25/8/05

historias de taxi (serie de cuentos cortos)

#1: "La honradez"

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No dio un solo paso para abrir la puerta, el coche se detuvo justo delante de él, y él, como si esto fuera cosa de todos los días, como si el chofer del taxi fuera en realidad su chofer particular (al que despidió ayer por insolente), se sube al asiento de en medio, hablando por teléfono, o mejor dicho, gritándole a alguien, cómo eres pendejo, cómo se te ocurre, qué tienes en la cabeza, vuelve a hacer todo el trámite, fíjate bien en el pinche expediente que para eso está y luego le mandas el fax al licenciado Arreola, sí, al licenciado Arreola, estás sordo o qué. Cuanco cuelga, parece cansado, harto de la mediocridad de sus empleados. Miguel lo mira de reojo, se ha tenido que encoger en el asiento para hacerle espacio a su mochila repleta de libros, el tipo este ni lo toma en cuenta, se ha desparramado sobre sí mismo, dejando libre su barriga inflamada, abriendo las piernas, tosiendo, rascándose, parece que no cabe, Miguel no protesta, su menudo cuerpo no moverá la mole inmensa del sujeto este. En una de esas, el tipo gordo empieza a revolverse en el asiento, Miguel es aplastado casi, el otro saca la cartera, repleta de billetes de doscientos pesos, y le extiende uno al chofer. Seguro el pobre se preguntará, "no tendrá cambio", pero por algo se calla, la autoridad que este tipo despide es tanta que hasta a él lo intimida, saca sus propios y escasos billetes y le da el cambio. Sí, va a bajar, baja ya, labor casi imposible encontrar la manija de la puerta, abrirla y despegar el trasero sudoroso del asiento. Hace caso omiso al letrero "NO AZOTE LA PUERTA", Miguel siente que le ha dado el portazo en la cara, suspira, triste la mirada, triste la imagen de la cartera rebosante de este sujeto y el recuerdo de lo que le espera al llegar a casa, los hermanos llorando de hambre, la pobre madre echándole más agua a los frijoles, tristes sus zapatos con la suela despegada y su mochila descosida y vuelta a coser un millar de veces, triste esta cartera olvidada, yace en el asiento, justo al lado de Miguel, quien hasta ahora no la había visto, a la expectativa de que alguien, por favor, la salve de la soledad. Miguel la toma, le tiemblan las manos, sabe que nunca volverá a tener esa cantidad de dinero en su poder, y pronto se da cuenta: el semáforo rojo detuvo el taxi, el tipo que se acaba de bajar se detiene ahí, en esa esquina, ya está gritando por teléfono otra vez, no mira a Miguel, a pesar de que el niño le clava los ojos, acaricia el forro de piel, abre un poco la cartera, admira los billetes nuevos, verdes, es mucho, mucho dinero... Miguel grita, ¡señor!, pero el señor no hace caso. El semáforo cambia a verde. El taxi avanza. Vuelve a gritar ¡señor!, pero ya no lo escucha. Miguel se sonroja, y el corazón se le acelera mientras la figura del hombre gordo se desvanece entre la gente.

(FIN)

22/8/05

el insomnio

no hay mayor placer que poder echarte en la cama a disfrutar de tu película favorita bajo el cobijo del aire acondicionado después de 27 horas de viaje por carretera. y dormir. dormir con las piernas estiradas, sin tener que soportar malos olores, ansias inútiles y brincos inesperados. dormir sabiendo, nada más, que no te estás moviendo. pero yo, que soy un masoquista, no puedo permitirme tal placer. en vez de eso me levanto, con mucho cuidado, no quiero despertar a nadie, salto de la cama y enciendo la pc con nostalgia. nostalgia de los tiempos de aquí. pongo a manu chao también con nostalgia, pero de los tiempos de allá. todo ha pasado tan rápido, que todavía no lo asimilo. estoy de nuevo... aquí. aquí. en casa.

no voy a negar que me sentí un tanto incómodo cuando la vi ahí, de pie, esperándome. claro, primero saludé a mi papá, como pude, luego a ella, luego a la señora. pero la que en verdad me incomodaba era mi tía. también me sentí así cuando partimos hacia su casa, cuando llegamos, cuando volví a respirar ese olor como a encierro, cuando me dijo "vamos a cenar quesadillas, para no perder la costumbre"... y pues ya. durante el camino parecía que no íbamos a ninguna parte. como si la loca carrera que el espacio emprendía cruzando la ventana anulara todo intento del tiempo por darse su lugar en esas que se llaman dimensiones conocidas.

