31/8/05

buscando

Buscanso...

la otra noche tenía ganas de ver "alicia en el país de las maravillas", pero no, el video ha desaparecido de la casa en forma misteriosa, y yo no recuerdo haberla hurtado ni prestado ni nada. así que nos pusimos a ver "buscando a nemo", y aunque pueda sonar cursi, o tonto, para qué negar que hay cosas cursis o tontas que te pueden hacer reflexionar. en realidad, uno de mis principales deseos surgió cuando vi esa película. bueno, no surgió, sino que se afianzó: tener un hijo. no sé para qué, no sé si yo tenga el potencial o las aptitudes necesarias para ser un buen padre, o el valor, la capacidad, la inteligencia para educarlo. la verdad quiero hacer de mi hijo un ser que pueda pensar y que sea autosuficiente, y que pueda confiar en mí. bueno, creo que ese es el objetivo de todos los padres, y yo no sé si esté calificado para una tarea de esa magnitud. porque ya no estaría hablando de mi vida, sino de una vida ajena. me dicen que por eso soy egoísta... porque sólo quiero tener un hijo, y varón. en fin.

sin embargo, la llegada de un niño que dependa de mí me traería un sinfín de consecuencias de las que ahora sólo puedo vislumbrar una pequeña fracción. mi principal preocupación es que ese ser frágil e inocente me quitará mi libertad, lo quiera yo o no. sé que al cargarlo en mis brazos, al escuchar su llanto a mitad de la noche, al ver cómo me reconoce y sonríe con mi voz, me quitaría la voluntad para cumplir todos mis otros sueños. así de débil soy. no quiero pasar de los 25 sin tener a mi hijo, porque no quiero ser un papá viejo. ese es el problema, descubrir a qué lado se inclinará la balanza... pero bueno, no se puede tener todo en la vida. un hijo me ataría a un trabajo, a un plan, a una preocupación constante. anularía todo mi valemadrismo y mis irresponsabilidades, ya no podría decir que no tengo que responder a nadie sobre mis actos, porque ese pequeño ser no lograría sobrevivir sin mí. el reto en sí no me da miedo, lo que me da miedo es dejar todo lo demás para cumplir este "sueño" mío...

lo que sí sé es que, tarde o temprano, un hijo vendrá a mi vida. y entonces descubriré si puedo ser tan buen papá como el que me tocó a mí. mientras, seguiré preparando el terreno para su llegada. viene en camino... a ver cuánto se tarda.

30/8/05

29/8/05

de las vacaciones y la oportunidad para pensar

La Sirena de la Sánchez Taboada

ha pasado una semana, y desde entonces no he pensado una sola vez en la escuela, hasta hoy. no para preocuparme, ni para torturme, sino porque recordé que sólo me queda una semana, y que no tengo planes, excepto un miércoles de cine con los amigos y tal vez, un viernes de antro. maldita sea.

y como las noches son largas y el internet es gratis, me he estado dando vueltas por el vasto universo de la blogósfera, por aquí y por allá, por los archivos de los links y por blogs desconocidos a los que jamás había entrado. uno de ellos fue el de mi profesora de fotografía, verónica. no sé mucho de ella, nuestras relaciones han sido sólo escolares, nada extra-curricular, sólo sé que es de chiapas y que vivió un tiempo en el d.f. leí un texto suyo acerca de la soledad, que escribió cuando recién llegó a tijuana... y otros más que me pusieron a pensar.

apenas tengo 19. esto de la edad ha sido complicado desde el principio, cuando yo tenía 10 me imaginaba que a los 15 ya sería todo un adolescente y sabría mucho de la vida, y cuando llegué a los 15 me di cuenta de que todavía me faltaba mucho por vivir, tal vez cuando tuviera 18 o 19, entonces ya podría decir que sí había vivido... pero no. es verdad que estoy satisfecho con lo que hasta ahora he vivido y que no me arrepiento de nada (si alguna vez me arrepentí, ya recapacité y sé que no vale la pena). sin embargo, una angustia terrible me invade cuando me doy cuenta que todavía quiero hacer muchas cosas, y sólo el tiempo dirá si las hice o no. ahora creo que, quizá cuando tenga 26 o 27, ya habré vivido lo suficiente, pero sé que al llegar a esa edad me daré cuenta de que aún hay mucho qué hacer. y así será siempre.

así que descubrí otra de las razones por las que no es conveniente preocuparse por el futuro. tal vez mi total indiferencia, perturbada apenas por unas cuantas ilusiones y fantasías (tener un hijo, viajar a europa, publicar un libro), sea buena o sea mala, no lo sé, he aprendido que no todo es cien por ciento bueno o cien por ciento malo, pero si me preocupara por esa dimensión terrible llamada "tiempo", la añoranza del pasado y la inquietud hacia el futuro me impedirían disfrutar de lo único que en verdad es mío. el presente. el eterno presente.

