Niégame. Tortúrame. Olvídame.
Borra de tu memoria todo recuerdo mío.
Quema tus labios con el silencio de mis oídos.
Evítame. Destrúyeme. Sabes cómo.
Toma mis letras y mánchals con mi sangre.
Empapa mi alma con los clamores de tu voz.
Entiendo tu odio. Repúdiame. Elimíname.
Haz de mí lo que yo no he podido contigo.
Lánzame contra mi angustia y québrame.
Destrózame. Húndeme en el fango del dolor.
Cambia el color de tus ojos y piérdeme en ti.
Devórame. Alcánzame. Perdóname.
No puedo encontrarme porque me tienes tú,
recluido en el cuenco de tu venganza,
privado de tu libertad. No me sueltes.
Oblígame. Vierte sobre mí tu indescencia.
No han de preocuparte mis heridas.
Deséame. Ámame. Ya estoy muerto.
6/4/05
5/4/05
diálogo con richard #2
miré con tristeza cómo caían las últimas cenizas del cigarro. qué pronto se acabó.
-épale, tú... ¿por qué tan solito?
-mmmh... por nada, mi apá llevó a mis hermanos al cine, y mi amá se fue a trabajar... ya ves, me dejaron solo.
-¿y eso que no quisiste ir al cine?
-ve tú a saber... desde que tengo memoria, el cine es mi lugar preferido para matar el tiempo. creo que nada más no tenía ganas.
-eso ya no me sorprende. últimamente no tienes ganas de nada, ¿o me equivoco?
-¿...por qué lo dices?
-nomás mírate, aquí inhalando químicos venenosos, en vez de pasar una velada agradable con una fracción de tu familia... y no te olvides del fin de semana pasado, evadiendo a tus pocos amigos cuando te invitaban a divertirte un rato... estás irreconocible.
-es que no tengo ganas de verle la cara a mi apá... se llevó mi cámara, y estaba a punto de comenzar a grabar.
-no te quejes, ¿por qué no grabaste nada durante todo el tiempo que la tuviste? sólo aplazabas más y más las cosas... eres un fraude.
-¿a eso viniste nada más? ¿a joderme la noche?
-no, qué va... es que no puedes ver el lado positivo de las cosas, esto lo hago para que te sacudas la pereza, ¡date cuenta! te quedan pocos días aquí... y en lugar de aprovecharlos te encierras en tu casa a aburrirte, a torturarte con tu pobre vida... ya me estás hartando, cabrón...
-pues sí, lo dices todo como si tú supieras lo fácil que es dejar todo lo que te hace sentir seguro y largarte de tu ciudad arrastrando contigo a tu angustiada familia... mejor no hables.
-puros pretextos. ese no es motivo para masacrar lo poco que queda de tu humillada autoestima. bien sabes que tengo razón.
-quería estar solo... es todo.
-sí... esas son palabras de un amargado, ¿lo sabías?
-ya, lárgate, güey... me doy a dormir.
-órale pues... a ver si puedes.
de regreso en mi cuarto, me acuesto y miro al techo. no sé qué me pasa. quisiera haber ido al cine...
-épale, tú... ¿por qué tan solito?
-mmmh... por nada, mi apá llevó a mis hermanos al cine, y mi amá se fue a trabajar... ya ves, me dejaron solo.
-¿y eso que no quisiste ir al cine?
-ve tú a saber... desde que tengo memoria, el cine es mi lugar preferido para matar el tiempo. creo que nada más no tenía ganas.
-eso ya no me sorprende. últimamente no tienes ganas de nada, ¿o me equivoco?
-¿...por qué lo dices?
-nomás mírate, aquí inhalando químicos venenosos, en vez de pasar una velada agradable con una fracción de tu familia... y no te olvides del fin de semana pasado, evadiendo a tus pocos amigos cuando te invitaban a divertirte un rato... estás irreconocible.
-es que no tengo ganas de verle la cara a mi apá... se llevó mi cámara, y estaba a punto de comenzar a grabar.
-no te quejes, ¿por qué no grabaste nada durante todo el tiempo que la tuviste? sólo aplazabas más y más las cosas... eres un fraude.
-¿a eso viniste nada más? ¿a joderme la noche?
-no, qué va... es que no puedes ver el lado positivo de las cosas, esto lo hago para que te sacudas la pereza, ¡date cuenta! te quedan pocos días aquí... y en lugar de aprovecharlos te encierras en tu casa a aburrirte, a torturarte con tu pobre vida... ya me estás hartando, cabrón...
-pues sí, lo dices todo como si tú supieras lo fácil que es dejar todo lo que te hace sentir seguro y largarte de tu ciudad arrastrando contigo a tu angustiada familia... mejor no hables.
-puros pretextos. ese no es motivo para masacrar lo poco que queda de tu humillada autoestima. bien sabes que tengo razón.
-quería estar solo... es todo.
-sí... esas son palabras de un amargado, ¿lo sabías?
-ya, lárgate, güey... me doy a dormir.