me siento como muy egoísta. es muy complicado explicarlo, más ahora que son las 4 y media y que el sueño (no, el sueño no, el hastío) comienza a llegar, porque esta mugre pc está hasta el tope de virus, y porque el estrés no se ha ido del todo. sigue latente, potente, acechante. tengo unas ganas locas de escribir, escribir, escribir, escribir hasta enloquecer, hasta que ya no haya más palabras por usar en el mundo y tenga que comenzar a inventarlas, hasta que todo lo que ya se ha dicho se vuelva a decir y todo lo que falta por decir se diga de una vez. estoy aquí, tengo dos semanas disponibles, pero no las quisiera... por eso soy egoísta. pero es más complicado que eso... mucho más.

p.d.: oye, perdón que no te hablé, es que tenía problemas con la máquina (justo como ahora: te iba a mandar un correo pero esta mugre no abre la página). espero que no estés enojada... ni triste. sólo son dos semanas... sólo dos...

"ay papito, ay mamita, que bien se está en la camita"

19/8/05

Te tenía miedo

Te tenía miedo

-¿Nada más lo hacemos por el niño, verdad?
-Sí, nada más. En eso habíamos quedado.
-Pues ojalá que sean gemelos. Así uno para ti, y otro para mí.

Ambos ríen, pero pronto el silencio regresa. Miran la cortina cerrada, no deja entrar la luz del crepúsculo, miran las velas, los inciensos, los cuadros en la pared, los zapatos tirados, y no saben qué más mirar, se les acaban los lugares para poner los ojos y no les queda más remedio que mirar en los del otro. Ella mira el reflejo de sus anteojos, se ha puesto bonita. Él no sabe cómo está, imagina su barba desordenada y su pelo desaliñado, pero no desvía los ojos. Vuelven a sonreír, y así culmina con éxito la simulación de una antesala al sexo, sabían que era pura burocracia, puros modales, no somos animales, cómo llegar, abrir las piernas y ya, así no funciona esto, si queremos que salga bonito tenemos que hacerlo con amor. Sin decir una palabra, ella apaga las velas, y en la penuria de la habitación, se saca la blusa. Él se quita el cinturón y se desabotona la camisa. Comienzan a besarse.

(...)

La calma vuelve, y ellos, abrazados, desnudos, sonrientes, vuelven a escuchar los perros ladrando y los grillos cantando en el monte.

-¿Alguna vez te imaginaste haciendo el amor conmigo?
-Jamás. ¿Tú?
-Yo sí.

Ella lo mira, asombrada, pero él mira el techo, y se le antoja un cigarro. Vuelve a abrazarlo, pone su oído en el pecho de él, escucha los latidos de su corazón.

-Para serte sincero, siempre te quise, en secreto. Pero tú decías que apreciabas mucho mi amistad, por eso no hice nada.

No sabe por qué ha dicho esto. Son confesiones inútiles, no vale la pena hacerlas. Por un momento cree que en realidad no lo dijo, que sólo lo pensó, hasta que ella levanta la cabeza de su pecho, y lo mira a los ojos. Su mirada brilla.

-Yo también. Es que te tenía miedo. Pero ya no. Ya te quiero.

(FIN)