26/8/05

Las muchas muertes de Vicente Urbina (#12)

#12: "Asfixia por los senos de una mujer"

asfixia por los senos de una mujer

No es bueno para esto del friltreo, es un tanto tímido, esta noche tuvo suerte, la mujer que posó sus ojos en él no padece de inhibiciones de ningún tipo y se acerca, le invita un trago, lo atraen su mirada enigmática, su pelo revuelto, su apariencia misteriosa, qué esconde este hombre, una gran pena, un secreto inconfesable, una pesada sombra del pasado, la mujer quiere saber, ahora que está despierta, su narcolepsia es inclemente, quizá se quede dormida de pronto aquí y, al despertar, el hombre este ya no esté. Vicente la recibe gustoso, le contesta, bebe con ella, baila con ella, accede sin pena a los besos, a las caricias, vamos a mi casa, dice ella, vivo cerca. La noche es joven, a Vicente le gustaría quedarse un rato más, pero a situaciones como esta no les dices que no, o lo tomas o lo dejas, y salen tomados de las manos, suben a un taxi y ahí comienzan a encender la pasión, el conductor se hace el que no los ve, ya conoce los ánimos y la falta de prudencia de los jóvenes de hoy. Llegan a la casa de ella, entran, no hace falta encender las luces, sus manos iluminan los cuerpos que tocan, no necesitan usar los ojos, mientras van desnudándose el uno al otro van tropezando con mesas, sillas, muebles, hasta que encuentran la cama, ya han llegado sin ropa hasta aquí, y la urgencia de ambos por terminar se acrecenta. Ya hemos visto, Vicente es de los que se dejan guiar, la mujer lo tumba en la cama y se le echa encima, para su sorpresa, saca unas esposas y aprisiona con una sonrisa malévola las muñecas de su amante a la cabecera de la cama, él no hace nada para evitarlo, su excitación es demasiada, ella dirige el vaivén de los cuerpos, ella es quien entra y sale, y Vicente apenas puede aguantarse, no es hasta que nota en la expresión de ella la llegada del orgasmo, por los ojos, por el rubor de sus mejillas, por los sonidos de su garganta y el temblor de su cuerpo, que decide no esperar más, regresa a su cuerpo, siente un calor que surge de lo más profundo de su ser, ya viene, está a punto. La mujer grita, cierra los ojos y cae dormida, fulminada por la narcolepsia, con los pechos desnudos en el rostro de Vicente. Él no reacciona, el golpe, el orgasmo, el cuerpo no responde, las manos esposadas se agitan sin éxito, que se levante, que se levante, piensa, pero ella no se levanta, ni se mueve, su cuerpo rígido se resiste a los débiles e infructuosos esfuerzos de su amante que, desesperado por no sentir aire en los pulmones, empieza a patalear. Siente el roce suave de la piel de la mujer en la cara, sus senos, enormes y redondos, le aplastan la nariz. No pasa un minuto cuando Vicente ha dejado de insistir, qué mejor lugar para morir de asfixia que este.

(FIN)

25/8/05

historias de taxi (serie de cuentos cortos)

#1: "La honradez"

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No dio un solo paso para abrir la puerta, el coche se detuvo justo delante de él, y él, como si esto fuera cosa de todos los días, como si el chofer del taxi fuera en realidad su chofer particular (al que despidió ayer por insolente), se sube al asiento de en medio, hablando por teléfono, o mejor dicho, gritándole a alguien, cómo eres pendejo, cómo se te ocurre, qué tienes en la cabeza, vuelve a hacer todo el trámite, fíjate bien en el pinche expediente que para eso está y luego le mandas el fax al licenciado Arreola, sí, al licenciado Arreola, estás sordo o qué. Cuanco cuelga, parece cansado, harto de la mediocridad de sus empleados. Miguel lo mira de reojo, se ha tenido que encoger en el asiento para hacerle espacio a su mochila repleta de libros, el tipo este ni lo toma en cuenta, se ha desparramado sobre sí mismo, dejando libre su barriga inflamada, abriendo las piernas, tosiendo, rascándose, parece que no cabe, Miguel no protesta, su menudo cuerpo no moverá la mole inmensa del sujeto este. En una de esas, el tipo gordo empieza a revolverse en el asiento, Miguel es aplastado casi, el otro saca la cartera, repleta de billetes de doscientos pesos, y le extiende uno al chofer. Seguro el pobre se preguntará, "no tendrá cambio", pero por algo se calla, la autoridad que este tipo despide es tanta que hasta a él lo intimida, saca sus propios y escasos billetes y le da el cambio. Sí, va a bajar, baja ya, labor casi imposible encontrar la manija de la puerta, abrirla y despegar el trasero sudoroso del asiento. Hace caso omiso al letrero "NO AZOTE LA PUERTA", Miguel siente que le ha dado el portazo en la cara, suspira, triste la mirada, triste la imagen de la cartera rebosante de este sujeto y el recuerdo de lo que le espera al llegar a casa, los hermanos llorando de hambre, la pobre madre echándole más agua a los frijoles, tristes sus zapatos con la suela despegada y su mochila descosida y vuelta a coser un millar de veces, triste esta cartera olvidada, yace en el asiento, justo al lado de Miguel, quien hasta ahora no la había visto, a la expectativa de que alguien, por favor, la salve de la soledad. Miguel la toma, le tiemblan las manos, sabe que nunca volverá a tener esa cantidad de dinero en su poder, y pronto se da cuenta: el semáforo rojo detuvo el taxi, el tipo que se acaba de bajar se detiene ahí, en esa esquina, ya está gritando por teléfono otra vez, no mira a Miguel, a pesar de que el niño le clava los ojos, acaricia el forro de piel, abre un poco la cartera, admira los billetes nuevos, verdes, es mucho, mucho dinero... Miguel grita, ¡señor!, pero el señor no hace caso. El semáforo cambia a verde. El taxi avanza. Vuelve a gritar ¡señor!, pero ya no lo escucha. Miguel se sonroja, y el corazón se le acelera mientras la figura del hombre gordo se desvanece entre la gente.

(FIN)