-órale pues... a ver si puedes.
de regreso en mi cuarto, me acuesto y miro al techo. no sé qué me pasa. quisiera haber ido al cine...
extinguiéndose
"talking shit about a pretty sunset"
4/4/05
bonita pareja
Llevaba en la mano sudada el recorte viejo del periódico, la única prueba tangible de su existencia. No despegaba la vista de la entrada del restaurante, ansiosa, aunque todavía faltaban algunos minutos para que dieran las seis. Esperaba encontrar a ese hombre de doscientos kilos, feo, de 37 años, que aceptaba "madre soltera para fines matrimoniales". Aunque Diana no tenía hijos, al abrir el periódico en la página de anuncios calificados, sección avisos personales, dispuesta a que un desconocido le ayudara a alejar la soledad que la embargaba, la profunda meditación la hizo descartar al "joven aventurero de 18 años, guapo, buscando compañera para diversión", al "joven de 28 años, profesionista, ojos de color" y al "chico solitario bien parecido", convencida de que si éstos eran sinceros, les faltaba modestia, y si mentían, su apariencia real estaría lejos de la descripción, además de que jamás podría esperar que le dijeran la verdad. "Prefiero uno feo y gordo, pero modesto y que no me mienta", pensó. Entonces vio entrar a un joven vestido con un saco gris y pantalón de vestir, rubio, ojos azules, sonrisa perfecta, y los ojos se le desviaron de la puerta hacia sus zapatos lustrosos y recorrieron el cuerpo del especimen masculino hasta la punta del último cabello brillante. La sorpresa de Diana fue ver en el bolsillo de su saco la rosa blanca que habían acordado llevar a su cita para reconocerse, y no pudo fingir la indiferencia planeada cuando él se sentó frente a ella y saludó con su radiante sonrisa.
-Hola. Soy Rodrigo. Tú debes ser Diana, ¿cierto?
-Sí... -apenas pudo articular el monosílabo.
-¿Sorprendida?
-Pues, la verdad... esperaba que fueras...
-¿Cómo?¿Gordo y feo?
-Pues... sí.
-Qué va. Busco a una mujer que no se deje llevar por las apariencias, por eso mentí en la descripción. Tú fuiste la única que contestó... Gracias.
-No... No hay por qué.
Él insistió en conocer todo de su vida. Tenían mucho en común. Bebieron vino. Comieron una ensalado, y fumaron un cigarrillo. Después, fueron a bailar, y ya en la madrugada, Rodrigo se ofreció a llevarla a su casa en su flamante coche, y ella lo invitó a entrar. Fue el mejor sexo que Diana hubiese tenido en su vida.
(...)
Rodrigo se retrasó un poco por los nervios. Al final, decidió no seguir el consejo de su amigo Ignacio y acudir al restaurante. Si ella había llamado, a pesar de la fiel descripción que se arriesgo a publicar, era porque de verdad no le importaban sus doscientos kilos y su fea cara. "O tal vez quiera burlarse de ti", le dijo su amigo. Tomó un baño, se afeitó, se peinó, e perfumó. Llegó al restaurante, pero desde la puerta distinguió el porte elegante de Ignacio. Frente a él, una mujer joven, de cabello castaño, ojos grandes, lucía como prendedor en su blusa una rosa blanca. Era ella. Rodrigo sacó la flor de su bolsillo y la tiró al suelo. El engaño de su amigo lo lastimó... pero pensó que sería mejor así. Ellos formaban una bonita pareja. ¿Cómo se vería una mujer hermosa y delgada como Diana al lado de un enorme y nada agraciado hombre como él? Vio que se disponían a marcharse, Ignacio y Diana, así que dio media vuelta, se secó la humedad de los ojos y regresó a casa. Abrió las válvulas de gas de la estufa, y un par de horas después, cuando el aire ya era muy denso, alcanzó la caja de los fósforos. "Sí... se veían bien juntos. Serán una bonita pareja".
(FIN)
-Hola. Soy Rodrigo. Tú debes ser Diana, ¿cierto?
-Sí... -apenas pudo articular el monosílabo.
-¿Sorprendida?
-Pues, la verdad... esperaba que fueras...
-¿Cómo?¿Gordo y feo?
-Pues... sí.
-Qué va. Busco a una mujer que no se deje llevar por las apariencias, por eso mentí en la descripción. Tú fuiste la única que contestó... Gracias.
-No... No hay por qué.
Él insistió en conocer todo de su vida. Tenían mucho en común. Bebieron vino. Comieron una ensalado, y fumaron un cigarrillo. Después, fueron a bailar, y ya en la madrugada, Rodrigo se ofreció a llevarla a su casa en su flamante coche, y ella lo invitó a entrar. Fue el mejor sexo que Diana hubiese tenido en su vida.
(...)
Rodrigo se retrasó un poco por los nervios. Al final, decidió no seguir el consejo de su amigo Ignacio y acudir al restaurante. Si ella había llamado, a pesar de la fiel descripción que se arriesgo a publicar, era porque de verdad no le importaban sus doscientos kilos y su fea cara. "O tal vez quiera burlarse de ti", le dijo su amigo. Tomó un baño, se afeitó, se peinó, e perfumó. Llegó al restaurante, pero desde la puerta distinguió el porte elegante de Ignacio. Frente a él, una mujer joven, de cabello castaño, ojos grandes, lucía como prendedor en su blusa una rosa blanca. Era ella. Rodrigo sacó la flor de su bolsillo y la tiró al suelo. El engaño de su amigo lo lastimó... pero pensó que sería mejor así. Ellos formaban una bonita pareja. ¿Cómo se vería una mujer hermosa y delgada como Diana al lado de un enorme y nada agraciado hombre como él? Vio que se disponían a marcharse, Ignacio y Diana, así que dio media vuelta, se secó la humedad de los ojos y regresó a casa. Abrió las válvulas de gas de la estufa, y un par de horas después, cuando el aire ya era muy denso, alcanzó la caja de los fósforos. "Sí... se veían bien juntos. Serán una bonita pareja".
(FIN)
3/4/05
galaxias
"Se mochó la galaccia", hecho por mi hermana
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