18/8/05

En un árbol

En un árbol

La parte fácil fue brincar el cerco y esconderse del velador. La parte difícil fue encontrar una soga. Que imbécil, cómo salí de mi casa sin soga, se reprocha, pero no puede volver, ahora que está tan decidido, si vuelve se queda en su casa, esperándola otra vez. Le parecían estúpidas sus amigas de la preparatoria que tenían cicatrices en las muñecas, problemas familiares, vaya niñería, y aquellos amargados que se quejaban de su vida aburrida. Él siempre creyó que para eso se vivía, para disfrutar a veces, a veces para sufrir, no hay de otra, y se conformaba, hasta que se dio cuenta de que se había engañado, era siempre sufrir, las alegrías distraían en ocasiones, pero la tristeza era permanente, incorruptible, eterna.
Buscó en los botes de basura, en los quioscos, en los cuartos donde guardaban las escobas, pero sólo encontraba cuerdas y listones, no tenían la resistencia necesaria para cargar su cuerpo, no pesaba mucho, pero si podía romperlo con las manos, no servía. Al fin, en un edificio que parecía un almacén, encontró una soga gruesa y larga, perfecta, la tomó en sus manos, la palpó, incluso la olió, y empezó a llorar. Pero no se echó al suelo, no, ya casi era de mañana, podía sentir cómo huía la oscuridad ante la proximidad del sol matutino, las lágrimas brotaban por propia voluntad y él se tallaba los ojos, alzaba la cara, buscando una rama fuerte que le sirviera para colgarse.
Los pájaros comenzaban a cantar. El cielo fue tornándose gris, las sombras nocturnas desparecían, los coches empezaban a invadir la ciudad, y él, sentado, los ojos rojos, haciendo un nudo bajo el árbol elegido. Fue sencillo trepar, y amarrar la soga con firmeza en la rama, fue tan fácil que se sorprendió, cómo no se me ocurrió antes, y cuando ya tuvo todo listo, esperó, con ambos extremos de la soga en su posición, uno en la rama, otro en su cuello. El sol se asomó entre las copas de los demás árboles, queriéndose hacer el tímido, pero no era eso, no, quería sorprender al mundo desprevenido. Eso estaba esperando, sin saber para qué, al sol. Se deja caer, la soga detiene con determinación lo que parecía un trayecto sin escalas hasta el suelo, su cuerpo, suspendido a mitad del camino, gira y se balancea. El velador cree ver la silueta de algo en un árbol al fondo del parque, piensa "carajo, quién dejó ahí esa piñata".

(FIN)

