesis desde ahora, y he dado un primer paso en la elección de mi asesor. Me encuentro bien, tranquilo, excitado por el rumbo que están tomando las cosas. Cada vez me convenzo más de que puedo lograr grandes cosas. De que valdrá la pena haber faltado a los viajes y a las fiestas y a las reuniones, porque después, cuando ya me encuentre trabajando y haciendo lo que me gusta, podré hacer todos los viajes, todas las fiestas y todas las reuniones que me plazcan. En eso tengo puesta la mira. En el futuro, a largo plazo. Sólo espero que no me caiga un avión encima, cuando vaya caminando por la calle, y todo se vaya al carajo. Pero eso sería tener muy mala suerte...

Y yo no creo en la suerte.

23/2/09

Todo el mundo



Yo, como Leach, sí creo que los seres humanos somos en esencia egoístas, y que cuando nos enfrentamos a uno contradicción entre nuestras representaciones ideales y el mundo real, el individuo tomará aquella decisión que le procure poder. A nadie le gusta ser sólo un rostro anónimo, indiferente al mundo y a sus estructuras, sin la más mínima oportunidad de incidir en él, de dejar una huella permanente, indeleble, en la memoria colectiva, su nombre en los libros de historia, o en el cuadro de honor de la escuela, o en la pared del empleado del mes. Necesitamos sentir que somos importantes, que tenemos un valor, por lo que somos y por lo que hacemos, no tanto que podemos "ayudar" o hacer el bien o velar por los intereses colectivos, sino simplemente, resaltar, brillar, destacar de entre las cifras, los promedios y las claves; ser los mejores de nuestra categoría: el mejor padre, el mejor amante, el mejor estudiante, el mejor obrero, el mejor político, el mejor ladrón, el mejor y más grande estafador.

Lograr algo así, destacar, se ha vuelto sumamente complicado cuando nos hemos multiplicado tantas y tantas veces, a todo lo largo y ancho del planeta, y cuando los retos a los que hoy nos enfrentamos tienen todo el peso de la historia pasada y futura. Quién, por ejemplo, podrá hoy ser capaz de superar a Gandhi o a la madre Teresa de Calcuta, quién se atreverá a medirse con Hitler y con Stalin, nadie en su sano juicio. Sin embargo, también creo firmemente que no estamos concientes de lo valiosos que somos, del grado de intimidad con el que, gracias a la amplia y elaborada red de relaciones sociales que hemos tejido, dependemos unos de otros, y depende la sociedad para funcionar, de esta manera o de la que sea. Más allá de la conciencia de clase marxista, necesitamos crear una conciencia de utilidad social. Saber, estar seguros, que somos un elemento importante, aunque no se note a nivel individual, sí ha de notarse a nivel colectivo. Y no tiene caso ver el lado negativo en el sentido de "Si yo no estuviese aquí, el mundo ni siquiera notaría mi ausencia", argumento fatalista y depresivo que muchas personas usan para darse de topes contra la pared, porque no se trata de lo que podríamos no hacer, sino de lo que de hecho hacemos.

Desde la persona que barre la calle hasta el diriginte de una empresa de capital nacional, se extiende una cadena de labores que son de utilidad social. Cada uno, puesto en su posición, cumple un papel que puede o no estar determinado por la dinámica social, pero que es vital para mantener el equilibrio. Hasta la que parece la más insignificante de las actividades tiene una utilidad. Sólo detengámonos a ver a las personas, qué hacen, a qué se dedican, y nos daremos cuenta que todos somos indispensables.

Si así son, en general, los oficios que los seres humanos se han inventado para convivir, ¿por qué el oficio de antropólogo tendría que ser diferente? ¿Por qué dedicarse a análizar modelos abstractos, teorías complejas sobre cómo debería ser la sociedad, cómo funciona y cómo no funciona? Alguna utilidad debe tener la teoría antropológica, no nada más la elaboración de modelos "inteligentes" que tengan aplicación universal, ¿de qué sirve eso? Necesitamos hacer algo, como disciplina, para contribuir con nuestros conocimientos al resto de la sociedad. Así lo hacen los médicos, los arquitectos, los biólogos y los administradores. Las teorías sociales pueden ser, tal vez, de mayor grado de abstracción, pero eso no tiene por qué condenarlas a la inactividad.

¿Cuál es mi utilidad como antropólogo? Creo que es la segunda pregunta más importante que un antropólogo en formación debería hacerse, después de "¿En verdad quiero ser antropólogo?".

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"Es necesario una cierta dosis de ternura para comenzar a andar con tanto, tanto en contra"