14/8/05

un poeta loco quiere su fin

nada tiene sentido. o parece no tenerlo. el tiempo se ha estancado entre los días idénticos y las noches silenciosas. nada que pasa me sorprende, ni me llama la atención, ya no consigo ver el mundo, y apenas van un par de días así, pero parece que ha sido igual toda la vida. el viaje a mexicali parece un recuerdo distante, casi un sueño, y un sueño desagradable, difuso, poco definido. todos los pensamientos que agobiaban mi mente se fueron huyendo, espantados, ante sus ruegos débiles al otro lado de la bocina. ¿qué pasó? y este vacío en la cabeza no parece solucionar nada, al contrario, todo está peor, tener la cabeza vacía, no saber qué pensar, qué sentir, qué hacer, qué suponer, dónde poner las manos, los pies, la cabeza, ese deseo de echarse al suelo aquí mismo, de abandonarse en medio de la calle a ver si alguien se apiada de mi alma hecha pedazos por esta súbita depresión, depresión repentina y terrible. siento que jamás volveré a escribir algo digno de leerse. siento que jamás haré nada con mi vida, que todos mis pasos son pasos inútiles, que no llevarán a ningún lado y sólo me harán hundirme cada vez más en el fango maloliente de la incertidumbre. ¿qué ha pasado? ¿quién me ha hecho esto? ¿quién me ha arrebatado de pronto toda esperanza, toda ilusión, todos los restos de humanidad que todavía dormían en el fondo de mi ser? me he sentido como un fantasma, un ente tratando de aferrarse a lo que aún le queda en el mundo material; hoy ni eso soy, ya no tengo nada, y lo que tengo, no lo quiero, y lo que quiero, no puedo tenerlo. el sol no brilla, el viento no sopla, mi oído izquierdo no escucha nada, mi mano derecha se niega a sostener la pluma, mis pies apenas pueden con el peso del cuerpo, la espalda se niega a enderezarse, la nariz ya no respira por sí misma, yo tengo que ordenarle, cada vez que recuerdo, que debo respirar, necesito respirar, necesito comer algo, necesito echarme a la cama y llorar, necesito echarme a los brazos de alguien y llorar desconsolado, necesito que llegue el fin, que algo pare este vertiginoso descenso que no acabará nunca y me lleve volando a otros lugares, a otros paisajes, a otras emociones que me falta experimentar, porque lo que conozco ya no me llena... el final de todo, de toda esta insoportable vida que se volvió la vida de un desconocido, me veo desde lejos y no me reconozco, veo a las personas y me parecen extraños, ajenas a mi realidad, todo esto, este teclado que se mueve, esta pantalla diminuta, esta silla que me soporta, mi ropa, mi pelo, mis lentes, mi piel... todo es irreconocible. ¿dónde te fuiste? ¿dónde estás? ¿por qué no regresas? me llamo a gritos, tratando de romper el sólido silencio que me tiene atrapado en un agujero, pero nadie responde. mis oídos son sordos, mis ojos son ciegos, apenas veo mi silueta allá, en el horizonte distante, y me llamo a gritos, intento alcanzarla, pero todo es inútil. yo ya no soy yo. después de esto... jamás volveré a serlo. el fin de aproxima... pero con una lentitud que incomoda. así que yo iré a su encuentro. no puedo aguantarlo más. sería tan fácil... tan fácil... enmudecer los dilemas, basta un golpe certero, un salto en el lugar correcto, un semáforo rojo, una soga, una caja de pastillas, un vidrio en la garganta, el filo de una navaja en la muñeca... es tan fácil, porque la vida es tan frágil, tan efímera, tan irreal. sería sencillo... me extrañarían, tal vez, un par de personas, algunas que jamás me han visto, sólo han oído de mí, supiste, supiste del tipo que se mató, no, quién, uno que estaba deprimido, se mató, cómo ves, pues muy mal, que estúpido, si la vida es hermosa, eso no lo niego, la vida es una maravilla, pero tiene sus altibajos, sus rampas, sus caídas. y cuando uno siente que de esta no puede salir, cuando lo han abandonado las fuerzas y de ahora en adelante todo será hacia abajo, hacia abajo, no hay fondo, jamás dejaré de caer, jamás lograré salir, una lucha perdida de antemano, ya luché lo suficiente, lo que tenía que haber luchado, lo que tenía que hacer lo hice, no queda más que esperar el fin, entonces vamos a buscarlo, para qué esperar si de todos modos llegará, tarde o temprano, mejor que llegue temprano, así no nos torturará la incertidumbre.
ya no quiero esto. ya... siento que ya no quiero nada. ¿qué pasó? es sencillo... muy sencillo. ella implorando, no con mucha convicción, que le pasaran el teléfono. él, no sé quién sea, algún pendejo de mierda, diciéndome "no está, quién habla", pero yo la escuchaba, "sí estoy", decía, "pásame el teléfono, por favor, no seas así". otra voz desconocida, quién habla, dije mi nombre, no te la puedo pasar ahorita porque está ocupada, ella diciendo no seas así, pasámelo por favor, yo sin saber qué decir, esperando que todo fuera una broma, luego la línea se corta, el silencio regresa, más fuerte y más devastador que nunca. ¿pero es que acaso puede este acontecimiento tan sencillo provocarme un impacto tan fatal? ¿puede ella seguir siendo una fuente inagotable de dolor, de furia, de desconsuelo, de tristeza, de desesperación? ¿por qué no puedo librarme de su sombra, por qué me sigue todavía, oscureciéndome los ojos, endureciéndome el alma, arrancándome las fuerzas de un solo golpe mortífero? ¿por qué, si ya me di cuenta que siempre fue una ilusión, una promesa falsa, un deseo imposible, una esperanza vana? ¿por qué, si mi intención era decirle 'adiós', adiós para siempre, hasta nunca, tú no estás, no estarás, jamás volverás, para qué alimentar una posibilidad imposible...?
maldigo la hora en que entraste por esa puerta, con el sudor en tu frente, corriendo, con una sonrisa infantil dibujada en la cara, el sol detrás de ti, iluminando tu silueta, parecías un sueño, una diosa, y te sentaste en la silla que yo había guardado, sin saberlo, para ti, y después todo fue pasando como si estuviera obligado a pasar, y después todo fue derrumbándose sobre nuestras cabezas como un castillo de naipes, destinado a no sostenerse para siempre... maldigo ese momento, y los que lo siguieron, porque me has arruinado la vida. has sido lo mejor y lo peor, el cielo y el infierno, el placer y la agonía, el amor y el odio, la felicidad y la tristeza, la realidad y la fantasía, la luz y la oscuridad... pero hasta aquí llegaste. este será tu fin, aunque para acabar con tu recuerdo tenga que acabar primero conmigo, no permitiré que me sigas lastimando, que me sigas clavando estaca tras estaca, dolor tras dolor, vas a parar ahora, esta misma noche, será tu fin, aunque eso signifique también el mío... hasta aquí llegaste. no darás un paso más, no dirás una palabra más, ni me echarás otra mirada, ni acercarás a mi tus dedos, ni me provocarás otra herida... es tu fin. y el mío también.